Sólo los desprestigiados partidos políticos de la Concertación lograron imponer a dos megaterios: el enanito Andrés Zaldívar y el pedante economista Alejandro Foxley, quien cree que la economía es un rosario de lugares comunes. Lamentablemente, es el pituto el ser de la Democracia Cristiana y, a punta de chantaje, logró siete ministerios, para seguir haciéndole daño a la Concertación.
Los únicos damnificados por las decisiones de Michelle Bachelet, nuestra Mami, fueron los PPD: ni siquiera Abdula Bitar, aunque rezó las cinco oraciones prescritas por Mahoma, logró el ministerio de Economía, que le permitiría controlar el desarrollo del barrio Patronato. El filósofo de la Sinagoga, Jorge Schaulsohn, acaba de descubrir la idea genial de que no es necesario tener olor a pata, sobaco o poto, para ser izquierdista; es decir, ojalá ningún partido socialdemócrata admita en sus filas a los malolientes rotos: todo por los rotos, pero sin los rotos, como predicaba el despotismo ilustrado; por lo demás, Carlos Marx estaba casado con una aristócrata y odiaba la ignorancia de los obreros. Fidel Castro era hijo de un latifundista gallego; el Che Guevara, de la clase media de Córdoba; Lenin era hijo de un profesor; Salvador Allende, un pije socialista. Como ven ustedes, Jorge tiene razón: ningún roto con olor a pata ha sido líder socialista; lo mejor es preocuparse por sus miserias, denunciar , a través de la Prensa, la enorme brecha entre ricos y pobres , y por qué no, convertirlos en buenos apostadores en la Bolsa de Comercio.
No es necesario tener olor a pata para ser izquierdista
Los dirigentes de esta verdadera legión extranjera que es el Partido por la Democracia, están ganando el premio del humor. Antiguamente, el rey de los payasos era el senador Nelson Ávila, que cambió de circo al de los pechadores del Partido Radical Socialdemócrata; como el PPD no tiene ninguna ideología, ni siquiera ideas nuevas, se puede ingresar con el solo carnet de identidad y, como en la legión extranjera, a nadie se le recuerda su pasado.
Se puede haber sido amante de Stalin y convertirse en sacerdote del mercado sin ningún cargo de conciencia; se puede haber sido cucharero radical y convertirse en un fanático liberal newyorkino, como Jorge Schaulsohn. El jefe de este original Partido es Víctor Barrueto – su nombre es una chapa -, se parece físicamente al famoso inspector Columbo y vuelve locas a las señoras de más de sesenta años.
Qué maravilloso sería un Chile socialista sin rotos, tal como lo pregona nuestro profeta Jorge.