Chile es un país de marcada separación entre las clases sociales, eso es indesmentible. Basta mirar los barrios de Santiago o de cualquier ciudad del país, basta mirar la segregación educacional, la que queda claramente establecida en los colegios del barrio alto, donde todos son ABC1, y se podría arriesgar a decir que son, más bien, AyB. En las áreas urbanas limítrofes, socialmente hablando, como Ñuñoa, la Reina o la Florida, la segregación queda mucho más evidenciada, porque quedan por ahí nichos urbanos de bajos ingresos que colindan, asquientamente, con los de ingresos medios y altos; También lo va a notar en las jerarquías militares y policiales, en las jerarquías eclesiásticas, etc. En el plano intelectual-vean nuestros premios Nobel- se tiende a escapar de esta lógica, a pesar de los privilegios del adocenado mediocre y de los esfuerzos de sus financistas para endosarlos.
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