Civilizaciones y manipulaciones

Las viñetas de la discordia fueron publicadas en Dinamarca a comienzos de septiembre del año pasado. Pero es ahora, en  febrero de 2006, cuando el asunto revienta…¡y en qué forma!, creando una situación internacional tensa, extrema, de la máxima preocupación. Hechos de violencia afloran por muchos puntos neurálgicos del orbe y masas enardecidas  recorren calles, incendian sedes diplomáticas, chocan con policías antidisturbios y mueren jóvenes en las calles.  La justificación de los “portavoces” es que se ha vulnerado la inviolabilidad de la imagen divina de Mahoma, se ha faltado el respeto a una religión milenaria.

Es verdad: se ha faltado el respeto a una religión -y a sus practicantes- de una manera torpe y sin sentido. Incluso, sin mayor gracia creativa ni estética. Pero eso no justifica la violencia que se ha desatado cinco meses después de que se hicieran públicas las citadas viñetas.  Se puede comprender la indignación de quienes se sienten agraviados, pero de ahí a considerar válidas las reacciones de violencia indiscriminada, dista mucho.


A alguien le interesa sacar ahora  el asunto de las viñetas, magnificarlo, azuzar a los más fanáticos, que arrastran a masas de creyentes. Y ahondar en un problema latente, agudizado por los atentados de las Torres Gemelas, de los trenes de Madrid o del Metro de Londres. A alguien le interesa que se profundice en un choque de civilizaciones en el momento actual de la vida cotidiana. A alguien le interesa tapar algún asunto grave con un biombo de envergadura, que distraiga la atención de la sociedad.  Desgraciadamente, ejemplos hay muchos. Simplemente dejo al lector que busque en los aconteceres cotidianos, en las grandes noticias que conmueven al mundo, las posibles explicaciones .  A alguien le viene bien abrir un barranco entre civilizaciones, entre culturas y religiones.


Encontrar motivos en unas viñetas de mal gusto en general y de escaso valor creativo, no ha resultado difícil. Manipular gente, activar fanatismos, en consecuencia, ha sido fácil.


Por eso se hace necesario que el concepto de libertad de expresión sea concebido dentro de un marco ético básico.  Porque, “cuando la libre expresión no va acompañada de la conveniente auto-moderación, se expone a que las reacciones de los agraviados sean desproporcionadas y enardecidas“, dice con razón Federico Mayor Zaragoza, el español Co-Presidente del Grupo de Alto Nivel de las Naciones para la Alianza de Civilizaciones.   Y agrega que esto es una tarea de todos los seres humanos, sea cual sea su cultura, creencia o ideología, porque existe un anhelo generalizado de paz. Y todos podemos actuar en esa dirección, dentro del marco que nos imponen los derechos y deberes de cada cual.


Para evitar la proliferación de tales manipulaciones y el éxito de las mismas, me quedo con lo que dice Mayor Zaragoza, “hagamos en forma apremiante un esfuerzo para el diálogo y la conciliación, para la alianza y el no enfrentamiento. Identificando lo que nos une y valorando lo que nos separa, para encauzar nuestro destino, irremediablemente comun”.