Estamos condenados a vivir juntos, como hermanos.
No hagamos de esa quimera una utopía, sino una realidad posible.
Se lo debemos a nuestros hijos que ya han sufrido bastante,
y a las futuras generaciones.
Estamos destinados a mostrarle al mundo …
” Qué es posible”
( Simón Reyes )
No hagamos de esa quimera una utopía, sino una realidad posible.
Se lo debemos a nuestros hijos que ya han sufrido bastante,
y a las futuras generaciones.
Estamos destinados a mostrarle al mundo …
” Qué es posible”
( Simón Reyes )
No me gustan las quimeras, no creo en las utopías y soy religiosamente creyente de que el querer hacer trae implícita la posibilidad del poderlo ejecutar.
Ciertamente que el tema a tratar es complejo y lleno de dificultades, pero es mucho más sencilla la solución si existe la mínima voluntad de encontrar esas soluciones viables al drama del continente americano. A comienzos de siglo XXI aún debemos de ser testigos pasivos de las paupérrimas condiciones de vida de millones de seres humanos, mientras tanto vaciamos nuestras arcas en favor de los países más ricos, ayudándoles nosotros mismos a que la distancia entre ricos y pobres, entre desarrollados y subdesarrollados aumente cada día. Esto suena a contradición, pero es un hecho. La pobreza eterna en la que nuestros países han navegado durante toda su historia ha aumentado la riqueza de quienes nos han obligado a ser países pobres. Mientras tanto en la Europa rica rápidamente se consolidan las econmías para el próspero desarrollo de sus poblaciones, en nuestros países la pobreza aumenta día a día, pese a las riquezas enormes que el continente poseé.
¿Cuánto de quimera o simplemente con el conformismo pueblerino de nuestros pueblos todo no es más que una utopía? o, ¿es posible un continente independiente, rico, desarrollado y respetado en el concierto internacional ?
Dedicaremos este trabajo a analizar las posibilidades ciertas de integración en la parte más septentrional del continente, me refiero al Cono Sur. Porque cada región es una historia diferente y de soluciones diferentes, pero mientras no exista la real intención de un acercamiento basado en el futuro – no en el pasado – , no será posible demostrarle al mundo que todo conflicto es solucionable si se buscan los mecanismos adecuados para crear las condiciones más favorables en la concretación de una realidad ambiciosa y posible. Parece irreal, pero si analizamos la historia de los conflictos armados en la historia universal, vemos claramente, que es el Cono Sur, y en general toda latinoamérica, la zona que menos conflictos bélicos ha tenido; aquellos enfrentamientos en los que dos o más países se han visto en la necesidad de dirimir sus diferencias por la via armada han sido escasos y de cortísima duración.
Pero pese a ello ningún país del entorno ha reducido su carrera armamentista; al contrario, esta carrera aumenta día a día, mientras más tecnología, más recursos desaparecen, no renunciamos a la idea de ser los más poderosos de la zona. Así tenemos que el continente que menos conflictos armados ha sufrido en su historia, que las pérdidas ocasionadas en esos conflictos son ínfimas comparadas con las ocurridas recientemente en Europa, Asia y el Medio Oriente, somos los que lideramos la compra de armamento en relación a su ingreso per cápita. En general nos armamos constatemente ya que el armamento adquirido al igual que los video juegos no demoran mucho en quedar obsoletos frente a las nuevas tecnologías aplicadas en ese rubro, y esto no es circunstancial, esta fiebre es estimulada, premeditada e incluso estimulada por medio de tratos secretos y corruptos para desvalijar aún más nuestras economías, continuando así esta historia sin final de dependencia monetaria hacia aquellos países que solicítamente acuden a financiar los sueños autocrátas de más de algún aprendiz de dictador. Es el síndrome del gato mordiéndose la cola.
