El día que no pasó nada
Luego de la jornada del 29 de agosto, las palabras de Monseñor Alejandro Goic, cobran mayor sentido, el sueldo ético, los niveles preocupantes de injusticia social, son elementos esenciales que explican, el carácter nacional que lograra el llamado a movilización y acción sindical elaborado por los dirigentes de la CUT, con el apoyo de diversas colectividades políticas y sociales de izquierda.
Cuando la acción concertada de los trabajadores, resultaba inminente, surgieron una serie de propuestas desde diferentes ámbitos de la vida nacional, para los empresarios el gobierno debía asegurar el orden público y establecer claramente las reglas del juego, utilizando todos los medios de coacción de que dispone, en el Diario Financiero del 7 de Julio, Luís Schmidt, presidente de la S.N.A. advertía: “El gobierno va a tener que tomar un camino y aclarar los alcances de la Ley, porque cuando siembras vientos cosechas tempestades. Hoy es Enap, mañana Agrosuper, y la gente del retail… Estamos tremendamente preocupados por el clima de conflictividad que aumenta ahora con el anuncio de movilizaciones de la CUT”.
Desde las siete de la mañana pequeños piquetes de trabajadores, interrumpían el tránsito en puntos neurálgicos de la capital, en regiones, actividades similares se repetían marcando con ello la pauta informativa de los medios de comunicación, cabe destacar la tergiversación discursiva, elaborada por los canales de televisión abierta, sin distinción alguna, cuando se referían a la jornada de movilización con el epíteto engañoso de PARO nacional de trabajadores.
En plaza Italia, zona vital, de la ciudad, como en otros puntos de la capital, se registraron fuertes disturbios, entre trabajadores, estudiantes y organizaciones sociales, con las fuerzas de orden y seguridad, que tenían como misión despejar las arterias principales.
Desde las 18:00 horas en adelante la ciudad se despobló, la locomoción colectiva retiró sus máquinas, las empresas dieron la orden de salida más temprano a sus trabajadores, a esa misma hora, en las oficinas de la CUT la alegría era inminente, en palabras de Arturo Martínez “se avecinan nuevos tiempos para los trabajadores” (palabras del discurso del presidente de la CUT a través de Radio Nuevo Mundo).
Sin embargo, en el oficialismo y especialmente en el gobierno, las versiones eran encontradas, desde las reacciones del Ministro Viera Gallo, quién afirmó en relación a la movilización del 29 “hasta yo iría si fuera todo en paz”, porque en sus palabras “toda su vida ha luchado contra el modelo neoliberal”.
Sin embargo, para el gobierno no resultaba gracioso, ver a connotados dirigentes socialistas y demócrata cristianos, encabezando las movilizaciones, junto a comunistas, humanistas, integrantes del MPMR, entre otros.
En la derecha en tanto, las visiones eran muy diversas, para unos lo del 29 es una muestra más del nuevo contexto que vive el país, mientras para el candidato de RN la situación, requería respuestas muy fuertes.
Estas visiones se expresaron en dos declaraciones, que explican por sí misma la confusión o juego discursivo que esta desarrollando la derecha, por una parte el senador UDI, Hernán Larraín, manifestó: “Ojala el Gobierno pueda oír la voz de la gente y el malestar ciudadano que se está expresando en estos días y que nosotros venimos representando desde hace mucho rato” (Diario digital Clarín 29 de agosto 2007).
Sin embargo, unos cuantos días después, la respuesta de Sebastián Piñera, ante la pregunta de Raquel Correa, sobre la jornada de movilización de la CUT, es de antología:”Todos sabemos que estos paros terminan en violencia. Vi a delincuentes agrediendo a carabineros, lanzando bombas Molotov. Si yo fuera Presidente de Chile, le aseguro que perseguiré ¡hasta el fin del mundo! a los que agredan a carabineros o lancen bombas Molotov, para someterlos a la justicia y tengan el castigo correspondiente. Esto no es protesta; es casi terrorismo”. (El Mercurio lunes 3 de septiembre de 2007).
A pesar de lo expuesto, para el ministro secretario general de gobierno Lagos Weber, en Chile después del 29 de agosto, “no ganó nadie, ni pasó nada”.
El Estado de derecho ha muerto, Viva, el Estado de derecha.
Septiembre trae consigo la re-traumatización de la memoria, los muertos de ayer, son puro presente, quienes apoyaron el gobierno popular de Salvador Allende, sus detractores, divididos en golpistas y demócratas, los que lucharon contra la dictadura y quiénes la defendieron y defienden su legado, inexorablemente, se miran las caras, porque desde ese día, dejamos de ser los mismos.
