¿Cómo es posible que 24 horas después de que el Ministro Cortázar se diera por satisfecho con la instalación de los GPS en un 90% de los buses (tras habérsenos asegurado en todos los tonos que el día 15 recién pasado estarían instalados en un 100%, no obstante haber debido estarlo desde el inicio del Transantiago), ahora se nos sorprenda con la noticia de que ellos no están en condiciones de detectar la frecuencia de las máquinas, i.e., de cumplir la función específica para la que se los requiere, porque no tienen el software de control de flota para monitorear en línea el trayecto? Así de simple…, y sin que lo anterior parezca implicar el menor reproche para el principal responsable, el Administrador Financiero (AFT) y, específicamente, la empresa Sonda.
Con ello se confirma el hecho que lo más escandaloso e impresentable en el desastre del Transantiago, reside en la actitud de la clase política -Gobierno, Concertación y Alianza, unidos en un silencio cómplice similar al que suscitó el cierre de los Cerrillos- y de la prensa, en el trato de total deferencia que brindan al AFT y, especialmente, a la empresa Sonda y a su Presidente, Andrés Navarro (aquel que ofrecía “la cara, el pecho y las lucas”), a quienes nadie menciona y, muy por el contrario, se le conceden entrevistas de limpieza de imagen.
Tampoco se menciona que Sonda -la responsable de un software que aún inoperante-, está actualmente demandada en los tribunales chilenos por plagio (en virtud del cual, habría ganado el concurso para el Transantiago) por la empresa TIMM, amén de otras acciones judiciales similares en diversos países, todo lo cual, se calla hasta por los aliancistas más furibundos y vociferantes y se silencia por nuestra prensa duopólica, con total desprecio por los usuarios del sistema.
Por supuesto que Sonda no es el único responsable de este fracaso. El primer responsable, sin duda, es el Gobierno de Lagos, que originalmente concibió un buen proyecto, que posteriormente se fue desnaturalizando sistermáticamente a través del tiempo a vista y paciencia de su mentor; en segundo lugar, el actual, que no tuvo la decisión de frenar el desastre que se venía venir, al parecer por lealtad hacia aquél. Pero esto todos lo saben y nadie lo calla. Lo que molesta en el caso de Sonda, es el unánime trato privilegiado que recibe de la prensa y de toda la clase política, de especial consideración y deferencia ante el incumplimiento de obligaciones y acusaciones que la afectan.
Por otra parte, tampoco se han publicado los contratos suscritos por el Estado y las empresas, en los que perece estar el quid que explique tanto silencio y claudicación en la actitud de autoridades y representantes, porque si nos enfrentamos nuevamente a situaciones de malos manejos y corrupción, muy probablemente, su develación habrá de tocar a ambos bandos políticos. La publicación de dichos contratos debe hacerse ahora, antes de tomar cualquier nueva decisión y el ex Presidente Frei debiera insistir en ello, afecte a quien afecte. Finalmente, conviene reiterar que el problema mayor con el Transantiago, tanto en su concepción como en su puesta en funcionamiento, radica en que en ninguna etapa se contempló la opinión ni participación de quienes hacemos uso del transporte publico. Si se considera que fue precedido por la construcción de autopistas urbanas funcionales al uso del automóvil que el Transantiago estaba destinado desincentivar, que se adquirieron buses articulados especialmente incómodos (con muy pocos asientos y llenos de desniveles) y que estaban diseñados para transitar por vías segregadas que nunca se construyeron, que tampoco de construyeron las tan anunciadas y publicitadas estaciones intermodales, uno concluye que todo este proyecto no fue diseñado para el beneficio de sus usuarios, sino de los automovilistas, quienes disfrutarían de un desplazamiento vehicular más expedito. Pero ha sido tan mal ejecutado, que los únicos favorecidos han sido los taxistas. Bien por ellos. Rafael Enrique Cárdenas Ortega.
Por otra parte, tampoco se han publicado los contratos suscritos por el Estado y las empresas, en los que perece estar el quid que explique tanto silencio y claudicación en la actitud de autoridades y representantes, porque si nos enfrentamos nuevamente a situaciones de malos manejos y corrupción, muy probablemente, su develación habrá de tocar a ambos bandos políticos. La publicación de dichos contratos debe hacerse ahora, antes de tomar cualquier nueva decisión y el ex Presidente Frei debiera insistir en ello, afecte a quien afecte. Finalmente, conviene reiterar que el problema mayor con el Transantiago, tanto en su concepción como en su puesta en funcionamiento, radica en que en ninguna etapa se contempló la opinión ni participación de quienes hacemos uso del transporte publico. Si se considera que fue precedido por la construcción de autopistas urbanas funcionales al uso del automóvil que el Transantiago estaba destinado desincentivar, que se adquirieron buses articulados especialmente incómodos (con muy pocos asientos y llenos de desniveles) y que estaban diseñados para transitar por vías segregadas que nunca se construyeron, que tampoco de construyeron las tan anunciadas y publicitadas estaciones intermodales, uno concluye que todo este proyecto no fue diseñado para el beneficio de sus usuarios, sino de los automovilistas, quienes disfrutarían de un desplazamiento vehicular más expedito. Pero ha sido tan mal ejecutado, que los únicos favorecidos han sido los taxistas. Bien por ellos. Rafael Enrique Cárdenas Ortega.
rcardenas@adsl.tie.cl