En la alquimia del neoliberalismo globalizado, la brutalidad represiva se transforma en democracia protegida, la lucha por los derechos elementales, en terrorismo organizado, la necesidad de solucionar viejos conflictos históricos, en una psicosis de guerra. Todo es válido en esa sociedad de mercado en la cual todo tiene un precio, los que pueden comprar que compren, se añaden en las claúsulas de ventas tratados de cooperación en la lucha contra eventuales enemigos peligrosos sean estos internos o externos. Si es necesario para el buen desarrollo y uso del armamento adquirido encontraremos esos enemigos en algún lugar. Pague uno, lleve dos.
Los sectores políticos deben de tomar real conciencia que la actual política hacia sus vecinos no nos lleva a ningún lugar, sólo continuaremos intentando ejercer la supremacía territorial a través del terror. Un conflicto armado -y de esto son concientes las clases políticas- sería fraticida para toda la región, lo que hace improbable un enfrentamiento de estas características. Entonces, ¿cuál es la razón de continuar armándose hasta los dientes si la posibilidad de una guerra en la práctica no existe?
Esta pregunta debería de estar en el tapete de cada reunión, sea ésta bilateral o multilateral. Pero también es vital reconocer que por la diversidad cultural y las diferentes concepciones políticas de nuestros países es muy difícil que sean comisiones políticas las que intenten llevar esta tarea adelante por muy concientes que éstas sean de las causas que históricamente han generado desconfianza y enemistad, les será prácticamente imposible llegar a buen puerto con sus intenciones
¿Una realidad posible?
La dependencia económica a la que las potencias nos han condenado es por otro lado el muro insalvable para siquiera pensar en una América integrada y unida. La misma dependencia va solapadamente unida a pactos bilaterales de defensa que imposibilitan aún en mayor grado la integración.
En difintiva tenemos que luchar contra la intromisión ajena a nuestras políticas internas, a la que los países desarrollados nos han condenado. Luego tenemos otros factores que dificultan en extremo la posibilidad de crear una América unida y libre de fantasmas bélicos. Los caudillismos locales y el fomento de odiosidades externas son otro factor a vencer. Está visto que cualquier reclamo territorial hoy pasa necesariamente por la mesa política, no por actitudes belicistas ni amenazas solapadas. Cualquier intento de desestabilizar la hegemonía de fuerzas estará difinitivamente sepultando por decenios todo intento de crear una zona libre de conflictos y tensiones, lo que lógicamente conviene a ciertas naciones.
Los mecanismos
Por otro lado, para que exista una real intención de llegar a acuerdos positivos sobre asuntos tan complejos y delicados es de tremenda importancia que quienes participen en las negociaciones no lo hagan dependiendo de partidos políticos determinados, y, que cada país se esfuerce por encontrar una grupo de hombres buenos y sabios que miren hacia el futuro y que tengan como principal objetivo el de derribar aquellas barreras que las diferentes clases políticas han ido creando. Por ello, por ser estos temas “Temas de estado”, es de absoluta prioridad que cada país esté respaldado por toda su clase política en la búsqueda de un futuro próspero e integrado.
Los mecanismos que se deberían de implementar parecen casi sencillos, demasiado sencillos para no intentarlo. La experiencia nos ha demostrado que en cada intento de solucionar diferentes conflictos han primado los intereses nacionales antes que allanar el camino hacia una defragmentación de viejos anhelos y necesidades regionales; en esta lenta y repetida historia hemos conocido incluso la tergiversación de diálogos entre partes comprometidas. Lo que una parte ha ofrecido o mencionado como un asunto a tratar, la otra parte lo ha dado a conocer a su gobierno, medios de comunicación y connacionales como un asunto ya tratado y una promesa de la otra parte; esto ha ocasionado que la reacción del sector afectado haya decidido inmediatamente suspender toda conversación. Es claro que en estos casos ha primado el interés político y el no poco apetito de algunos por ver ya en las urnas una cantidad de votos extras para sus tiendas políticas. Por eso que es de suma importancia nombrar comisiones ad doc que incluso vayan más allá del tiempo que el mismo gobierno de turno si así fuera necesario
La primera propuesta
Latinoamérica, que tiene un pasado común, un idioma común, una historia de sacrificios y héroes que lucharon por una América unida, una zona en la que practicamente las guerras del siglo pasado no ocasionaron los males de las guerras recientes en otros continentes. La diferencia está en que Europa pudo integrarse sin traumas, porque se delinearon las políticas correspondientes pasando por sobre los gobienos e ideologías de turno, dejando la labor de políticas de partidos a asuntos internos de cada país y a la organización que los incluye.
