Personalmente, no creo que la casta de poder, llamada Estado, pueda encausar y orientar los movimientos no violentos que surgen de la sociedad civil. Nadie podía creer que, incluso, la maga Michelle, que tiene locos a los habitantes de Borregolandia, terminara siendo desoída por los recalcitrantes pingüinos, coherentes e inteligentes adolescentes, con espinilludos 16 y 17 años.
Es cierto que los ministros de Mamita no han dejado tontería por hacer: el ministro Martín Zilic termina hablando solo, sin que nadie lo escuche y le haga caso; la guagüita Zaldívar dejó la escoba al no controlar a las “tortugas Ninjas” carabineros que se les ocurre apalear a los reporteros y andar mechoneando y manoseando a las adolescentes. Es cierto que nadie se va a hacer responsable de tan brutal metida de pata. Los comités de crisis son un circo en el cual se lucen con sus chistes el profesor tornasol Lagos Weber y Harpo Marx Veloso. Al fin, la pobre Mamá no ha podido salvar tan pronta ruptura de la luna de miel, con un pueblo que estaba hipnotizado con su simpatía y franqueza.
Es que los pingüinos dieron justo en clavo: la educación chilena no sólo está muerta, sino que huele más hedionda que los excusados de los Liceos con “letra y número”. En Borregolandia hay una educación para cada nivel económico-social, que va del caviar, al superocho; en vez de ser un factor de igualdad de oportunidades, sólo ha logrado que los riquetes sean más ricos y que los pobretes sean más pobres. Por eso, los pingüinos no se pueden mientras en la Constitución y la LOCE se entienda la libertad de enseñanza como el derecho de los padres a comprar una buena o mala educación para sus hijos, según cuánto dinero tengan en su billetera. Usted es libre en la medida en que pueda pagar, por tal razón, la educación no es más que una empresa transable en el mercado. Los estudiantes han enseñado a los adultos “Peter Pan” – personaje que quiere vivir una perpetua e irresponsable adolescencia -, que algún día tienen que asumir sus errores y responsabilidad. Es de esperar que este despertar de la sociedad civil provoco este beneficioso efecto, y la república de Borreguilandia sea el reinado de la ciudadanía. Libre no por el dinero sino por la inteligencia
Rafael Luis Gumucio Rivas
