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Agosto 18, 2026

Violencia en la educación

Las almas más tiernas y generosas del burdel nacional lamentan, con razón, la violencia que prevalece en la educación. Los plañideros de la farandulera televisión matinal dan cuenta de las últimas acciones guerreras y pasan y repasan imágenes dignas del Medio Oriente. Con el ceño fruncido y la voz impostada destacan los logros del movimiento de los pingüinos, léase el pase escolar, y aprovechan tan magno alcance para rechazar la “radicalización” de los jóvenes.

Al mismo tiempo le consagran horas al polvo de la Amalia con el Robbie Williams, y uno supone que después se van, satisfechos, a tomarse el cafecito de las diez. Desde luego ya basta de violencia. Y para comenzar, la odiosa violencia que representa un sistema mercantilizado en el cual los educandos valen en función del billete que pueden alinear sus genitores. ¡Escuela a cien! ¡Escuela a cien! Gritan los “sostenedores”. Y a mil, a dos mil y a lo que sea si naciste del buen lado del capitalismo. Violencia insoportable la que hace que según tu clase social (sí, sí, aun existen clases sociales) el coste de tu educación va de seiscientos a más de tres mil dólares por año. De La Pintana a La Dehesa la calidad de la educación varía lo que los medios que le asignan a la una y a la otra. El primer mundo que envidiamos le consagra a cada estudiante secundario unos 10.000 dólares anuales. Sin ponerse a ese nivel, mil dólares más por alumno y por año nos costaría mil millones de los dólares que tenemos parqueados en el extranjero, o sea menos de lo que representa el superávit estructural pero nadie quiere hacerle esa dulce violencia al miserabilismo nacional. Violencia hipócrita la que entrega un pase escolar financiado por los usuarios del transporte colectivo, visto que ni el sector privado ni el Estado ponen ni uno. Los micreros deben aceptar de buena o mala gana llevar escolares a quienes con demasiada frecuencia escupen, insultan, y a veces les pegan un tiro, porque la autoridad dimite de su propia responsabilidad y le “deriva” el problema al prójimo. Violencia la que tiene al profesorado ganando salarios de miseria y aceptando trabajos precarios. El estatuto docente espera y la asignación de título, emplasto de mostaza que le aplican al cáncer, no borrará el problema de fondo. Violencia incomprensible la de un país que compra el armamento más sofisticado del planeta y luego paga sus profesores con cacahuetes. Violencia vergonzante cuando te echan en cara 300 millones de dólares que le agregan a los presupuestos de la educación, o sea el precio de uno o dos de los avioncitos F16, un tercio o menos del coste de un submarino que ni siquiera es amarillo. Violencia incomprensible la de un país que exporta productos agrícolas de calidad y que al mismo tiempo medio hambrea a su juventud con raciones a 330 pesos. Violencia en plan dictadura cuando un Alcalde ejerce de organizador de la pijotera educación, y al mismo tiempo de juez que se arroga el derecho de expulsar a quién le sale de la punta del nabo del pijotero liceo bajo su responsabilidad. Violencia que ejerce lo que queda de poder público al ocultar el problema de fondo detrás de un biombito al pedo, un Concejo Asesor inoperante, que para más INRI llaman Consejo, con “s”, lo que constituye una violencia contra la ortografía y la semántica. Violencia intolerable la de la policía entrando a saco en los colegios, utilizando métodos que en su día fueron los la DINA. Violencia intolerable la que consiste en poner a los jóvenes contra el suelo como si se tratase de prisioneros de guerra sin derechos. Más violencia luego con la selectividad de pago, la PSU, que te cobra por decirte que tu educación valía callampa. Y luego la violencia de la enseñanza superior mercantilizada, cuyo coste mensual suele representar dos o tres salarios mínimos, que te cobra hasta las prácticas necesarias para ejercer lo que has ido mal aprendiendo, que te pasa factura por “guiarte” para escribir tu tesis, y por cierto para entregarte lo que ya has pagado durante años, el título. Violencia a plazo la que consiste en organizar esa enseñanza al fiado, endeudando a los jóvenes desde muchos años antes de que ganen su primer salario. Violencia cínica la de aquellos gobernantes, ministros, seremis, mercaderes del saber, sostenedores y otros vendedores de mercancía averiada, que frecuentaron escuelas públicas y universidades gratuitas, ellos, y que hoy imponen la educación de pago y le quitan el culo a la jeringa hablando de “agenda corta” y “agenda larga” para darle largas a la impostergable reconstrucción de un sistema educativo nefando, ineficiente, injusto, tapadera que sirve para crear “oportunidades de negocio” para unos y futura miseria para los más. Lo dicho: basta de violencia en la educación.