Ante este panorama, la realidad actual de nuestro continente, el estado de sometimiento que algunos países aún mantienen frente a las grandes potencias, es que se hace más urgente llegar a una integración real y no de fotografías y palmoteos en la espalda. La OPAL (Organización de Paises Latinoamericanos ) es responsabilidad nuestra de llevarla a cabo para que las nuevas generaciones profundicen en los mecanismos adecuados que a futuro se hará necesario analizar y reformar para que el continente sea una unidad real. De esta forma estaremos proyectando y asegurando nuestros intereses al futuro más inmediato. Esto no debe de parecernos una quimera ni menos una utopía, sino que una realidad plena y un derecho nuestro a decidir nuestro futuro y nuestro destino.
Para ello el primer paso y/o la primera misión a llevar a cabo por el mencionado grupo de hombres buenos y sabios es nada menos que un pacto referente al armamentismo en la zona. No podemos seguir permitiendo que sectores de nuestros pueblos sufran las consecuencias de una mala salud, una educación deficiente, una alimentación al límite de la desnutrición, viviendas de mala calidad, sin derecho al descanso vacacional, sueldos de hambre etc, porque el país invierte gran parte de sus recursos en armamentos. Como ya he señalado en la primera parte, “que ni siquiera usarán algún día“, ya que una guerra de proporciones regionales o local sería fatal para toda la región. Un gran pacto de dejar las armas a un lado: no invertir más recursos exagerados con la finalidad de una supuesta autodefensa, una moratoria absoluta de toda intevención armada durante cien años, es decir, quitar del continente toda sombra de un posible conflicto armado durante un siglo, pacto que deberá ser renovado y reafirmado en plazos a acordar.
El futuro
Es innegable que las diferentes realidades socioculturales de la zona nos impiden una rápida integración a la europea, intereses económicos de potencias inversoras en nuestros países serán los primeros en oponerse a tal posibilidad, sabotearán todo mecanismo encontrado, usarán el chantaje y la corrupción para evitarse riesgos mayores, lamentablemente la corrupción en muchos de nuestros países es un mecanismo viejo y muy usado por algunos para impedir que sus lacayos comprendan que el futuro se hace desde la propia iniciativa y no dependiendo del capital foráneo. De ahí la importancia de crear comisiones ajenas al mundo político proselitista, y que estas comisiones perduren en el tiempo, incluso más allá de los gobiernos establecidos.
Chile, Bolivia, Perú y Argentina son países que comparten frontera común, por lo tanto son países que están condenados a vivir en paz y armonía. Países que tienen grandes riquezas. Si tenemos claro que para debatir cualquier asunto sea este económico, geopolítico o de intereses comunes, es condición previa que el primer requisito indispensable para sentarse a la mesa de negociaciones sea el respeto absoluto a la soberanía actual de ambas naciones, lo que significa comenzar por reconocer el actual status quo existente hoy. Esto rige para todo los países que pretendan consagrar sus esfuerzos en pos de una integración plena y duradera. Por lo tanto luego de llegar a un pacto militar de no agresión y de desmilitarización, todos los otros temas pendientes, demanden el tiempo que demanden, será posible llevarlo a la mesa de negociaciones si se usa la tolerancia, la buena fe y la razón. Bolivia viene demandando desde hace ya mucho tiempo una salida al mar, si tuvo o no derechos pasados sobre determinados territorios, la situación geográfica actual es la que es, y no sirve argumentar sobre derechos de hace ya más de siglo y medio para alterar el mapa fronterizo que hoy es el que nos da la razón.