Por eso, cuando el general Bernales, recuerda a la sociedad, que el asesinato del carabinero Cristián Vera Contreras, de la 26ª Comisaría de Pudahuel, es matar el derecho, sus palabras no pueden quedar en el vacío y deben ser contextualizadas.
Luego de la movilización de los trabajadores de finales de agosto, el gobierno y la propia derecha, toman la decisión de endurecer la mano.
De ahí la negativa a dejar rendir homenaje en Morandé 80 a los tradicionales manifestantes, convocados por la asamblea de derechos humanos.
El centro de Santiago, no exhibía tanta presencia policial, desde los días del innombrable, pese a las gestiones de todo tipo, no hubo caso, un pequeño grupo de familiares pretendió cruzar las vallas papales, siendo detenidas con mucha violencia.
Las organizaciones no quedaron conformes y anunciaron su presencia el día martes 11, el gobierno entre tiras y afloja, concedió rendir homenajes, a pequeños grupos de personas, que desfilaron dejando flores y entonando himnos, durante el transcurso de la mañana.
Algunos se pueden preguntar, qué valor tiene, el transitar por esa calle en este día, la respuesta en este caso es una sola, se trata de la reivindicación histórica, de un acto de reparación personal y colectiva, de las víctimas de la catástrofe social.
Suponer entonces, que el Estado de Derecho, se asesina cuando un integrante de las fuerzas policiales cae abatido en el cumplimiento de su servicio, puede tener sentido, pero, ¿El Estado de Derecho se restringe solo a ellos? ¿Qué ocurre cuando un obrero es asesinado por buscar mejores condiciones de vida? Cae, nuevamente el Derecho de bruces o cuando se desarrollan prácticas anti-sindicales, ha vista y paciencia de todos, ¿Es únicamente una zancadilla al Estado de Derecho?
El general Bernales, tiene absoluta razón, el Estado de Derecho ha sido asesinado y el carabinero Vera, es una víctima más de ese homicidio, pero de éste asesinato en Chile, no ha quedado cuerpo del delito, los asesinos andan sueltos, sí, y existen puertas gubernamentales que se abren para recibirlos, nada de puertas giratorias, se encuentran en el senado, en la cámara de diputados, como dueños de empresas y universidades privadas.
No satisfechos con lo anterior, quiénes asesinaron el Estado de Derecho, lo suplantaron con el llamado Estado de Derecha, pontificado, por la firma de Ricardo Lagos Escobar, bajo la excusa de un ordinario, maquillaje constitucional.
Esa voz, que clama en el desierto
Los enfrentamientos producidos en la noche del 11 de septiembre, dejaron como saldo un sinnúmero de detenidos, en su mayoría menores de edad y el lamentable asesinato del carabinero Cristián Vera. Dichos acontecimientos, nos rebelan los niveles de frustración y rabia acumulada, por razones más profundas que el desastroso TranSantiago, sumado a las alzas desmedidas, de alimentos de primera necesidad.
Ante los ojos de la mayoría de los chilenos, ha quedado claro que las políticas de contención social, han sido sobrepasadas, que los jóvenes entre los trece y dieciocho años, son un terreno en absoluta disputa y donde ni la derecha, ni la concertación con su maquinaria electoral, han podido penetrar.
Explicaciones que den cuenta del fenómeno hay muchas, el narcotráfico como actor relevante en los barrios marginales, aunque su aparición a finales de los años ochenta y principios de los noventa, se hizo a través de fuertes inversiones de lavado de dinero, con el apoyo u omisión de quienes tenían y tienen responsabilidades políticas y criminales en los hechos, de ahí sus brazos se extendieron hacia los sectores populares. Las extensas jornadas laborales, que condenan a los niños a transitar solos por el vecindario, el fracaso escolar, con su secuela de abandono del sistema público, sin que el medio regular de enseñanza, pueda responder por ellos; la ausencia de formación ciudadana, la soledad, el egoísmo instalado, finalmente el deseo de tener con el mínimo esfuerzo, son parte de la explicación.
La respuesta de la derecha y el gobierno, no podía ser otra que instalar nuevamente de modo majadero, el tema de la seguridad ciudadana, desplazando o intentando sacar de la primera línea, el tema de la desigualdad.
El incremento de las medidas represivas, las amenazas de castigos del infierno, a quienes pretendan ocupar espacios públicos, para manifestarse sin autorización, son parte de las medidas, encaminadas a generar un cerco pretoriano de contención, hasta las nuevas elecciones presidenciales.
