Sin embargo en países como Chile, con una pseudo democracia tutelada –hasta el día de hoy- por dictaduras y caudillos de linaje nada noble y en cambio muy vulgar, toda vez que los representados se pronuncian ante hechos de sospechosa ascendencia, el paisito envía a sus esclavos para reprimir. Nuestro lema nacional “Por la razón o la fuerza” (o bien “por la idiotez o la fuerza”) debiera ser cambiado por “Come y Calla”: ocurre que en el caso improbable de que los chilenos tengan la idea de salir a la calle para transformarse en martillos, Carabineros son enviados ipso facto con toda su “artillería” de represión; agua, piedras, bombas, pistolas, en síntesis, bestialidad.
La última “gracia” de Carabineros, y por supuesto en primer lugar del Gobierno, es disparar a diestra y siniestra amparándose en la defensa de los débiles, de los desposeídos, de los pobres diablos sin protección, como ciertos hacendados que usurpan tierras ancestrales hasta el día de hoy. Esa cúspide de violencia –aniquilar a un ser humano, avalados por una “tolerancia cero” que nadie sabía que existía en un país abolicionista de la pena de muerte en la praxis– no es nada más que el despotismo sin límites de un gobierno encabezado por la “primera presidenta chilena”. Ecce Hommo Chilensis.
Sin duda nosotros, los críticos implacables de la gestión gubernamental concertacionista (Concertación de Partidos por la ¿Democracia?), no podemos dejar pasar por alto los terribles abusos y violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos que este eterno gobierno ha estado llevando a cabo durante los últimos años, y cuyo acicate lo obtiene precisamente de los vestigios de la Dictadura Militar. Es absolutamente intolerable que este Gobierno que se dice “democrático”, consienta los abusos cometidos por fuerzas de poder que se venden y amparan en lemas, spots y hasta canciones (“Duerme tranquila, niña inocente).
Matías Catrileo es quizá hoy en día, el mártir representativo de la violencia ejercida por el Estado: fue muerto de un balazo por la espalda (¡Cuán gallardas nuestras fuerzas de Carabineros!), sólo por reclamar lo justo, a saber las tierras ancestrales que fueron arrebatadas por el Estado y para terratenientes que hasta hoy disfrutan de la opulencia de una tierra generosa. La muerte de Catrileo no hace otra cosa sino reflejar la absoluta indiferencia del gobierno en relación a los temas trascendentes de los pueblos originarios: no sólo mira desde lejos este problema sino que además no le causa empacho, en la medida que ya van dos mapuches muertos y en cambio –sin ánimo de disminuir el caso- por el Carabinero muerto en un atraco bancario, se realizan todas las pesquisas habidas y por haber hasta “llegar a los culpables”.
Pero lo que sin duda refleja la total estupidez de la gestión “democrática” del gobierno de turno, es la represión de la que están siendo víctimas un gran número de objetores de conciencia. Sin ir más lejos, un par de intelectuales locales amigos míos, con altura de miras y experiencia en distintos rubros del pensamiento (Cristhie Mella y Martín Carmona: Psicóloga con Maestría en Londres, colaboradora además de El Clarín y Profesor de Historia y Fotógrafo con exposiciones en Chile y el extranjero, respectivamente), participaron en una movilización pacífica en la ciudad de Temuco, a modo de repudio por la muerte de Matías Catrileo. La manifestación ni siquiera tuvo tiempo de desarrollarse, porque de inmediato llegaron fuerzas especiales de Carabineros y detuvieron a medio mundo, entre ellos a Mella y Carmona, tratándoles como meros delincuentes y no como lo que en realidad son: disidentes de las campañas del terror impuestas por este gobierno, que aplaca a todo aquel que difiera de su poder.
Y sin embargo, se nos hace creer que vivimos en un estado democrático, donde el espíritu del pueblo juega un rol trascendental porque se gobierna por y para él. Nosotros preguntamos ¿Toda vez que pensemos diferente al Gobierno de turno tendremos que callar, engañarnos a nosotros mismos, exhibir una imagen que en realidad no es, falsear nuestro ser y en síntesis la existencia y la vida, porque el estado reprimirá y aplicará todo su poderío y violencia en nuestra contra?
La naturaleza de toda esa estulticia intelectual no es perenne. Empero, no podemos esperar que nuestro jardín se vaya transformando en un paisaje yermo interrumpido sólo de vez en cuando por la risible belleza de los cardos; por el contrario, no debemos cegar en la lucha y continuar golpeando clavos, porque de la única forma que se puede filosofar, como decía el gran Nietzsche, es a martillazos.