Basta mirar a esa Europa que mencionaba antes para darse cuenta que una exigencia de tal magnitud es en la práctica imposible. ¿Podemos imaginar hoy que la vieja Europa decidiera (por exigencia de uno de sus miembros) volver a las fronteras de los años 1800? Parece algo simplemente irreal y una exigencia desmedida. Por lo tanto en el caso específico de estos países vecinos, es asunto de reconocer las fronteras actuales como una realidad absoluta, y no plantear la solución de estos temas, como asunto previo a una integración continental. La solución deberá ser buscada desde el concenso, el diálogo, el respeto yla lealtad entre paises hermanos.
Podrá ser una utopía que algún día en un futuro cercano cuando nos encontremos en alguna ciudad del primer mundo no tengamos vergüenza ni miedo a que nos puedan llamar Sudacas, mestizos, cholos, indios o cabezas negras. Solamente por venir de un continente en el que pese a todo lo que poseemos en común, ni siquiera podamos sentarnos a discutir nuestros propios asuntos internos.
Mientras los países más ricos del orbe se han convencido que la solución a los conflictos regionales no pueden ser dirimidos por la vía del enfrentamiento bélico, la mayoría de estos países basa sus ingresos anuales en la producción de sofisticado armamento ofensivo que son requeridos contradictoriamente por las naciones más pobres y subdesarrolladas del orbe.
Unidos podremos llegar a solucionar otros conflictos regionales y locales. Unidos podremos ejercer la presión suficiente para hacer escuchar la voz nuestra en los foros internacionales. Y que alguna vez se nos respete con el respeto que América se merece. Por ser un conjunto de sociedades que se han desprendido del yugo internacional. Por el desarrollo y respeto hacia el individuo. Por la democratización real de nuestros paises. Por la eliminación cuyuntural de sistemas corruptos. Por la eliminación de clases superiores que atentan contra la dignidad del pobre. Por la creación de un sistema de igualdad de oportunidades, es decir, por una sociedad más justa y respetada. Esto puede parecer una quimera, y ciertamente lo será mientras nadie se atreva a enfrentarse y discutir las vias de solución, pero no convirtamos una quimera en una utopía más, sino que permitámonos ser actores activos de una realidad posible. La realidad de ver algún día nuestro continente unido y avanzando hacia un futuro lleno de esperanzas para nuestras generaciones futuras. Demos alguna vez el primer paso real hacía una meta posible, la historia lo agradecerá.
( Terxto extraido de: ” Quimera, utopía o, … una realidad posible ? ”
Ciertamente que el tema a tratar es complejo y lleno de dificultades, pero es mucho más sencilla la solución si existe la mínima voluntad de encontrar esas soluciones viables al drama del continente americano. A comienzos de siglo XXI aún debemos de ser testigos pasivos de las paupérrimas condiciones de vida de millones de seres humanos, mientras tanto vaciamos nuestras arcas en favor de los países más ricos, ayudándoles nosotros mismos a que la distancia entre ricos y pobres, entre desarrollados y subdesarrollados aumente cada día. Esto suena a contradición, pero es un hecho. La pobreza eterna en la que nuestros países han navegado durante toda su historia ha aumentado la riqueza de quienes nos han obligado a ser países pobres. Mientras tanto en la Europa rica rápidamente se consolidan las econmías para el próspero desarrollo de sus poblaciones, en nuestros países la pobreza aumenta día a día, pese a las riquezas enormes que el continente poseé.
¿Cuánto de quimera o simplemente con el conformismo pueblerino de nuestros pueblos todo no es más que una utopía? o, ¿es posible un continente independiente, rico, desarrollado y respetado en el concierto internacional ?
Dedicaremos este trabajo a analizar las posibilidades ciertas de integración en la parte más septentrional del continente, me refiero al Cono Sur. Porque cada región es una historia diferente y de soluciones diferentes, pero mientras no exista la real intención de un acercamiento basado en el futuro – no en el pasado – , no será posible demostrarle al mundo que todo conflicto es solucionable si se buscan los mecanismos adecuados para crear las condiciones más favorables en la concretación de una realidad ambiciosa y posible. Parece irreal, pero si analizamos la historia de los conflictos armados en la historia universal, vemos claramente, que es el Cono Sur, y en general toda latinoamérica, la zona que menos conflictos bélicos ha tenido; aquellos enfrentamientos en los que dos o más países se han visto en la necesidad de dirimir sus diferencias por la via armada han sido escasos y de cortísima duración.
