“Un serio problema que tuvimos en Copenhague fue que todos queríamos un acuerdo legalmente vinculante.
“En Copenhague el nivel de ambición no era realista en relación a lo que era alcanzable”.
Felipe Calderón, presidente de México, nación que a partir de la COP 16 (Conferencia de las Partes) asume la presidencia del CMNUCC por un año, tras la reunión del G-20 realizada en Japón, declaró a la prensa:
“â
�� la construcción de un nuevo tratado que aborde el llamado Protocolo Post Kyoto, el período posterior al Protocolo de Kyoto, que vence en 2012, va a ser muy difícil de poder concretar en Cancúnâ��”“No es esa la idea de esta reunión (COP 16), no es específicamente lo que está en las prioridades de los países hasta ahora”, subrayó el mandatario mexicano.
¿A qué países podría aludir esta cita?
Sectores mayoritarios de la opinión pública mundial, y expertos y representantes de varios países en desarrollo, opinan que esa visión corresponde a la de las naciones industrializadas.
O sea, que aquellos que no tienen esas “prioridades” están en el conjunto de naciones más ricas del planeta.
En los últimos días previos a la Cumbre del Clima han ido creciendo las voces que denuncian el manifiesto interés del mundo desarrollado de barrer definitivamente el Protocolo de Kyoto.
Cuando se aprobó este documento en 1997 en la tercera COP de Kyoto, Japón, tras más de dos años de arduas negociaciones, contenía compromisos jurídicamente vinculantes para 39 naciones industrializadas.
Estados Unidos, que nunca llegó a ratificar su adhesión bajo la presidencia de William Clinton, renegó de este en 2001, tras la llegada de George W. Bush a la Casa Blanca. Y aunque en una reunión de alto nivel realizada en ese mismo año en Canadá, el Protocolo de Kyoto sufrió ajustes a favor del mundo desarrollado, se acordó que su puesta en marcha ocurriría en 2005.
Como casi todo el mundo sabe, la primera fase del Protocolo (2008-2012) finalizará a la vuelta de la esquina.
Desde la COP 13, realizada en 2007 en Bali, Indonesia, las naciones oficializaron su interés por dar continuidad a este compromiso internacional, a pesar de lo poco que su aplicación ha conseguido.
El documento de Kyoto refrenda una reducción del promedio global de emisiones de al menos cinco por ciento respecto a las mediciones de los años 90. Este porcentaje global se debía alcanzar con metas muy concretas y diferentes, según el caso, y de obligatorio cumplimiento de cada uno de los países desarrollados firmantes.
La mayor responsabilidad recaía en esas naciones, causantes del 55 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, estimulantes del calentamiento global.
Estados Unidos, el principal emisor mundial -25 por ciento- se ha dado el lujo de no ratificar el compromiso.
Más adelante se añadieron al tratado el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), el mercado del carbono, mecanismos de financiación y otras iniciativas, surgidas en principio para contribuir a hacer realidad el cumplimiento de ese cuerpo legal.
Poco o casi nada se ha logrado en la ejecución del Protocolo.
Las naciones en desarrollo, así como las regiones de la Tierra más vulnerables al cambio climático como los estados insulares, han debido librar y libran aún duras batallas para que se reconozcan sus intereses.
La Cumbre realizada en Copenhague, con un final poco menos que escandaloso, al decir de muchos, mostró al mundo el poco interés o voluntad política que el mundo desarrollado tiene en ratificar compromisos vinculantes para la reducción de emisiones.
Entre las voces de alerta escuchadas, está la advertencia realizada por China en la última reunión preparatoria de la Cumbre, realizada en Tianjin, ciudad portuaria de su territorio.
Su Wei, negociador de China para el cambio climático dijo que algunos países desarrollados tratan de modificar el Protocolo de Kyoto para evadir sus compromisos respecto a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
El objetivo oculto, subrayó, es evitar el establecimiento de las metas de recortes de las emisiones para después de 2012.
Añadió que algunas naciones ricas, sin mencionar nombres, quieren una modificación sustancial del mencionado documento, lo que calificó de un retroceso incluso comparado con el fallido encuentro de Copenhague.
Cualquier acción dirigida a derrocar el Protocolo de Kyoto debe ser denunciada, dijo a la prensa.
Mientras la agenda de la COP se prepara para centrar los debates en el citado paquete equilibrado y operativo, se sabe que el Grupo ad hoc para la financiación a largo plazo incorpora un conjunto de propuestas promovidas por los países ricos.
Las jornadas de la COP tendrán en cuenta propuestas hechas por un Grupo Asesor, anunciadas el pasado 5 de noviembre por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.
Este paquete sugiere desde la implantanción de impuestos por transporte aéreo y marítimo internacional, hasta la revitalización de los llamados mercados del carbono y otros mecanismos que ya han mostrado su ineficacia para reducir las emisiones.
Se espera que se incluyan los temas esenciales para los países en desarrollo y los sectores más vulnerables del planeta, como los emanados de la Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra.
No se debe ignorar que algunas de las propuestas, ahora avaladas por la ONU y la CMNUCC, provienen de la pretendida Declaración rechazada por los pueblos en diciembre pasado en Copenhague.
Con estas, se pretende diluir la responsabilidad y los compromisos trazados para las naciones desarrolladas en el actual Protocolo de Kyoto.
De este modo las responsabilidades pasarían a los países que luchan por avanzar y obtener recursos para enfrentar el cambio climático.
Los integrados al Grupo de los 77 más China, los pequeños estados insulares, los integrados en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), las voces de poblaciones nativas y de los pueblos en general recogidas en la Declaración de Derechos de la Madre Tierra, defienden la persistencia del Protocolo de Kyoto.
Su no continuidad, después de 2012, significará un verdadero golpe a los esfuerzos de los humanos por enfrentar y ralentizar el cambio climático, cuyas consecuencias ya sufren millones de personas.
La Cumbre de la Tierra realizada en Río de Janeiro en 1992 instó a la humanidad a actuar para preservar el planeta y la especie. Llevamos casi dos decenios a la espera
