Apenas unos niños son los cadetes que comienzan su primer año, visten orgullosos el uniforme militar, viven un régimen escolar de disciplina física e intelectual que es parte de su formación y se familiarizan con padrones de conducta, que deberán asimilar a la propia, durante toda esa larga carrera de servicio público que les espera.
Mucho me temo, que los honores rendidos al general Pinochet, en el corazón físico de tan selecto establecimiento educacional, marcará a fuego a sus alumnos. Este episodio solemne, marcial y colorido, los motivará con seguridad a interesarse en la figura y conducta pública de dicho general, elevado hoy con su fallecimiento, a una especie de divinidad patriótica.
Será para estos jóvenes, enteramente legítimo, en un futuro de crisis política nacional, optar a favor de la parte predilecta señalada por su general: la Derecha.
Será naturalmente pertinente encabezar un golpe contra la República para exterminar o paralizar por mucho tiempo al bando civil contrario aún cuando este sea encarnado por el propio presidente de la República. No pensarán 2 veces, estos futuros oficiales, antes de emplear el potente armamento militar que disponen, antes de disparar contra los edificios públicos de su propio país, antes de destruir nuevamente el palacio de La Moneda. Y verán ellos orgullosos talvez, como se consume en llamas la propia bandera nacional entre los estragos que habrán causado los costosísimos aviones que les habrá designado el Estado de Chile para la defensa del territorio nacional. En sus retinas además de odio, habrá añoranza.
Ellos entenderán, que tal acto violento, absolutamente desproporcionado y brutal, será otro genuino acto de valor, de quienes lo realicen. Una gesta heroica como se le solía llamar a ese episodio del 11 de Septiembre, cuyas imágenes permanecerán para siempre en la modesta Historia de Chile.
Será legítimo disparar contra el pueblo de Chile, allanar sus humildes casas, maltratar a sus compatriotas como si se tratara de verdaderos enemigos. Tomar prisioneros, torturarlos bestialmente hasta la muerte, hacerlos “desaparecer” y creer que con ello habrán hecho algo realmente grandioso por la patria y el honor militar.
En sus amplias aulas de clases, estudiarán al gran estratega criollo, su forma de actuar cuando disponía de tiempo para premeditar o bien cuando lo cogían por sorpresa.
Existe por lo demás, la inapreciable pieza de un combate real, en que le tocó ser protagonista principal al propio general, cuestión que ningún colega sudamericano contemporáneo a él, ha podido legar a sus fuerzas armadas. Mapas, planos y banderitas estarán dispuestos en un escenario que no obviará ningún detalle. Se trata de un episodio, que en términos rigurosos, se denomina: emboscada.
La emboscada de que fue objeto el general Pinochet, ocurrió en un paisaje pre-cordillerano, cercano a la capital, en pleno estado de sitio debido a que por entonces, se encontraba secuestrado un alto oficial. En una cuesta, de las muchas que hay en el cajón del Maipo, un puñado de inexpertos guerrilleros, que habían aprendido a disparar cohetes por catálogo, lo emboscó.
Él, dirigió personalmente la reacción militar y optó en dicha oportunidad, por un repliegue táctico, cuyo éxito dependió casi exclusivamente, de la destreza de su chofer para escapar. Los otros coches de su comitiva, que en su interior transportaba a escogidos comandos de elite, dotados de un potente armamento, huyeron unos con su general y otros se escondieron debajo de sus autos blindados. Los únicos que contestaron el fuego, fueron los carabineros de su escolta motorizada, que cayeron heridos o muertos respondiendo con sus modestas armas de servicio.
Los hombres de armas sabrán desde pequeños, que fue la virgen del Carmen, nuestra patrona, la que siempre nos protege, la que quiso que el general ganara ese combate. En efecto, al otro día de la emboscada, luciendo una venda en su brazo, enfrentó otra batalla, una mediática, de la que salió airoso, mostrando la imagen de la virgen en el vidrio trizado. Todo Chile tomó conocimiento del milagro, la virgen se interpuso entre la distancia que necesita el detonador del cohete para girar, de modo que evitó, que su mandatario volara en pedazos.
