Dos veces allanado el diario. La segunda lo hizo carabineros. Quienes actuaron violentamente.
Reunieron a toda la gente en el hall. Después, les llevan a la Tercera Comisaría; obligándoles a entregar documentos y dinero que nunca recuperaron. Los pasan a un patio amplio, ordenándoles tenderse con las manos en la nuca, con la frente pegada al piso y haciéndoles reiterados simulacros de fusilamiento.
Fueron mantenidos todo el día en esta posición, llevándoles en la tarde al Estadio Chile, donde encuentran a Víctor Jara, quien es sacado de inmediato del recinto. De repente aparece un niño de no más de 12 o 13 años; se le ve junto a un militar que le dispara en el pecho, matándolo de inmediato.
Luego de estar tres días retenidos en el Estadio Chile son trasladados al Estadio Nacional. El escenario de entrada fue desolador. Se veía una hilera de mujeres demacradas, desaliñadas, muchas con guaguas en los brazos. Los camarines de 12 por 4 metros pasaron a ser el calabozo de cien personas. Varias noches estuvieron encerradas, para seguidamente ser sacados al aire libre. Ahí encontraron en pijama y a pié pelado al director del “Diario Oficial”, Luis Opazo; a colegas de otros medios de comunicación. También amigos de CORFO. Los interrogatorios fueron traumáticos, unos torturados, flagelados y no pocos fusilados. Fichados por el Servicio de Inteligencia Militar del Ejercito (SIME) y la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).
Usando la misma estrategia de los allanamientos lo hicieron en Quimantu, que imprimía cinco revistas y varias publicaciones escolares. Quimantú fue parcialmente destrozada: descerrajaron los casilleros personales, rompieron máquinas e inutilizaron otras. Quemaron un millón de textos escolares que estaban listos para ser enviados a Cuba, que había protocolizado un contrato económico con la editorial. La DINA detuvo al subdirector de la revista “Hechos Mundiales”, quien apareció muerto en el sur del país. Varios personeros y trabajadores de la editorial fueron a parar al Estadio Nacional.
El otro medio de comunicación que sufrió el rigor de la dictadura fue “Clarín”, que tenia una circulación privilegiada. Disparando y derribando puertas con las culatas de sus fusiles llegaron a este diario. Veinte profesionales se encontraban en ese instante, que decidieron escapar por la parte trasera. Solo a uno de ellos pudieron atrapar. Posteriormente detuvieron a dieciocho, entre ellos el director, llamado cariñosamente “Gato” Gamboa. La empresa quedó paralizada, finalmente la dictadura hizo desaparecer la prensa rotativa y otras maquinarías que fueron destruidas a mazazo por personal de civil. Todo fue vendido como fierro viejo. Donde funcionaban las oficinas de “El Clarín” se constituyo el comando conjunto (DIPOLCAR), que operó como lugar de detención, represión secreta y eliminación de personas.
A mediodía del 11 de septiembre allanaron la Empresa Horizonte. Llegaron disparando al edificio, rompiendo los ventanales, cosa que hicieron hasta la noche. Al día siguiente, cercaron las calles y entró un destacamento con vehículos y armamentos. Asaltaron la editorial tomándose los tres pisos. Reunieron a veinticinco empleados entre los que se encontraba el Gerente Barría, el subgerente de producción, Osvaldo Estay, y el subgerente administrativo, Mariano Acuña. Por lo que se supo, saquearon y destrozaron lo que quisieron. La mayor parte del personal fue a parar al Estadio Chile y al Nacional. Varios ejecutivos fueron sometidos a consejo de guerra y algunos enviados a la cárcel pública. Al igual que los otros medios de comunicación, Horizonte quedó sin funcionar, tiempo en el cual destrozaron la vieja rotativa y la vendieron por fierro viejo. La nueva, offset, fue rematada. La había comprado la empresa por un donativo que hizo Pablo Neruda de una parte del Premio Nobel obtenido. Horizonte editaba tres diarios; Ultima Hora, Puro Chile y El Siglo. Periódicos sindicales, gremiales y otras revistas.
Poco antes de llegar la democracia (1989) se constituyo el Comando Nacional de Exonerados Políticos. Después de varias manifestaciones, el gobierno democrático dictó una ley que benefició a los empleados públicos. No consideraba esa ley a las empresas privadas intervenidas, como los trabajadores de los medios de comunicación y otros. Recién en 1998 se logró promulgar otra ley para estos. El tiempo de espera fue el peor enemigo de ellos, pues el beneficio les llegó a muchos cuando ya habían fallecido y otros tenían mucha edad. “Todavía el sufrimiento seguía latente por las secuelas que dejó. Aún perdura en el recuerdo de muchos las atrocidades bestiales del golpe militar, que nos empuja eternamente a una angustiosa pesadilla , La dictadura había hecho eclipsar mi pasado sindical de innumerables dificultades y lucha. No sabía si quedaría grabado todo en mi mente. Al recordar este conjunto de cosas mi pensamiento es atraído por el futuro de nuestra sociedad. Tengo la esperanza de que las generaciones venideras optarán por un sistema democrático”. Con este párrafo termina el autor este relato.
Este libro persigue contar en forma cierta y verídica lo que el autor vivió en carne propia, y para esto el libro se fragmentó en los hechos acontecidos;
Allanamiento en La Nación
En la Tercera Comisaría
En el Estadio Chile
En el Estadio Nacional
Con el director del Diario Oficial
Liberan a Mayores de Edad
Víctimas en CORFO
Inician los interrogatorios
Fichados por el SIME y DINA
Día de la libertad
El toque de Queda
Contacto con el CIME
Ayuda de Caritas Chile y cierre de la Nación
Allanamiento en Quimantu
Allanamiento en Clarín
Allanamiento en Horizonte
Viaje a Lima
Exonerados Políticos.
* Texto inédito. Para una eventual publicación de esta obra, dirigirse al autor, a olorca@terra.cl
