Las autoridades chinas habían advertido en los días previos al “martes negro” sobre la existencia de una “burbuja” especulativa. El vicepresidente de la Asamblea Nacional Popular, Cheng Siwei, había constatado su existencia, alertando que “los inversores deben preocuparse sobre los riesgos”. La relación precio de la acción/utilidad de la empresa, había llegado a un desusado múltiplo de 38. Desde la Segunda Guerra Mundial, el índice Standard & Poor’s 500 de EEUU promedió un 16,5. En enero 2007 fue 16,74. El derrumbe del día 27 fue el más fuerte registrado en el mercado accionario chino desde el 18 de febrero de 1997, diez años antes, provocado en esa oportunidad por la inquietud generada frente a rumores de la muerte de Deng Xiaoping, que desempeñase un papel decisorio en las transformaciones económicas producidas en ese país. El declive accionario, en un porcentaje menor (2,9%) se repitió a los dos días, luego de un ligero rebote, y volvió a registrarse hasta inicio de la semana siguiente.
Al igual como aconteció pocos meses antes en Tailandia la reacción en el mercado se produjo frente a la decisión de las autoridades de Beijing de enfrentar las maniobras especulativas y de intentar frenar el acelerado ritmo de crecimiento económico, por el temor que se acentuasen las tendencias inflacionarias. Dos días antes de la caída bursátil, el Banco Central chino aumentó por quinta vez en ocho meses el encaje bancario, es decir, los recursos que los bancos comerciales no pueden prestar, llevándolo al 10%. En junio de 2006 estaba en 7,5%. Las estimaciones oficiales señalan que por cada medio punto porcentual de incremento en el encaje disminuye la cantidad de fondos disponibles para créditos en 150.000 millones de yuanes (U$S 19.393 millones). En consecuencia, en ocho meses se redujo la disponibilidad de préstamo de los bancos comerciales en 750.000 millones de yuanes, poco menos de U$S 100.000 millones.
Se anunció, además, el establecimiento de controles a los créditos bancarios, utilizados ampliamente para las acciones especulativas. Las medidas se adoptaron en la línea de la promesa efectuada por el presidente Hu Jintao de mantener “una política fiscal y monetaria prudente para hacer avanzar la reestructuración de la economía” (04/03/07). Estos objetivos fueron refrendados la semana siguiente en la sesión parlamentaria anual de la Asamblea Nacional Popular. “Hay que reforzar y mejorar -manifestó en su discurso el primer ministro chino, Wen Jiabao- las medidas de macro control. Lo importante añadió- es limitar la cantidad de inversiones, controlar el crédito”. Destacando que algunos sectores de la economía, como la construcción, se encontraban “recalentados”. Por su parte, los fondos especulativos se oponen a cualquier determinación que les afecten.
La caída bursátil de Shangai tuvo efectos globales. Los mercados accionarios y de muchos commodities, entre ellos el cobre, experimentaban en ese momento una elevada sensibilidad por un discurso pronunciado en la víspera por el ex presidente de la Reserva Federal norteamericana, Alan Greenspan, sobre la existencia de “indicios” recesivos de la economía estadounidense que podrían manifestarse hacia fines de año y por el atentado registrado en Afganistán en contra del vicepresidente Dick Cheney. En EEUU, el mayor mercado bursátil mundial, en menos de un minuto, reseña The Economist, se produjo “una tasa de descenso sin precedentes” (04/03/07). El índice Dow Jones experimentó en la semana del 27 de febrero una disminución de 4,22%, la más acentuada desde marzo de 2003, y el indicador Nasdaq otra de 10,14%, la más aguda desde agosto de 2004. A su turno, el índice de mercados emergentes Morgan Stanley Capital International descendió en 6,8%.
¿Cómo pudo Shangai, mercado bursátil pequeño a nivel global producir un oleaje tan intenso? “A fines de 2006 -cifra el economista norteamericano Robert Samuelson-, la capitalización de todas las acciones de China era de U$S 1,4 billones, menos del 10% de la del mercado estadounidense”. La explicación reside en la globalización alcanzada por el mercado mundial, la fuerza que han adquirido los llamados efectos “contagio”, que transmiten por el mundo rápidamente hechos que se producen en lugares muy distantes de la tierra y la gravitación alcanzada por la economía china. “Lo inquietante -puntualizó Samuelson- es que los mercados financieros internacionales parecen estar cada vez más sincronizados. Esto significa -concluyó- que las malas noticias, como las buenas, pueden contagiar” (11/03/07).
Diez años atrás, el mercado bursátil chino -como ya señalamos- tuvo otro tembladeral de una magnitud similar. Sin embargo, no tuvo a nivel global iguales repercusiones. Al contrario, en esos días el índice estadounidense Dow Jones creció. En ese entonces China ocupaba el décimo lugar en el mundo por la magnitud de su producto, ahora está en la cuarta ubicación, mientras sus intercambios comerciales llegaban a sólo U$S 325.000 millones. La incidencia de la economía china en la mundial se modificó en diez años sensiblemente.
El impacto bursátil tuvo implicancias inmediatas en el mercado cambiario, particularmente sobre el yen utilizado profusamente desde algunos meses antes para maniobras especulativas, aprovechando las bajas tasas de interés existentes en Japón, dando lugar a una operación denominada en inglés con el nombre de “carry trade”. Se obtenía un préstamo en yenes para adquirir a continuación activos de mayores rendimientos denominadas en otras monedas, obteniéndose grandes diferenciales. Esta forma de actuar últimamente se había masificado.
