Se nos va el profesor Ricardo Lagos

Quién no se acuerda de un profesor atípico: nos encantaba ponerle sobrenombres; como niños, admirábamos al adulto como un superhombre, pero sabíamos que ganaba un sueldo miserable y tenía un gato que le meaba los pantalones. En los estúpidos aniversarios de curso, todos guatones y sin dientes naturales recordamos al profesor. El presidente Ricardo Lagos es el perfecto profesor: para marcar las comillas o los paréntesis hace un gesto con los dedos de la mano; cuando se enoja con el pillín Daniel López Pinochet, lo señala con el dedo; el profesor tiene muy mal genio y reta a sus empresarios, obreros, estudiantes y, sobretodo, a los periodistas, entre quienes se cuenta a Iván Núñez.

Se nos va el profesor Ricardo Lagos

El profesor fue educado por puras mujeres y. como se sabe, las mujeres son malas formadoras de los hijos hombres; cada broma o tontería de Ricardito era celebrada como una genialidad por las féminas que lo acompañaban, e incluso, dicen los mal hablados que le regalaron una banda presidencial cuando cumplió cinco años. Ricardo estudió en el Instituto Nacional, liceo de elite para aquellos que no frecuentan a los jesuitas. Después Ricardo pasó a estudiar Derecho, en la Universidad de Chile; se hizo radical y escribió un libro en cual denunciaba la concentración del poder económico; en ese tiempo todas las empresas pertenecían a los Matte, a los Alessandri y a algunos siúticos colados, es decir, no como en la actualidad, donde abundan los apellidos turcos, yugoslavos, croatas y de otras nacionalidades exóticas.

Al profesor no le gustaba para nada el billete y amaba la academia: fue secretario general de la Universidad de Chile y profesor de la misma, y en los años 70 Salvador Allende le ofreció la embajada de la Unión Soviética, cuyo pase fue rechazado por los demócrata cristianos. En el exilio, como buen mateo, logró varios postgrados, sobretodo en las ciencias ocultas de la economía. El PS, su partido, es una bolsa de gatos y Ricardo dirigió una de las tantas facciones que lo conformaban, llamado “los suizos”, que no fabricaban chocolates, ni construían relojes de precisión, sino que se dedicaban a colocarse en posiciones tan anodinas y terceristas, que no le daban ningún peso en esta pelea de fieras hambrientas de poder; el mexicano Ricardo Núñez y Jorge Arrate eran los herederos del mayoneso Altamirano. Al fin, el profesor logró aparecer en política, señalando con el dedo a Daniel López .

Nuestro docente también es un poco narciso: le encanta mirarse en el espejo e, incluso, se encuentra bonito; su sonrisa es parecida a un buzón de correo o un gran plátano. Como ministro de educación se lució colocando en todos los liceos computadores para que los niños vieran cositaspunto.com y, por excitación sexual aprendieran, de alguna manera, por lo menos el uso de la H , la P y la CH. Después se especializó en la construcción de puentes colgantes que, por desgracia, se caían al paso de los pesados camiones, y después se puso a jugar a los autitos creando autopistas de alta velocidad. Con el correr del tiempo, el pobre profesor fue derrotado, en el camino a La Moneda, por el empresario Lázaro Frei. Al final en el año 2000 fue elegido en competencia con el arcángel Lavín.

Al principio de su gobierno, todos los alumnos se reían del profesor, el colegio nacional estaba endeudado hasta las patas que ni para la tiza había dinero, pero el profesor se hizo amigo del Cristo de Palo Longueira, quien le prestó algunos centavos. Al fin el profesor logró ser adorado por los alumnos de todos los pelajes: los empresarios, que regalaban a raudales dinero para las escuelas, los obreros, las dueñas de casa, los universitarios, los apitutados de la CUT y otros; nuestro académico contaba chistes fomísimos pero sus discípulos estábamos obligados a reírnos ante el peligro de que el profesor nos colocara un uno. Por ejemplo, cuando se robaron la plata de la CORFO, lo comparó con el hurto de un florero; cuando un pobre señor desnudo pidió que le solucionaran sus problemas por parte de los insensibles empleados públicos, le pidió que se vistiera. El profesor, seguramenmte dejará caer una lágrima cuando le entregue la Banda Presidencial a la Abeja Reina Michelle Bachelet.