De hecho, si se considera que fue precedido por la construcción de autopistas urbanas, que se adquirieron buses articulados especialmente incómodos (con muy pocos asiento y llenos de desniveles), que estaban diseñados para transitar por vías segregadas que no se han construido, uno concluye que todo este proyecto no fue diseñado para el beneficio de sus usuarios, sino de los automovilistas. Pero ha sido tan mal ejecutado que los únicos favorecidos han sido los taxistas. Bien por ellos.
Por otra parte, todo se ha hecho silenciando la responsabilidad de los principales responsables. Es así como frente al completo desbarajuste e ineficiencia del Administrador Financiero (AFT), resulta especialmente sospechoso que ni el Gobierno ni la prensa cumplan con informarnos respecto del cumplimiento o incumplimiento de las obligaciones por parte de Sonda y el Señor Navarro (que aún no ponen en funcionamiento el sistema GPS, esencial en la concepción del Transantiago para la determinación de las frecuencias) y su eventual responsabilidad consiguiente, así como tampoco sobre la actual demanda en tribunales en que la empresa TIMM los acusa de plagio. Creo que todos merecemos una explicación.
Finalmente y en relación con la descontaminación acústica que ha producido el Transantiago (prácticamente, su único signo de eficiencia hasta el momento), ¿no sería coherente con ello que se nos liberara del suplicio que conlleva la música de sala de espera a alto volumen y acompañada de publicidad en los paseos peatonales, resabio de la sistemática política de apicantamiento del centro que practicó el ingenioso Lavín?.