Pero pese a ello ningún país del entorno ha reducido su carrera armamentista; al contrario, esta carrera aumenta día a día, mientras más tecnología, más recursos desaparecen, no renunciamos a la idea de ser los más poderosos de la zona. Así tenemos que el continente que menos conflictos armados ha sufrido en su historia, que las pérdidas ocasionadas en esos conflictos son ínfimas comparadas con las ocurridas recientemente en Europa, Asia y el Medio Oriente, somos los que lideramos la compra de armamento en relación a su ingreso per cápita. En general nos armamos constatemente ya que el armamento adquirido al igual que los video juegos no demoran mucho en quedar obsoletos frente a las nuevas tecnologías aplicadas en ese rubro, y esto no es circunstancial, esta fiebre es estimulada, premeditada e incluso estimulada por medio de tratos secretos y corruptos para desvalijar aún más nuestras economías, continuando así esta historia sin final de dependencia monetaria hacia aquellos países que solicítamente acuden a financiar los sueños autocrátas de más de algún aprendiz de dictador. Es el síndrome del gato mordiéndose la cola.
En la alquimia del neoliberalismo globalizado, la brutalidad represiva se transforma en democracia protegida, la lucha por los derechos elementales, en terrorismo organizado, la necesidad de solucionar viejos conflictos históricos, en una psicosis de guerra. Todo es válido en esa sociedad de mercado en la cual todo tiene un precio, los que pueden comprar que compren, se añaden en las claúsulas de ventas tratados de cooperación en la lucha contra eventuales enemigos peligrosos sean estos internos o externos. Si es necesario para el buen desarrollo y uso del armamento adquirido encontraremos esos enemigos en algún lugar. Pague uno, lleve dos.
Los sectores políticos deben de tomar real conciencia que la actual política hacia sus vecinos no nos lleva a ningún lugar, sólo continuaremos intentando ejercer la supremacía territorial a través del terror. Un conflicto armado -y de esto son concientes las clases políticas- sería fraticida para toda la región, lo que hace improbable un enfrentamiento de estas características. Entonces, ¿cuál es la razón de continuar armándose hasta los dientes si la posibilidad de una guerra en la práctica no existe?
Esta pregunta debería de estar en el tapete de cada reunión, sea ésta bilateral o multilateral. Pero también es vital reconocer que por la diversidad cultural y las diferentes concepciones políticas de nuestros países es muy difícil que sean comisiones políticas las que intenten llevar esta tarea adelante por muy concientes que éstas sean de las causas que históricamente han generado desconfianza y enemistad, les será prácticamente imposible llegar a buen puerto con sus intenciones
¿Una realidad posible?
La dependencia económica a la que las potencias nos han condenado es por otro lado el muro insalvable para siquiera pensar en una América integrada y unida. La misma dependencia va solapadamente unida a pactos bilaterales de defensa que imposibilitan aún en mayor grado la integración.
En difintiva tenemos que luchar contra la intromisión ajena a nuestras políticas internas, a la que los países desarrollados nos han condenado. Luego tenemos otros factores que dificultan en extremo la posibilidad de crear una América unida y libre de fantasmas bélicos. Los caudillismos locales y el fomento de odiosidades externas son otro factor a vencer. Está visto que cualquier reclamo territorial hoy pasa necesariamente por la mesa política, no por actitudes belicistas ni amenazas solapadas. Cualquier intento de desestabilizar la hegemonía de fuerzas estará difinitivamente sepultando por decenios todo intento de crear una zona libre de conflictos y tensiones, lo que lógicamente conviene a ciertas naciones.
