Tan caballeroso convite, de auto censura, no podía ser desoído, al traer consigo, la sabiduría de las culturas de occidente, con sus democracias avanzadas, sus museos, su sentido de la memoria y por sobre todo sus inversiones.
En tal ambiente, era de muy mal gusto encarar a alguno de los participantes y pedir explicaciones, sobre los lazos de poder de sus capitales en América Latina, pretendiendo con ello, reinstalar a fuerza de destellos, esa “anacrónica” disputa Norte/Sur, a juicio del profesor Rojas.
Sin embargo, la historia como bien lo sabe el poeta, son relatos, omisiones, textos, pretextos, silencios e irrupciones, todo ello adornado en la complejidad de los lenguajes y de las situaciones.
Visto el hecho en sí mismo, parece sobre dimensionado, sin embargo, al contrastar las fuentes y revisar las imágenes en diversos medios de comunicación, la situación se vuelve algo confusa, sobre todo cuando se tiene en consideración dos antecedentes: el primero, la sostenida campaña del ex -presidente José María Aznar, en contra del gobierno del presidente Chávez y Evo Morales de Bolivia respectivamente, el 23 de octubre desde Miami alertaba el ex mandatario “sobre el “efecto contaminante” en Latinoamérica del Nuevo Socialismo del Siglo XXI que preconiza Chávez, “especie totalitaria” y “vieja receta revolucionaria marxista”, dijo, que sólo puede conducir a un retroceso a los países que la apliquen”. Intervenciones de este calibre han sido continuas en los últimos meses.
El segundo antecedente se da en la cumbre misma, donde Rodríguez Zapatero, hace una defensa irrestricta de los procesos de privatización de las empresas públicas, de los Estados latinoamericanos, en respuesta a lo expresado anteriormente por el presidente boliviano Evo Morales y de modo galante, cuestionando las políticas del gobierno de Chávez.
Cuando tocaba el turno del presidente venezolano, la anfitriona, en un intento de bloquear el uso de la palabra del presidente de Venezuela, argumentó que en beneficio del tiempo, no interviniera, porque algunos mandatarios tenían presupuestado viajar en breves minutos, Daniel Ortega entonces, pidió que hiciera uso de la palabra, mientras se firmaban los libros de acuerdos de la cumbre.
Es ahí donde Chávez, encara al gobierno español por las actuaciones de su ex–mandatario, además de fustigar con vehemencia, los procesos privatizadores, terminada la alocución y mientras se firmaba, con micrófono abierto, Rodríguez Zapatero, pide “respeto”, en un cruce de palabras con Chávez, que se ve interrumpido por la irrupción no del monarca de España, sino por el inversionista Juan Carlos de Borbón, convidándolo al silencio.
Chávez, no se calla y exaspera, incomoda como solo los pobres saben hacerlo, con sus zapatos roídos y sus perfumes de bajo costo, ciertamente es un provocador, mire que venir a tratar así, ha personas de tan buen talante y bien habladas, respetuosas de los otros, sí, los latinoamericanos sabemos de esa forma de construir derechos, donde el primero y el más importante, es en defensa de sus inversiones, porque como dijo nuestro canciller, estamos más cerca de la Península Ibérica, que de Maracaibo, no cabe duda, basta mirar el mapa de la extrema riqueza, para percatarse de ello.
De ahí que un ciudadano común de América Latina, si pudiera preguntar algo a tan distinguidos señores, tal vez, reclamaría por el alza del agua en un continente donde sobra el recurso, por el alza de la luz aquí donde abundan hidroeléctricas, por los cobros indebidos del sistema telefónico, pero si es “convidado” al silencio, porque su presencia es inoportuna, bajaría la cabeza y volvería al lugar de donde viene, sucumbiendo en el anonimato de la historia.
Pero si de lenguaje solo se trata, entonces estimulemos al oído para que discrimine, entre tanto chismorreo y pueda escuchar esa respuesta que permanece vagando, en los pasillos de la cumbre “con la verdad no ofendo ni temo” palabras al parecer, no aptas para ninguna parrilla editorial, que se precie de “seria”, ni rescatables para un poeta como Waldo Rojas, hijo ilustre de la desarraigada generación de los sesenta.
Omar CidCentro de Estudios Francisco de Bilbao
