No hace mucho te contaba que la noción estadística del PIB no vale un peo de conejo. Creo haber precisado que su inventor, -el economista de origen ruso Simon Kuznets-, ya había dicho que el PIB era perfectamente inútil para medir el avance de la calidad de vida de una nación. Tan es así que algunas almas pías buscan un indicador más pertinente. Sarkozy, por ejemplo, le encargó a tres economistas meditar sobre el tema y proponer algo más apañado.
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El muy a la moda Joseph Stiglitz, el aburrido Amartya Sen y el iconoclasta Jean-Paul Fitoussi se rajaron con una especie de FIB, que mide la Felicidad Interna Bruta. La firme, no me estoy cachondeando.
A tal punto que los servicios franceses de la estadística intentan incluir en sus herramientas las nociones de bienestar y de desarrollo durable. El Instituto Nacional de Estadísticas (INSEE) anunció haber producido nuevos datos “que aportan un nuevo enfoque de la economía”. Por ejemplo, “para darle más importancia a la distribución del ingreso y al consumo” el INSEE los estima “por categoría de hogares”. Lo que tiene el mérito de poner en evidencia que en Francia “el 20% de hogares más afortunados dispone del 40% del total del ingreso disponible bruto, mientras que el 20% más modesto obtiene un 8%”.
¿Y en Chile me dirás tú? El 20% pelolais se apodera de casi un 68% del ingreso, y el 20% flaite se conforma con un escuálido 3%. Si no sabías porqué al capital extranjero le gusta tanto Chile, ahora lo sabes.
Los galos proseguirán produciendo nuevos índices de datos como la salida precoz del sistema escolar, la participación de las mujeres en las instituciones gubernamentales y parlamentarias, el empleo de los adultos mayores, y otros tan dicharacheros como los que te cuento.
En noviembre el INSEEE publicará un estudio sobre las condiciones de vida de los franceses, estudio que toma en cuenta las condiciones de vivienda, las restricciones de consumo, el endeudamiento, la morosidad en el pago de deudas, la salud, la educación, las condiciones de trabajo, la participación en la vida pública, la inseguridad física, la inseguridad económica y otros datos que constituirán “un indicador de bienestar que sintetice las diferentes dimensiones”.
Uno osa apenas sugerir que tal estudio sea realizado en Chile. Entre las mediaguas y los campamentos callampas, un millón de compatriotas que no comen todos los días, la delación de las listas del Dicom, el atraso en el pago de las imposiciones, el hospital de Talca y semejantes, los pingüinos y los universitarios estafados, los mineros enterrados vivos, el sistema electoral binominal y la Constitución de la dictadura, el conflicto mapuche, las delincuencias (patos malos y patos de cuello y corbata), los atropellos a la Naturaleza, la tercerización, los subcontratos y el laburo-así-te-quiero-mi-negra… vamos de culo.
Tal vez por eso El Mercurio abunda en otro tipo de estadísticas, como por ejemplo: “Confianza empresarial alcanza su mayor nivel en cuatro años”, u otra que nos llena el alma de gozo: “Competencia entre proveedores y masificación de tecnologías generan fuerte caída en precios de televisores de grandes dimensiones”. Con uno de estos, y para más inri en 3D, ves el culo de la Kenita como si lo tuvieses en las manos…
Y eso, -eso al menos-, los franceses no lo tienen.
A tal punto que los servicios franceses de la estadística intentan incluir en sus herramientas las nociones de bienestar y de desarrollo durable. El Instituto Nacional de Estadísticas (INSEE) anunció haber producido nuevos datos “que aportan un nuevo enfoque de la economía”. Por ejemplo, “para darle más importancia a la distribución del ingreso y al consumo” el INSEE los estima “por categoría de hogares”. Lo que tiene el mérito de poner en evidencia que en Francia “el 20% de hogares más afortunados dispone del 40% del total del ingreso disponible bruto, mientras que el 20% más modesto obtiene un 8%”.
¿Y en Chile me dirás tú? El 20% pelolais se apodera de casi un 68% del ingreso, y el 20% flaite se conforma con un escuálido 3%. Si no sabías porqué al capital extranjero le gusta tanto Chile, ahora lo sabes.
Los galos proseguirán produciendo nuevos índices de datos como la salida precoz del sistema escolar, la participación de las mujeres en las instituciones gubernamentales y parlamentarias, el empleo de los adultos mayores, y otros tan dicharacheros como los que te cuento.
En noviembre el INSEEE publicará un estudio sobre las condiciones de vida de los franceses, estudio que toma en cuenta las condiciones de vivienda, las restricciones de consumo, el endeudamiento, la morosidad en el pago de deudas, la salud, la educación, las condiciones de trabajo, la participación en la vida pública, la inseguridad física, la inseguridad económica y otros datos que constituirán “un indicador de bienestar que sintetice las diferentes dimensiones”.
Uno osa apenas sugerir que tal estudio sea realizado en Chile. Entre las mediaguas y los campamentos callampas, un millón de compatriotas que no comen todos los días, la delación de las listas del Dicom, el atraso en el pago de las imposiciones, el hospital de Talca y semejantes, los pingüinos y los universitarios estafados, los mineros enterrados vivos, el sistema electoral binominal y la Constitución de la dictadura, el conflicto mapuche, las delincuencias (patos malos y patos de cuello y corbata), los atropellos a la Naturaleza, la tercerización, los subcontratos y el laburo-así-te-quiero-mi-negra… vamos de culo.
Tal vez por eso El Mercurio abunda en otro tipo de estadísticas, como por ejemplo: “Confianza empresarial alcanza su mayor nivel en cuatro años”, u otra que nos llena el alma de gozo: “Competencia entre proveedores y masificación de tecnologías generan fuerte caída en precios de televisores de grandes dimensiones”. Con uno de estos, y para más inri en 3D, ves el culo de la Kenita como si lo tuvieses en las manos…
Y eso, -eso al menos-, los franceses no lo tienen.