Los mecanismos
Por otro lado, para que exista una real intención de llegar a acuerdos positivos sobre asuntos tan complejos y delicados es de tremenda importancia que quienes participen en las negociaciones no lo hagan dependiendo de partidos políticos determinados, y, que cada país se esfuerce por encontrar una grupo de hombres buenos y sabios que miren hacia el futuro y que tengan como principal objetivo el de derribar aquellas barreras que las diferentes clases políticas han ido creando. Por ello, por ser estos temas “Temas de estado”, es de absoluta prioridad que cada país esté respaldado por toda su clase política en la búsqueda de un futuro próspero e integrado.
Los mecanismos que se deberían de implementar parecen casi sencillos, demasiado sencillos para no intentarlo. La experiencia nos ha demostrado que en cada intento de solucionar diferentes conflictos han primado los intereses nacionales antes que allanar el camino hacia una defragmentación de viejos anhelos y necesidades regionales; en esta lenta y repetida historia hemos conocido incluso la tergiversación de diálogos entre partes comprometidas. Lo que una parte ha ofrecido o mencionado como un asunto a tratar, la otra parte lo ha dado a conocer a su gobierno, medios de comunicación y connacionales como un asunto ya tratado y una promesa de la otra parte; esto ha ocasionado que la reacción del sector afectado haya decidido inmediatamente suspender toda conversación. Es claro que en estos casos ha primado el interés político y el no poco apetito de algunos por ver ya en las urnas una cantidad de votos extras para sus tiendas políticas. Por eso que es de suma importancia nombrar comisiones ad doc que incluso vayan más allá del tiempo que el mismo gobierno de turno si así fuera necesario
La primera propuesta
Latinoamérica, que tiene un pasado común, un idioma común, una historia de sacrificios y héroes que lucharon por una América unida, una zona en la que practicamente las guerras del siglo pasado no ocasionaron los males de las guerras recientes en otros continentes. La diferencia está en que Europa pudo integrarse sin traumas, porque se delinearon las políticas correspondientes pasando por sobre los gobienos e ideologías de turno, dejando la labor de políticas de partidos a asuntos internos de cada país y a la organización que los incluye.
Ante este panorama, la realidad actual de nuestro continente, el estado de sometimiento que algunos países aún mantienen frente a las grandes potencias, es que se hace más urgente llegar a una integración real y no de fotografías y palmoteos en la espalda. La OPAL (Organización de Paises Latinoamericanos ) es responsabilidad nuestra de llevarla a cabo para que las nuevas generaciones profundicen en los mecanismos adecuados que a futuro se hará necesario analizar y reformar para que el continente sea una unidad real. De esta forma estaremos proyectando y asegurando nuestros intereses al futuro más inmediato. Esto no debe de parecernos una quimera ni menos una utopía, sino que una realidad plena y un derecho nuestro a decidir nuestro futuro y nuestro destino.
Para ello el primer paso y/o la primera misión a llevar a cabo por el mencionado grupo de hombres buenos y sabios es nada menos que un pacto referente al armamentismo en la zona. No podemos seguir permitiendo que sectores de nuestros pueblos sufran las consecuencias de una mala salud, una educación deficiente, una alimentación al límite de la desnutrición, viviendas de mala calidad, sin derecho al descanso vacacional, sueldos de hambre etc, porque el país invierte gran parte de sus recursos en armamentos. Como ya he señalado en la primera parte, “que ni siquiera usarán algún día“, ya que una guerra de proporciones regionales o local sería fatal para toda la región. Un gran pacto de dejar las armas a un lado: no invertir más recursos exagerados con la finalidad de una supuesta autodefensa, una moratoria absoluta de toda intevención armada durante cien años, es decir, quitar del continente toda sombra de un posible conflicto armado durante un siglo, pacto que deberá ser renovado y reafirmado en plazos a acordar.
El futuro
Es innegable que las diferentes realidades socioculturales de la zona nos impiden una rápida integración a la europea, intereses económicos de potencias inversoras en nuestros países serán los primeros en oponerse a tal posibilidad, sabotearán todo mecanismo encontrado, usarán el chantaje y la corrupción para evitarse riesgos mayores, lamentablemente la corrupción en muchos de nuestros países es un mecanismo viejo y muy usado por algunos para impedir que sus lacayos comprendan que el futuro se hace desde la propia iniciativa y no dependiendo del capital foráneo. De ahí la importancia de crear comisiones ajenas al mundo político proselitista, y que estas comisiones perduren en el tiempo, incluso más allá de los gobiernos establecidos.