En ese ambiente, las palabras del Cardenal Errázuriz, al dar cuenta de los efectos de la inequidad, exponen una realidad, que el mundo político y los tecnócratas desconocen, ocultan, o simplemente no las consideran relevantes, en el mensaje del cardenal, se deja sentir el peso de la tradición de la iglesia chilena, por los temas sociales, que tienen sustento: desde: el cardenal José María Caro, el Padre Vives, San Alberto Hurtado, Monseñor Enrique Alvear y por supuesto el Cardenal Raúl Silva Henríquez.
El llamado entonces, a generar las condiciones para un nuevo pacto social, que aplaque las desigualdades existentes, es un emplazamiento a quiénes el día de la movilización de los trabajadores, legislaban en el congreso, sobre como repartir la torta de los fondos de pensión de los asalariados.
Es una invitación obligada, al mundo empresarial y a la clase política, que alucinada por los logros macroeconómicos, descalifica cualquier crítica posible a entablar nuevas condiciones que mejoren la calidad de vida de los chilenos.
El gobierno responde a través de la búsqueda de nuevos consensos, amparado, en mesas de trabajo, como las de educación y de equidad destinadas finalmente a morir, en el debate parlamentario y en el juego de los contrapesos, producto del sistema binominal.
El pacto pendiente de la izquierda chilena
Son públicas las desavenencias entre el “Pacto social y político” y los grupos que componen el “Juntos Podemos”.
El deseo de la Izquierda Cristiana, de legalizarse como partido, busca obligar a los críticos de la estrategia desarrollada por el Partido Comunista, a replantearse debido a las exigencias propias del sistema político, que favorece la generación de pactos permitiendo ampliar las posibilidades electorales.
El éxito de la movilización del 29, hace mirar el futuro con optimismo, excepto por algunos temas pendientes: la cercanía de las elecciones municipales, el hecho de no llegar a un acuerdo satisfactorio, entre humanistas y comunistas, los primeros con la pequeña ventaja de tener en Tomás Hirsh, un líder carismático y posicionado, con la etiqueta del Juntos Podemos.
Eso por supuesto, sin profundizar en el tema de fondo, que se traduce en la política de alianzas elaborada por el PC, con el objeto de romper el sistema binominal y asegurar la presencia de alguno de sus dirigentes en el congreso, con la intensión de ser la orilla de playa a cambios de mayor profundidad, versus la variante humanista y quienes permanecen al PODEMOS originario, de socavar las bases del modelo político, sin abrir paso a negociaciones que generan falsas expectativas y confunden a la opinión pública.
En este ambiente de conflicto de baja intensidad, la decisión de los trabajadores, fue un bálsamo para limar asperezas, porque finalmente a la hora de encontrarse en la calle, se genera un factor de unidad y solidaridad, que se hecha de menos en otros ámbitos de la vida nacional.
La crítica más exacerbada y dañina, hecha por sectores de la ultra-izquierda, que con su actitud provocadora, no hacen sino enturbiar más las cosas, no entiende ni asume que la historia del PC chileno, es la de los consensos y alianzas, que en lo estratégico denominan acumulación de fuerzas, esta forma de concebir la política, se vio interrumpida desde el momento que deciden disputar con la dictadura el monopolio de las armas, sin embargo, visto en su largo caminar, esa opción heroica, pasa a ser un accidente.
La diferencia, es que en otros momentos de la historia, su gama de dirigentes se habían curtido con el chuzo y la pala o pertenecían a una pequeña burguesía, de alto vuelo intelectual, lo que generaba matices que permitían lograr una representación política no descollante, pero influyente.
La situación actual no es ni lo uno, ni lo otro, generando un andar pausado, sin riesgos, donde no existe una fuerza testimonial, al estilo de Gladys Marín o de vuelo intelectual y agudeza política, a semejanza de Volodia Teitelboim, se trata más bien de dirigentes que por encima de sus buenas intenciones, no logran calar en el sentido común, de los chilenos.
Por otro lado, este once de septiembre, deja una tarea muy relevante a los sectores que pretenden elaborar la construcción política desde la calle y al calor de las barricadas, el factor delincuencia y narcotráfico, no puede estar ausente a la hora del balance.
O dicho de otra forma, ¿Como se ocupa el espacio público en las poblaciones? ¿Cómo se genera un hecho político sin perder la iniciativa y el control de la situación? Avanzar en la respuesta de estas interrogantes, permitirá tener claridad sobre las acciones futuras y sus consecuencias políticas.
Omar Cid
