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Agosto 18, 2026

¿Qué culpa tiene Youtube?

Que la tecnología avanza a pasos agigantados es un verbo común que se conjuga cada vez más rápido. Que su uso aporta aceleradamente a los avances sociales es tema que no está en discusión. Que de vez en cuando, hay algunos que se aprovechan más de ella pareciera una ley de la selva aprobada en este mundo dónde “el que no llora no mama”.

El problema fundamental radica cuando no existen instancias ni personas idóneas para asimilar su efecto en el mundo global y acotar lo que sea necesario limitar.

Que Youtube, el portal de videos tan rápidamente masificado sea detonante de diversas manifestaciones tiene que ver con la emancipación de internet, con el acceso que los chilenos tiene cada día a ella y desde ese punto de vista es una vitrina útil y hasta acorde con el fin último de la web, entretener. Incluso, más que educar e informar, aunque en este último punto ya existan precedentes tan expuestos como peligrosos.

Por si usted no se había dado cuenta, los departamentos de prensa de los distintos medios audiovisuales, como consecuencia de “su flojera y pasividad de décadas” se han visto absolutamente sobrepasados por fenómenos de rápida y popular propagación como los portales de videos en internet.

Es más, las mismas líneas editoriales asumieron el clásico “si no puedes contra ellos, úneteles” y adoptaron, a usanza extranjera, verdaderos depósitos de periodismo callejero basura que logra llenara una pauta manteniendo el vicio. Se informa pero no se enseña, no se toma medidas, no se involucra ni se deja precedentes válidos, no se enfatiza. Como aves de rapiña movidos por la sangre que genera la noticia en el día a día. Un mero calco de la actualidad. Y ahora, incluso, con la mitad del trabajo hecho gracias a un simple “click”.

Duros y consternados padres ven por televisión como sus hijos son actores de fenómenos de clara propagación. El booling –o acoso violento por discriminación-, los desafíos a la velocidad en autopistas concesionadas y ahora, el abuso animal crudo y descarnado son “las joyitas” que gracias a la plataforma Youtube hemos visto reiteradamente en alargados segmentos de las noticias.

Pero, ¿qué culpa tiene Youtube? Quizás la de no disponer de un filtro eficaz que siente bases sobre lo que se puede o no se puede subir a su videoteca. Lo demás, como el cobarde, reprochable y hasta vergonzoso episodio del gorrión descuartizado por cuatro energúmenos en Yumbel debiese llamar a la conciencia de varios y servir como antedicho jurídico y ético para quienes tenían velas en el entierro.

Primero, para el cuarteto de cromagnones campiranos -de nombre Jonathan Alberrán, Rafael Bascoli, Jonathan Parra y Alex Rocco, todos mayores de edad- que creyeron estar frente a un minuto feliz de inmortalidad ante una indefensa ave, de seguro apelando al frágil e ineficaz sistema judicial chileno, que en materia de defensa de los animales es un absoluto manual de cuentos infantiles. ¿No es hora de legislar en serio frente al preocupante y reiterado tema que ahora “sólo se conoce más”?

Segundo, el fiscal Álvaro Serrano, responsable de la investigación y quien en una inédita resolución, determinó que los involucrados subieran “como castigo” al mismo portal un video demostrando arrepentimiento del hecho. ¿Qué pensará este insensato garante de la justicia y la igualdad ante la ley? ¿Que los “muchachotes” tomarían al gorrión y le harían un sentido funeral para tapar semejante atropello? ¿No conoce la palabra discernimiento para determinar que aquí, más allá de los volúmenes de cuerpo, hay una evidente existencia maltratada criminalmente? ¿No se pudo hacer famoso y buscar resquicios de lo indecible para imponer penas que a la luz de los hechos parecieran como ejemplificadotas, incluso exageradas, frenando con ello el flageo del abuso?¿Por qué no sube él mismo a Youtube un video explicando en cámara su resolución para que vea la sarta de improperios que el vox populi le respondería en la zona de comentarios?¿O es que como el resto de los fiscales, abogados y juristas de este país se rayó la cabeza tanto leyendo los códigos que olvidó el mandato primero, el de respetar la carta fundamental, a Constitución Política, que parte defendiendo el derecho a la vida?
Tercero, los medios. ¿Alguien vio a los involucrados enfrentados a una cámara? ¿Se hizo ruido acerca de los vacíos legales y a necesidad de llenarlos y no rellenarlos como el deficiente actuar el poder legislativo y judicial nos demuestra cada día? No, porque de seguro, la suma de editores acobardados, con la sola idea de mantener su empleo y no meterse en contrademandas pensó en proteger la imagen de estos verdaderos criminales en potencia y por ello apenas privilegió entrevistar a algún psicólogo social especialista en el tema, poner una pequeña e insonora voz de alerta y lavarse las manos “a lo Poncio Pilato” como siempre lo hacen…

Insto a las tres partes involucradas a poner su mano frente a un cuchillo eléctrico, cercenarse un dedo y no olviden llevar un celular o cámara digital para obtener el registro necesario y subirlo a Youtube. Publíquenlo en la net y veamos entonces si la experiencia nos deja a alguno de ustedes con un grado de dolor y sentido común con el entorno y su propia conciencia, si con ello los abandona esa condición de subnormales, irresponsables e ineptos que entre todos han demostrado tener, nada extraño en este país que no deja de sorprender por su falta de “palitos en el puente”.