La repercusión del derrumbe bursátil, consignó The Wall Street Journal, fue mayor dado que “algunos inversionistas se pusieron nerviosos por lo que comenzaron a vender sus activos, desde valores bursátiles en India y Brasil al dólar australiano, para usar ese dinero en comprar yenes y repagar sus préstamos” (02/03/07). Ello condujo a que la moneda japonesa que vivía un largo proceso devaluatorio comenzase a revaluarse, con los impactos correspondientes en el comercio internacional y en la actividad económica nipona. Pero, el impacto no fue únicamente revertir los “carry trade”. Las acciones especulativas toman múltiples expresiones. “Los inversionistas -comentó The Economist- han estado buscando sin muchos miramientos los retornos en cualquier parte… En estos últimos días -añadió la publicación haciendo referencia al tembladeral bursátil- se les recordó que este puede ser un juego peligroso” (02/03/07). El 2006 los fondos que invierten en mercados emergentes avanzaron 32%, mientras que en EEUU los fondos colocados internamente lo hicieron en 12%. Las ganancias fueron todavía mayores en países como Rusia, India y China.
La preferencia por el yen repercutió, a su turno, en las bolsas asiáticas, donde se habían efectuado un porcentaje no pequeño de “carry trade”. Al vender acciones para recomprar la moneda nipona impulsaron a la baja los mercados bursátiles y provocaron la revaluación del yen. El 5 de marzo continuó el declive global accionario, ya que el impacto negativo en Asia generó nuevamente un efecto “contagio”. En Japón, el Nikkei-225 cayó ese día 3,34%, debido fundamentalmente a la venta de títulos de empresas exportadoras afectadas por la revaluación del yen. Los recursos se movieron en la expectativa de que la apreciación de la moneda nipona continuase y saliéndose de los mercados considerados más riesgosos. Al día siguiente, a nivel global los mercados reflotaron. Con el correr de la semana la cotización del cobre volvió a superar los U$S 2,80 la libra, estimulado por una reducción de los inventarios en las bolsas de metales. Los inversionistas volvieron a colocar entre sus objetivos especulativos al metal rojo.
En Chile, fuertemente dependiente por su estructura productiva de la exportación de unos pocos recursos primarios o de bajo valor agregado, varios de ellos empezando por el cobre tienen en China un demandante muy importante, por ello lo que acontezca en este país tiene un repercusión particularmente elevada. En el mercado de capitales Chile es menos vulnerable al movimiento especulativo debido a la poca magnitud producida en el ingreso de capitales de corto plazo, al no constituir un mercado atractivo. En cambio, la vulnerabilidad se expresa en los elevados recursos colocados en el exterior originados en su superávit fiscal, en las reservas internacionales y en los montos de los fondos de pensiones factibles de sacarse del país. Para el ministro Velasco, sin embargo, la sacudida de los mercados mundiales habrían demostrado “lo acertado” de la decisión de “nuestro apego a las reglas de rigor fiscal que nos impusimos” y a la creación “de fondos de inversión del superávit para enfrentar contingencias futuras” (04/03/07). Al contrario, la volatilidad es un índice de la inestabilidad de la inversión efectuada. Más aún al encontrarse mayoritariamente en dólares, cuya debilidad es notoria, y significa experimentar pérdidas si el cálculo se efectúa, por ejemplo, en euros, dada la devaluación experimentada por la divisa estadounidense.
Shangai no constituye una excepción. Fenómenos similares son algo cada vez más común, pudiendo alcanzar dimensiones muy variadas. Las crisis originadas a partir de los movimientos de capitales no constituyen un hecho del pasado, expresándose en cualquier momento en diferentes lugares. Siempre la economía mundial va a tener eslabones débiles que pueden en muchas oportunidades producir encadenamientos en el plano global. Las últimas décadas son pródigas en acontecimientos en tal sentido.
Los desequilibrios tienen una causa mucho más de fondo que los movimientos especulativos. A nivel mundial, como destacó el investigador de Pictet Asset Management, Simon Lue Fong, existe un excedente de liquidez estructural que “básicamente se debe al crecimiento de los fondos de pensiones”. “La liquidez que surge de una política monetaria más relajada, como el carry trade o el arbitraje de divisas -detalló- desaparece cuando las tasas suben. La liquidez real es permanente, ya que es impulsada por el crecimiento de los fondos de pensiones. Estos fondos tienen enormes recursos y necesitan mantenerlos siempre invertidos. A eso se suma además la tendencia de los Bancos Centrales a seguir acumulando reservas en moneda extranjera… Eso está generando una inflación de precios de activos más allá de los excedentes que movieron a los mercados…”, a partir de los remezones iniciados en Shanghai (06/03/07).
Chile aporta crecientemente a este proceso con la colocación en el exterior de recursos de las AFP, de parte importante de su elevado superávit fiscal y de las reservas internacionales. El mercado mundial de capitales es una fuerza gigantesca absolutamente desregulado y que constituye una amenazante bomba de tiempo. Los remezones seguirán produciéndose, conduciendo en situaciones extremas -como ya se produjo varias veces en las últimas décadas- a crisis económicas que iniciadas en un país pasaron a tener implicancias globales.
