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Agosto 18, 2026

Cambio dólares por meticais

Durante los años 80 fui profesor de la Universidad Eduardo Mondlane, en Maputo,(Mozambique), y parte mi sueldo era pagado en la moneda local,(meticais). En mi cuenta bancaria abundaban los dígitos, sin embargo, estaba imposibilitado de gastarlos, pues los mercados y tiendas estaban vacíos; sólo tenían curry sin arroz.

 Por cierto que era más útil la economía de trueque, que sólo podían realizar quienes trabajaban en las empresas agropecuarias. Afortunadamente, a los cooperantes nos pagaban parte de nuestro sueldo en una canasta de monedas duras a elegir – Marcos, Francos, Dólares, Florines Liras  y otros, y con este dinero podíamos comprar alimentos en almacenes para extranjeros.

No hay que pensar – aunque nos gustaría – que los imperios caen de la noche a la mañana. No es cierto que el imperio romano se desplomó, solamente, a causa de la malaria o por la secta de los nazarenos, como sostiene Gibon, sino que puede afirmarse, con certeza, que la decadencia comenzó el siglo II y terminó en el V: cuatro largos siglos para llegar al derrumbe; algo similar está ocurriendo con el actual imperio estadounidense. Por mucho esfuerzo que despliegue Bush y por muy grave que sea su crisis económica, por muy vapuleado que esté el dólar, por el alto precio del petróleo, Estados Unidos no caerá de la noche a la mañana. Nunca hay que confundir los deseos con la realidad.

La moneda mozambicana y el dólar expresan, en su diseño, valores progresistas: en la primera figura el retrato de Eduardo Mondlane, prócer de la liberación de Mozambique del yugo portugués, (este importante y comprometido sociólogo africano se graduó en la Universidad de Siracusa, en el Estado de Nueva York); la imagen principal del dólar es Benjamín Franklin, autor del Diario de Ricardo, y padre de la ilustración liberal; en el dólar podemos ver algunos símbolos masónicos, seguramente aportados por la sociedad de los iluminados. Hoy ambas monedas están debilitándose, pero es un chiste la comparación entre éstas.

Para explicar la caída del dólar hay que recurrir a múltiples variables:

La primera y más evidente se refiere a las diferencias de las tasas de interés entre la FED y el Banco Central Europeo: en menos de dos meses el tío Ben Bernanke quien reemplaza para estos efectos al tío Sam, se ha visto forzado a bajar la tasa de interés en 75 puntos base – hoy está a 4.50% respecto al 4.0% inamovible, de la Comunidad Europea – y, en el caso de Chile, un diferencial de 5.75%  a 4.50%, respecto de Estados Unidos. El remedio dio resultado respecto a los mercados bursátiles respecto a los meses de septiembre y octubre; fue como un narcótico fuerte, que dejó en sopor al enfermo. Bastó una serie de malos datos, como la mala recomendación respecto a las acciones de Citigroup y un informe pesimista del Banco Central americano para que las bolsas y los mercados volvieran a la baja. El ritmo es evidente: los inversionistas se protegen en los bonos del tesoro norteamericanos; a estos pasos se les denomina el vuelo a la calidad.

El pobre Ben Beranke no la puede tener más difícil, pues se agrega a la posible recesión de la economía de Estados Unidos, un alto precio del petróleo – cercano a los 100 dólares el barril – además de una baja de la confianza de los consumidores. Cuando hay una moderada inflación es muy fácil llevar a cabo la hazaña de Alan Greenspan: bajar violentamente las tasas de interés, pero cuando hay inflación, a decisión es muy difícil: o elijo subir las tasas, favoreciendo el precio del dólar y morigerando la inflación o, al contrario, las bajo reanimando los mercados financieros, pero reduciendo el precio del dólar respecto al euro y desatando la inflación. ¿Qué hará Bernanke el 11 de diciembre? Día a día los pronósticos cambian: ora, mantiene la tasa, ora, la baja, según indicadores que se conocen en cada rueda de la Bolsa. El dios mercado tiene oídos más grandes que ET.

