Nuevas victorias para los conservadores en EEUU

Lo que para unos, legisladores y políticos demócratas y defensores de los derechos humanos, es espionaje ciudadano, para la Administración Bush y el propio presidente es vigilancia a los terroristas. Nuevamente, la lucha de las palabras y de la percepción ciudadana. Es el caso, todavía de actualidad y objeto en este momento, de investigación por el Senado, de las escuchas a ciudadanos norteamericanos por la Nacional Security Agency, NSA, sin la preceptiva autorización judicial.

En su comparecencia reciente, el ministro de Justicia, Alberto Gonzales, uno de los ideólogos de la justificación de la tortura, insistió en lo dicho también por Bush en que la Constitución y la resolución del legislativo inmediatamente después del 11S autorizan lo hecho. La investigación arrojará escasa luz y no tendrá consecuencias políticas, pues los demócratas saben que la mayoría de la opinión pública los castigará si los perciben como blandos con el terrorismo. Lo de siempre en esta guerra contra el terror que nunca termina y que da bazas a los republicanos. Nada nuevo.

 

 
Esa opción está reflejada claramente, una vez más, en el proyecto de presupuesto recién presentado al legislativo y que debe entrar en vigor el próximo 1 de octubre. Más cañones y menos mantequilla. El gasto militar y de seguridad interior crece el 7 por ciento mientras que hay importantes recortes en programas como educación, vivienda y protección ambiental. Como afirmó un legislador demócrata, “un presupuesto es una declaración de elecciones, y este presupuesto las hace equivocadas”. Pero es que además en el gasto militar no se vuelven a incluir los gastos para Iraq y Afganistán, que están suponiendo unos cien mil millones de dólares anuales.

Tampoco, y a pesar de estar en autodeclarado tiempo de guerra, suben los impuestos. Al contrario, se pretende hacer permanentes las rebajas de impuestos personales aprobadas estos últimos años y que han beneficiado, hay acuerdo unánime en eso, a quienes más tienen. El resultado de todo esto es que cuando Bush inició su presidencia en el 2001 la previsión era de un superávit presupuestario del orden de 5,6 billones de dólares entre el 2002 y el 2011, y ahora la previsión de la Oficina Presupuestaria del Congreso es de un déficit de 2,2 billones de dólares para el inmediato quinquenio. Como los republicanos siguen insistiendo en que están contra los déficit y a favor de bajar los impuestos para “quienes crean riqueza”, la resultante es el recorte de gastos sociales, plenamente coherente con su ideología de que los pobres y marginados están así porque ellos lo quieren o lo merecen. Nada nuevo, tampoco.
 

En una segunda presidencia con el más bajo apoyo popular desde los tiempos del Watergate, Bush y el conservadurismo norteamericano, mayoritario en este país, pueden mirar con enorme satisfacción la final configuración de la que es, seguramente, la institución más decisiva del país dado el carácter vitalicio de sus miembros, como es el Tribunal Supremo. La elección de su nuevo presidente, Roberts, y la última del superconservador juez Alito suponen la culminación de años de trabajo planificado de los sectores ultraconservadores, a través de instrumentos como la Federalist Society, creada en 1982, en pleno reaganismo, el padre de muchas cosas de las que hoy vemos. En un tribunal de nueve miembros, cuyas decisiones moldean el país durante mucho tiempo, previsiblemente Alito será quien rompa los empates, y mientras su predecesora, la jueza O’Connor, lo hacía en un sentido u otro, es de prever que Alito lo hará siempre del lado más conservador. Para eso esta ahí. Tampoco nada nuevo

.