Autocrítica es una palabra que tiene un valor enorme si es aplicada cotidianamente y con sinceridad por cada uno de nosotros. Es un balance vital, necesario, sincero, del permanente reflejo que queremos proyectar a nuestro transito personal, con el fin de corregir nuevos tránsitos. Nuevos tránsitos propios o de otros que deseen seguir las huellas que quedan marcadas en el camino que recorremos. Camino que recorremos en solitario o en grupos. Grupos que se han unido por ideales, por vivencias, por anhelos. Anhelos que buscan siempre lo mejor, aplicando la mirada limpia en un futuro que vislumbramos.
Autocrítica, en consecuencia, se transforma no sólo en una palabra. Es un concepto, es una conducta, es una norma, es un ejemplo. Por eso, debe aplicarse con honestidad, con sinceridad, frente a frente con el espejo de nuestras normas éticas.
Solos o en grupo. Pero aplicarse cotidianamente para ser mejores.
La autocrítica permite reconocer errores, para no volver a cometerlos.
Permite corregir desvíos no deseados en la ruta trazada.
Permite identificar a quienes se desvían por equivocación o por mala intención. Por accidente o concientemente. Porque nadie está libre de ser superado por intereses mezquinos, influenciado por malas conductas, guiado por maniobras espúreas. Sólo con la autocrítica pura, descarnada y sincera, se abrirán los ojos, se clarificará el paisaje, se sacudirá el error, se extirpará lo que hace daño.
La autocrítica hace al hombre más hombre. Transforma el sendero en camino. Acorta las dificultades y alarga los destinos.
Sin duda que se trata de reflexiones bien intencionadas, en un momento en que la marea cotidiana se embravece y alza olas peligrosas. No son reflexiones de pastores ni de salvavidas profesionales. Son simples conjeturas que se hace un ciudadano comun, que anhela mejores días, que quiere mayor progreso y que desea que las aguas de su tierra corran alegres por su cauce, regando el futuro con equidad y confianza.
No hay toma de posición sobre una actualidad convulsa. Es un simple comentario que busca destino en quienes hacen convulsa la actualidad. Porque los ciudadanos comunes como yo, anhelamos que la autocrítica sincera y descarnada permita a la vida cotidiana volver al surco de la esperanza, desechando a los fabricantes de ruidos, a los aprovechadores de los ríos revueltos, a los manilargos de las cuotas de poder.
Autocrítica, simplemente autocrítica.
