Si cunde el pánico, ahora que la clase política empezó a preocuparse por lo que sucede en el Metro y las micros capitalinas, la Presidenta tendrá otra muestra de “no colaboración” de los suyos, reproduciéndose lo que ocurrió con los nombramientos, destituciones y búsqueda de responsabilidades de los últimos días.
El próximo 2 de abril se cumplen 50 años de la “Batalla de Santiago”, aquel estallido de descontento popular por las alzas del pasaje de las micros y de otros productos y que fue duramente reprimido por el comandante de la guarnición militar de entonces, el general Horacio Gamboa. Resultado: 21 muertos, según la cifra oficial. No es que queramos ser pájaros de mal agüero, ni menos poner en paralelo dos épocas muy distintas, pero el infierno que se está viviendo en los subterráneos del metro y arriba de las micros hace preguntarse hasta cuándo podrá durar la paciencia os de los pasajeros capitalinos. Lo que es peor, hasta comienzos de esta semana -al menos- la clase política aparecía ensimismada en nombramientos, destituciones y en la búsqueda de responsabilidades por los malos manejos administrativos.
Por supuesto que la marcha del país debe continuar y Chiledeportes, la Empresa Nacional de Minería, así como la Cámara de Diputados y la Contraloría, necesitan autoridades que renueven sus gestiones. El problema está en que las designaciones y relevos crean tensiones, al no hacerse de manera eficaz y expedita. Las tareas más cruciales y urgentes se resienten en su cumplimiento cuando los actores están distraídos en desaguisados, insidias y amenazas. Hoy, los ministros están más desconcertados que antes; la Presidenta procura en México y Centroamérica atar relaciones estratégicas con la vista muy fija en los asuntos domésticos; los partidos oficialistas buscan arreglar sus líos internos antes de dar gobernabilidad al país, y el principal de ellos, el Demócrata Cristiano, sigue contabilizando los daños y perjuicios que le acarrea el estar al frente de Interior, Cancillería y Transportes.
Porque el militante Belisario Velasco debió asumir toda la responsabilidad por el fugaz paso de Loreto Ditzel por Chiledeportes, y el camarada Foxley hizo lo propio al intervenir en Televisión Nacional por la serie “Epopeya” y al recibir al embajador Huepe –la Presidenta se negó a hacerlo- para cursar la renuncia y la retractación de los dichos en Caracas de este otro distinguido democratacristiano. Para colmo, quien está a cargo del malhadado Transantiago es un nuevo valor del partido, de la generación de recambio del 80, y en él se están concentrando las iras hasta de Iván Zamorano, quien decidió, por su parte, bajarse de la micro.
La elección de Patricio Walker como nuevo Presidente de la Cámara de Diputados fue otro parto de los montes, con una doble amenaza de aborto, primero desde el interior del partido por los colorines y luego en el hemiciclo, por los llamados parlamentarios díscolos. Superados por el momento estos entreveros –véase el próximo episodio-, la DC intenta volver sus miradas y energías al Transantiago y convoca a sus ediles para exigir soluciones al gobierno. Es lo que están entendiendo de a poco los partidos. Mientras la Presidenta en Ciudad de México dedica parte de su conferencia conjunta con su anfitrión a exigir cumplimiento a los operadores privados, en Santiago y Valparaíso cunden los llamados a que rueden cabezas. Hasta en círculos democratacristianos empezó a hablarse del cambio del ministro Espejo por Jaime Ravinet -antes que la UDI las emprendiera en contra de aquél- , mientras el desprestigiado microbusero Manuel Navarrete lanzaba mensajes a favor de la vuelta a “las amarillas”.
Acaso sean –como diría el destituido vicepresidente de Enami, el socialista Oscar Landerretche- intentos de “emboscadas” a la Presidenta. Ya es muy tarde para hacer retroceder la micro. Se hace urgente la proactividad antes de que ocurra un estallido social que recuerde al de hace 50 años, que ocurrió en otras circunstancias, es cierto –con más conciencia y organización-, pero que eran, en todo caso, menos asfixiantes que las actuales.
Por supuesto que la marcha del país debe continuar y Chiledeportes, la Empresa Nacional de Minería, así como la Cámara de Diputados y la Contraloría, necesitan autoridades que renueven sus gestiones. El problema está en que las designaciones y relevos crean tensiones, al no hacerse de manera eficaz y expedita. Las tareas más cruciales y urgentes se resienten en su cumplimiento cuando los actores están distraídos en desaguisados, insidias y amenazas. Hoy, los ministros están más desconcertados que antes; la Presidenta procura en México y Centroamérica atar relaciones estratégicas con la vista muy fija en los asuntos domésticos; los partidos oficialistas buscan arreglar sus líos internos antes de dar gobernabilidad al país, y el principal de ellos, el Demócrata Cristiano, sigue contabilizando los daños y perjuicios que le acarrea el estar al frente de Interior, Cancillería y Transportes.
Porque el militante Belisario Velasco debió asumir toda la responsabilidad por el fugaz paso de Loreto Ditzel por Chiledeportes, y el camarada Foxley hizo lo propio al intervenir en Televisión Nacional por la serie “Epopeya” y al recibir al embajador Huepe –la Presidenta se negó a hacerlo- para cursar la renuncia y la retractación de los dichos en Caracas de este otro distinguido democratacristiano. Para colmo, quien está a cargo del malhadado Transantiago es un nuevo valor del partido, de la generación de recambio del 80, y en él se están concentrando las iras hasta de Iván Zamorano, quien decidió, por su parte, bajarse de la micro.
La elección de Patricio Walker como nuevo Presidente de la Cámara de Diputados fue otro parto de los montes, con una doble amenaza de aborto, primero desde el interior del partido por los colorines y luego en el hemiciclo, por los llamados parlamentarios díscolos. Superados por el momento estos entreveros –véase el próximo episodio-, la DC intenta volver sus miradas y energías al Transantiago y convoca a sus ediles para exigir soluciones al gobierno. Es lo que están entendiendo de a poco los partidos. Mientras la Presidenta en Ciudad de México dedica parte de su conferencia conjunta con su anfitrión a exigir cumplimiento a los operadores privados, en Santiago y Valparaíso cunden los llamados a que rueden cabezas. Hasta en círculos democratacristianos empezó a hablarse del cambio del ministro Espejo por Jaime Ravinet -antes que la UDI las emprendiera en contra de aquél- , mientras el desprestigiado microbusero Manuel Navarrete lanzaba mensajes a favor de la vuelta a “las amarillas”.
Acaso sean –como diría el destituido vicepresidente de Enami, el socialista Oscar Landerretche- intentos de “emboscadas” a la Presidenta. Ya es muy tarde para hacer retroceder la micro. Se hace urgente la proactividad antes de que ocurra un estallido social que recuerde al de hace 50 años, que ocurrió en otras circunstancias, es cierto –con más conciencia y organización-, pero que eran, en todo caso, menos asfixiantes que las actuales.
(Comentario radial transmitido por Universidad de Chile Noticias, edición de 7 a 8 a.m.).