Chile, Bolivia, Perú y Argentina son países que comparten frontera común, por lo tanto son países que están condenados a vivir en paz y armonía. Países que tienen grandes riquezas. Si tenemos claro que para debatir cualquier asunto sea este económico, geopolítico o de intereses comunes, es condición previa que el primer requisito indispensable para sentarse a la mesa de negociaciones sea el respeto absoluto a la soberanía actual de ambas naciones, lo que significa comenzar por reconocer el actual status quo existente hoy. Esto rige para todo los países que pretendan consagrar sus esfuerzos en pos de una integración plena y duradera. Por lo tanto luego de llegar a un pacto militar de no agresión y de desmilitarización, todos los otros temas pendientes, demanden el tiempo que demanden, será posible llevarlo a la mesa de negociaciones si se usa la tolerancia, la buena fe y la razón. Bolivia viene demandando desde hace ya mucho tiempo una salida al mar, si tuvo o no derechos pasados sobre determinados territorios, la situación geográfica actual es la que es, y no sirve argumentar sobre derechos de hace ya más de siglo y medio para alterar el mapa fronterizo que hoy es el que nos da la razón.
Basta mirar a esa Europa que mencionaba antes para darse cuenta que una exigencia de tal magnitud es en la práctica imposible. ¿Podemos imaginar hoy que la vieja Europa decidiera (por exigencia de uno de sus miembros) volver a las fronteras de los años 1800? Parece algo simplemente irreal y una exigencia desmedida. Por lo tanto en el caso específico de estos países vecinos, es asunto de reconocer las fronteras actuales como una realidad absoluta, y no plantear la solución de estos temas, como asunto previo a una integración continental. La solución deberá ser buscada desde el concenso, el diálogo, el respeto yla lealtad entre paises hermanos.
Podrá ser una utopía que algún día en un futuro cercano cuando nos encontremos en alguna ciudad del primer mundo no tengamos vergüenza ni miedo a que nos puedan llamar Sudacas, mestizos, cholos, indios o cabezas negras. Solamente por venir de un continente en el que pese a todo lo que poseemos en común, ni siquiera podamos sentarnos a discutir nuestros propios asuntos internos.
Mientras los países más ricos del orbe se han convencido que la solución a los conflictos regionales no pueden ser dirimidos por la vía del enfrentamiento bélico, la mayoría de estos países basa sus ingresos anuales en la producción de sofisticado armamento ofensivo que son requeridos contradictoriamente por las naciones más pobres y subdesarrolladas del orbe.
Unidos podremos llegar a solucionar otros conflictos regionales y locales. Unidos podremos ejercer la presión suficiente para hacer escuchar la voz nuestra en los foros internacionales. Y que alguna vez se nos respete con el respeto que América se merece. Por ser un conjunto de sociedades que se han desprendido del yugo internacional. Por el desarrollo y respeto hacia el individuo. Por la democratización real de nuestros paises. Por la eliminación cuyuntural de sistemas corruptos. Por la eliminación de clases superiores que atentan contra la dignidad del pobre. Por la creación de un sistema de igualdad de oportunidades, es decir, por una sociedad más justa y respetada. Esto puede parecer una quimera, y ciertamente lo será mientras nadie se atreva a enfrentarse y discutir las vias de solución, pero no convirtamos una quimera en una utopía más, sino que permitámonos ser actores activos de una realidad posible. La realidad de ver algún día nuestro continente unido y avanzando hacia un futuro lleno de esperanzas para nuestras generaciones futuras. Demos alguna vez el primer paso real hacía una meta posible, la historia lo agradecerá.
( Terxto extraido de: ” Quimera, utopía o, … una realidad posible ? ”
Autor : Simón Reyes; http://simonreyes.zoomblog.com )
