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Agosto 18, 2026

¿Qué se ama cuando se ama?

Pequeñas reflexiones sobre el amor:

Erich Fromm –filósofo de la Escuela Crítica de Frankfort- escribió hace algunas décadas un libro que tenía por objetivo fundamental descifrar el arte de amar. Y todavía nosotros preguntamos ¿Qué se ama cuando se ama? La genial Hannah Arendt también aportó lo suyo desde Heidelberg, en su temprana carrera filosófica pre affaire Heideggereano (cuestión filosóficamente farandulera: ¡¡¡¡una judía con un nazi!!!!). Sin embargo todavía no sabemos qué cosa es el amor y menos sabemos amar ¡Qué difícil parece ser aquella faena!

Los clichés capitalistas post-revolución hippie, aclaran que los hombres dedican más tiempo en hacer la guerra que en aprender a amar ¿Qué sería del mundo si todos los seres humanos decidiéramos amarnos unos a otros? Para algunos, el amor se correspondería con la exuberancia de sentimientos nobles y el odio en cambio, sería algo vinculado a una bajeza del alma en todos los sentidos. Sin duda amor y odio son ambas caras de la misma moneda pero ¿Cómo saber que se ama cuando se ama?

Es imposible responder a esta interrogante en una simple carilla y es que la formulación abarca en sí misma un doble problema: quién ama y qué se ama. Sin embargo caemos nuevamente en la incertidumbre ¿De qué manera se puede sentir aquello que a fin de cuentas ni siquiera existe? Generalmente nos basamos en los atributos de un algo para entender que amamos a ese algo: el sabor de la piel, la textura del cabello, el lóbulo de la cara, el sonido de la voz, el tamaño de las manos…

Desafortunadamente, el amor y sus variaciones vienen generalmente condicionados por un sistema social que conocemos bajo el nombre “moda”. Todo cuanto es atractivo al ser y estimula su instinto, todo lo que en primera instancia enamora e irrumpe en los sentidos hasta acariciar la locura, se relaciona estrechamente –por no decir absolutamente- con la moda. Gracias a ella deviene un falso intuir que reconoce nuestra vulgar concepción del amor –sin duda impuesta por el medio- en un ser al cual se considera único, poseedor de todas las categorías y a fin de cuentas, el único capaz de hacernos creer que la vida al fin ha cobrado un sentido real.

Y el amor, o bien la noción que tenemos de él, encuentra su cúspide en lo sexual y a medida que el tiempo transcurre, la idea del amor se vuelve hilachas, mero discursillo baladí sin ninguna importancia trascendente.

Occidente no se cansa en describir una pasión carente de todo cariz real, en la cual ni el color ni la raza ni el origen tienen algo que ver. Historias con tufo a estupidez inundan gruesos volúmenes de historias infantiles donde el noble guerrero europeo se siente atraído por la india americana o el hijo del rey enamorado de la más ruin de las pordioseras. Todos los lectores inundan su cabeza de esas fantasías ridículas y se sienten engañados porque la realidad demuestra que el linaje pesa mucho más de lo que ellos creían.

¿Se podría establecer un intento de reflexión fenomenológica respecto al amor? ¿Qué sería aquel concepto?

El amor en sí y por sí

Como concepto, el amor es un estado espiritual donde un ser deposita una cuota de emociones nobles en otro ser del cual cree haberse prendido sensorial y espiritualmente. Amar en términos del ser humano equivale a desear para sí lo mismo que él siente por el otro ser. En eso concordamos absolutamente con la tesis de Fromm. Ese “noble egoísmo” se materializa en una serie de ritos socialmente admitidos, como un beso, el noviazgo, el matrimonio, los hijos, un hogar, y la cúspide de todo, una familia. En el caso del amor sexual de un hombre por otro hombre o de una mujer por otra mujer, la sociedad estima que se trata de una “opción” más que de un noble sentimiento, por lo cual quedaría fuera de este análisis (en ningún caso porque la naturaleza de ese amor no sea real en sí misma, sino porque la idiotez humana se ha manifestado nuevamente).

Las descripciones que nos han enseñado respecto del amor tienen que ver con sentimentalismos baratos, con cursilería populachera: amar es cuando quieres a una persona sin esperar nada a cambio sino amor (el supuesto estado superior del “alma”); amar es la grandeza del pensar, quizá el momento más importante de la vida; amar es el fin último de la existencia; las guerras son caducas porque el amor finalmente se pronuncia…

El amor a fin de cuentas, se encuentra empantanado en la ciénaga de la incomprensibilidad y de la ignorancia plena. Nadie sabe cuando ama, lo único probable es que se ha encontrado al supuesto ser que cumpliría con todas las categorías: el amor a primera vista es ciego porque considera que ese ser es el perfecto –sin serlo- y el amor a largo plazo se va alimentando con todos los anhelos de una sociedad obtusa y uniforme…

¿Por qué se entiende al amor como la realidad provista sólo de juicios ajenos?

Y es que el amor nada tiene que ver con el entendimiento. Quizá los hombres se equivocan –decía el principito- porque buscan con los ojos y hay que buscar con el corazón.