Este dato es más que duro. Es un indicador del desfase entre la aspiración del político y la expectativa del ciudadano. En este sentido vencerá, no el que tenga el discurso más convincente para los que votan. Vencerá el que mejor absorba la energía externa e interna que se ejercita para interferir en el resultado. En este sentido, todas las encuestas indican que Humala tiene más chances de ser derrotado, y que García se empina por un escaso margen en las preferencias.
Hoy día, con la uniformidad de pensamiento que prevalece en pos de un mundo más globalizado, las elecciones de representantes políticos, son elecciones de administradores de territorios (países, estados-naciones) que deben responder a un determinado patrón de gestión y gobernabilidad. Los que se convierten en presidentes o presidentas, se sienten incómodos cuando en algunos comentarios surge el mote de “son gerentes” de países convertidos en empresas.
Sin embargo, esta apreciación es apropiada y está en el itinerario de formar un gobierno de carácter uniforme y planetario.
Si de pronto, la Organización Mundial de Comercio comenzara a fijar las reglas del juego en la conducta interior y exterior de los Estados, y los países llegaran a acuerdos realmente globales de mutua protección, estaríamos frente al sueño realizado del globalócrata por excelencia Adam Smith. O sea: un mundo en libertad comercial con la mínima interferencia del Estado.
Como esto no está ocurriendo con la velocidad esperada, se da el fenómeno exactamente al revés: las redes del capital financiero internacional que realmente forman un nuevo orden mundial trans-estatal, interfieren en los asuntos de un estado que es la elección de sus representantes políticos, en este caso el presidente de la nación.
Perú a través de estas elecciones se ve como un país “anormal” por una razón fundamental: lo que se ve es lo que es. No hay efectismo ni pretensión en los dos candidatos. Eso es un gran mérito. Ambos candidatos, según una expresión mayoritaria de comentaristas, poseen más defectos que virtudes.
Además, mientras más se acerca el día decisivo, ambos ponen la mirada hacia ese “centro político”, el reino de la prudencia y la moderación. De pronto nadie quiere verse polarizado. En la reciente generación de elecciones de máximas autoridades en el continente, el último que así lo hizo fue Evo Morales, y excepcionalmente venció en la elección y ahora tiene más de 70 % de simpatías en las encuestas, otro artefacto que ayuda a distorsionar la aproximación a la realidad.
La percepción más convencional -aunque a estas alturas en una política internacional convertida cada vez más en un espacio impenetrable y a la vez haciéndose más difícil descartar lo que No es convencional- señala sin ambages que cualesquiera sea el triunfador, ninguno estará apoyado por una plataforma de representatividad política coordinada y consistente.
No son partidos fuertes los que dominan la escena y manipulan a los representados, o al menos organizan sus preferencias, si la palabra manipulación suena fuerte. Ahora son movimientos, un término que más acomoda por lo vago y que abarca más tendencias o reclamos en la ciudadanía. La política, después de treinta años de dictaduras implantadas en la región no se ha rejerarquizado.
Gobernabilidad secuestrada
Perú, por el considerable nivel de sus politólogos y de la crítica social, y por esa trayectoria de ruptura radical en el análisis, es un óptimo caso para el estudio. A la distancia, más de alguna persona interesada en el Perú, se pregunta: ¿qué le ha pasado al Perú que en más de una década la política práctica no refleja el nivel del análisis?
No obstante esto no es un problema exclusivo del Perú y se confirma elección tras elección que es un problema generalizado.
¿Qué es lo que importa, que la política se haga bien, o que se resuelvan los problemas de la gente? Ni uno ni lo otro. Lo que interesa es que las transnacionales tengan el control.
Esta parecería ser la definición de base, de acuerdo a los medios acoplados con la inversión extranjera, (un indicador clave, si el país tiene gobernabilidad o no). Esta pareciera ser la característica central de la elección peruana, y si es así vencerá Alan García, porque se puso sistémico, palabrita de moda que entró en el argot del comentario con alta exposición.
El fenómeno en Perú es diametralmente diferente al de Argentina cuando dejó el senador Carlos Menem la Presidencia. Aunque obtuvo más votos que el resto de los aspirantes, al final se trataba de cualquiera menos Menem.
Por una parte la resiliencia del argentino es notoria, y la capacidad del justicialismo para adaptarse es histórica, eso explicaría de por qué Menem obtuvo mayor cantidad de votos. Ambas cualidades en Argentina, quisieron hacernos ver algo que en política se repite continuamente: lo que se ve no es lo que es.
A este punto, es pertinente hacerse preguntas más generales de lo que está pasando con la política en el vecino Perú, en Chile y en otras partes del mundo. Si el fenómeno de la degradación de los estados pasa necesariamente por la degradación de la política, entonces el mundo está en serios aprietos. Es probable que una parte del asunto también le pertenezca a la globalización.
“Al final da lo mismo quién salga elegido, con tal de que no se echen a perder los negocios”, es una frase que puede ser puesta en boca de cualquier grupo empresarial en el mundo.
Si se tuviera que imaginar el planeta como un mercado único -que es la aspiración de los globalizadores- y con un gobierno uniforme, el sistema de representatividad debería manejarse como una empresa. Es una idea de una fuerte cohesión corporativa que se deslizó hace más de 30 años en una reunión del Club de Roma, vía la visión de Maisonrouge, Presidente de la IBM: Un mercado planetario y un gobierno único que administren las naciones.
Perú no está aislado en esta situación. Un país que ha generado políticos y estadistas de envergadura, un país que posee una clara densidad intelectual en su prensa, en su producción académica, pareciera no estar preparado para repensar lo que es la política, antes de entrar en la disyuntiva de si es Humala o García.
