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La derecha en cualquier lugar del mundo es la misma, actúa igual. La relación que tiene con los pobres es muy mala, está en sus genes ideológicos. A la derecha los pobres le dan asco, los margina, los arrincona en los extremos, no tiene ninguna importancia aportar a su promedio de vida.
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Esto, que parece ser postal tan cotidiana en nuestro continente es lo que sucede en Francia, en el mundo desarrollado, es en Europa, en el continente que pretende convertirse en motor y referente ideológico de la economía mundial. Entre los altos edificios gubernamentales europeos, sus tiendas Dior, Armani, Paco Rabanne o Lafayette, transitan marginados, excluidos, personas a quien nadie quiere, sencillamente porque son pobres y se les conoce como gitanos. Si los gitanos fueran dueños de bancos, inmobiliarias, aseguradoras y propietarios de cadenas de supermercados, les sobrarían los gentiles con alfombra roja bajo el brazo, pero no es así.
Los gitanos son y han sido en Rumania un sector social excluido y pobre, le han pegado palos todos los que han gobernado ese país, fueron junto a los comunistas alemanes los que inauguraron el Campo de Concentración de Dachau, allí los caratularon como “antisociales” y “delincuentes” y por haber obtenido este titulo, eran vejados, los mataban a palos calmando así las pasiones de sus guardianes. En la época de Nicolás Ceausescu tampoco sus condiciones de vida sufrieron grandes transformaciones, no había gitanos en el Comité Central del Partido, no les llamaban camaradas gitanos, siguieron siendo considerados simplemente…gitanos.
En Rumania hablar mal de los gitanos no es grave, es deporte nacional, no es considerado un signo ni manifestación xenófoba, todo lo contrario. Hace algún tiempo una periodista fue tratada de “gitana inmunda”, cuando intentó hacer una pregunta al presidente Traian Basescu, con esas palabras le respondió la máxima autoridad, quien al parecer confundió la sala de conferencias con la cocina de su casa, donde se encuentra su esposa.
Y en Francia, el país de la Revolución Francesa, de La Comuna, el territorio de Zola, de André Malraux, por mencionar algunos, los gitanos no viven en la holgura, no son los favorecidos del sistema, ellos mendigan, arrastran el estigma de ser poca cosa para la sociedad, se les asocia a la miseria, robo, delito, son mendigos, y en nombre de una interpretación de la Ley, que hace la derecha francesa y Nicolas Sarkozy, deben volver a su lugar de origen, Rumania, justamente cuando la popularidad del Primer Ministro se encuentra en niveles muy bajos, y también para satisfacer los discursos de la extrema derecha, esos, los herederos de los que se bajaron los pantalones a la llegada de los nazis.
Frente a estas deportaciones, las autoridades rumanas han afirmado con desparpajo asombroso que una manera de apoyar y aportar de manera concreta a la integración de los gitanos en algunos países de la Europa Comunitaria, es enviar policías rumanos, que tienen según ellos, un alto conocimiento de las conductas y formas de vida gitana. Notable defensa de sus ciudadanos hace el gobierno rumano, mirando hacia el lado.
Los gitanos vuelven a Rumania “por su propia voluntad” afirma Nicolás Sarkozy. Nadie los quiere esa es la verdad. Hace algunas semanas el Ministro de Relaciones Exteriores de Rumania, en una reunión con su similar francés, sostuvo públicamente que: “algunas comunidades rumanas, tienen problemas psicológicos, relacionados con la delincuencia, especialmente las comunidades gitanas”… asombro causa este rumano adicto a la democracia.
Francia, gobernada por Nicolás Sarkozy, descendiente de inmigrante, que no tiene ningún antepasado conocido que haya estado en la Toma de la Bastilla, ni en la Comuna de Paris, ni Templario, ni en las calles combatiendo durante la Liberación, decide salir a cazar gitanos, así de literal, darles 400 euros y enviarlos de vuelta a su país, luego de que estos “deportados de los tiempos actuales” firmaran un documento donde se comprometen a no volver a la Francia.
Todos los partidos progresistas de Europa han condenado al gobierno francés por esta aberración de los tiempos modernos, la derecha política lo consideró una medida justa y… votó a favor.
Los ciudadanos rumanos o búlgaros como europeos, pueden transitar libremente y trabajar en cualquier país de la Comunidad Europea desde el 2009.