La segunda variable es más estructural: los norteamericanos no están ahorrando, incluso, las rebajas al impuesto a las ganancias del gobierno republicano favorecieron el impulso a gastar sin límites . A su vez, el déficit fiscal ha crecido enormemente debido a los gastos de una invasión absurda. Es cierto que la baja del precio del dólar favorece a la balanza comercial animando a las exportaciones, en detrimento de la Comunidad Europea. Por mucho que reclame Sarkozy, sólo le asegurarán que Estados Unidos quiere un dólar fuerte. La verdad es que el dólar débil les conviene en el plano de la balanza comercial.

La tercera variable dice relación con la caída del dólar que favorece el alto precio del petróleo, en gran parte especulativo, a causa de la caída de las Bolsas, que dirigen a la manada  hacia la compra de instrumentos petroleros. Los expertos calculan entre diez y veinte dólares el efecto de la debilidad de esta moneda, es decir, el petróleo debiera estar entre 88 y 78 dólares el barril, si lo consideramos al precio de hoy, a 98 dólares.

La cuarta variable se refiere a la diversificación monetaria, que llevan a cabo los Bancos Centrales de los principales países del mundo, en una canasta de moneda que incluye el yen, el euro, el franco suizo, el dólar australiano y el canadiense. Si consideramos que el 75% de los bonos del tesoro norteamericano está en manos chinas y japonesas, bastaría que en un solo día se les ocurriera venderlos para provocar la debacle de la deuda norteamericana.

La quinta variable consiste en que algunos economistas creen que el crecimiento de las economías emergentes podrían servir de motor de reemplazo frente a la decadencia norteamericana. Me permito dudar de tan halagüeño pronóstico: en primer lugar, las economías latinoamericanas siguen dolarizadas – en especial México y Centro América – China e India tienen una alta inflación, por consiguiente ya anuncian medidas de enfriamiento de sus economías, vía control del crédito si fracasan las alzas de tasa de interés. Una baja seria en el consumo de los ciudadanos norteamericanos, que representa el 75% de su potencialidad económica,  incidiría seriamente en las exportaciones del mundo emergente. Es cierto que algunos países han saneado su deuda y tienen superávit fiscal, que amortiguarían el golpe pero, como ya hemos comprobado, los EMBI, es decir, la relación entre los bonos latinoamericanos y los del tesoro de Estado Unidos ha crecido en detrimento de América Latina, en forma bastante importante.

Federico Hegel, al responder a un alumno que le solicitaba un pronóstico sobre la realidad de Europa de la época sostenía, muy acertadamente, que un historiador sólo puede mirar el pasado, jamás pronosticar el porvenir. Al parecer, las finanzas no funcionan como la historia: el oficio de los investigadores financieros consiste en adelantarse y visualizar el porvenir, trabajan con el futuro, no con el pasado. Con todo el respeto que me merecen, están más cerca de la literatura de ciencia ficción, que de las ciencias sociales y de la historia en particular. Nadie sabe, a ciencia cierta, salvo el dato evidente que la economía mundial decaerá durante el 2008, cuánto durará la crisis, ni de qué magnitud será. Como en los terremotos, se puede saber que se avecina un choque entre la placa sudamericana y la de nazca, pero no el día, pero no el día, ni la hora, ni el grado del movimiento telúrico. Siempre es bueno estar preparado y realizar los ejercicios  y prácticas necesarios. Como la economía es, en parte, sicología, siempre habrá analistas optimistas, como en El cándido, de Voltaire, que creen que estamos en el mejor de los mundos posibles del capitalismo neoliberal, y  otros pesimistas, como Martín, (de la misma obra), que sólo ve desgracias y catástrofes en cada momento de la vida. Cándido murió quemado por la Inquisición, después del terremoto en Lisboa, en el siglo XVIII, y Martín, el pesimista, precisamente por visión catastrofista, logró sobrevivir a la hecatombe. Dejo al lector elegir su camino, aun cuando lo más acertado es seguir el consejo del maestro Hegel.

Rafael Luis Gumucio Rivas