Será para estos jóvenes, enteramente legítimo, en un futuro de crisis política nacional, optar a favor de la parte predilecta señalada por su general: la Derecha.
Será naturalmente pertinente encabezar un golpe contra la República para exterminar o paralizar por mucho tiempo al bando civil contrario aún cuando este sea encarnado por el propio presidente de la República. No pensarán 2 veces, estos futuros oficiales, antes de emplear el potente armamento militar que disponen, antes de disparar contra los edificios públicos de su propio país, antes de destruir nuevamente el palacio de La Moneda. Y verán ellos orgullosos talvez, como se consume en llamas la propia bandera nacional entre los estragos que habrán causado los costosísimos aviones que les habrá designado el Estado de Chile para la defensa del territorio nacional. En sus retinas además de odio, habrá añoranza.
Ellos entenderán, que tal acto violento, absolutamente desproporcionado y brutal, será otro genuino acto de valor, de quienes lo realicen. Una gesta heroica como se le solía llamar a ese episodio del 11 de Septiembre, cuyas imágenes permanecerán para siempre en la modesta Historia de Chile.
Será legítimo disparar contra el pueblo de Chile, allanar sus humildes casas, maltratar a sus compatriotas como si se tratara de verdaderos enemigos. Tomar prisioneros, torturarlos bestialmente hasta la muerte, hacerlos “desaparecer” y creer que con ello habrán hecho algo realmente grandioso por la patria y el honor militar.
En sus amplias aulas de clases, estudiarán al gran estratega criollo, su forma de actuar cuando disponía de tiempo para premeditar o bien cuando lo cogían por sorpresa.
Existe por lo demás, la inapreciable pieza de un combate real, en que le tocó ser protagonista principal al propio general, cuestión que ningún colega sudamericano contemporáneo a él, ha podido legar a sus fuerzas armadas. Mapas, planos y banderitas estarán dispuestos en un escenario que no obviará ningún detalle. Se trata de un episodio, que en términos rigurosos, se denomina: emboscada.
La emboscada de que fue objeto el general Pinochet, ocurrió en un paisaje pre-cordillerano, cercano a la capital, en pleno estado de sitio debido a que por entonces, se encontraba secuestrado un alto oficial. En una cuesta, de las muchas que hay en el cajón del Maipo, un puñado de inexpertos guerrilleros, que habían aprendido a disparar cohetes por catálogo, lo emboscó.
Él, dirigió personalmente la reacción militar y optó en dicha oportunidad, por un repliegue táctico, cuyo éxito dependió casi exclusivamente, de la destreza de su chofer para escapar. Los otros coches de su comitiva, que en su interior transportaba a escogidos comandos de elite, dotados de un potente armamento, huyeron unos con su general y otros se escondieron debajo de sus autos blindados. Los únicos que contestaron el fuego, fueron los carabineros de su escolta motorizada, que cayeron heridos o muertos respondiendo con sus modestas armas de servicio.
Los hombres de armas sabrán desde pequeños, que fue la virgen del Carmen, nuestra patrona, la que siempre nos protege, la que quiso que el general ganara ese combate. En efecto, al otro día de la emboscada, luciendo una venda en su brazo, enfrentó otra batalla, una mediática, de la que salió airoso, mostrando la imagen de la virgen en el vidrio trizado. Todo Chile tomó conocimiento del milagro, la virgen se interpuso entre la distancia que necesita el detonador del cohete para girar, de modo que evitó, que su mandatario volara en pedazos.
Más tarde en las clases de Ética militar, se estudiará su legado estratégico- ético y moral. Varias horas de estudio deberán aplicar los estudiantes para entender a cabalidad, la forma en que pudo eludir el juicio civil y político que le esperaba. Su paso automático a la calidad de senador vitalicio con inmunidad incluida, el “acto de compasión” que obtuvo de las autoridades inglesas al final de su penoso cautiverio en Londres. El servilismo de las autoridades chilenas hacia su causa y su inigualable capacidad histriónica por cierto, que terminó por convencer a los ingleses y la posterior burla hacia ellos con la cual limpió la afrenta cuando pisó seguro, la tierra nacional. Actos todos ellos, dignos del mejor ejemplo. ¡ Viva Chile !
