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Como quien ordeña una vaca lechera, el senador Walker estruja la situación de los cubanos que abandonaron su país luego de estar por varios años en prisión acusados de traicionar a su patria. Aprovechando la uniformidad de los medios de comunicación, Walker ha usado a ese hombre cuyo destino está en sus manos oportunistas y que tarde o temprano lo dejará librado a su suerte.
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No más pase la euforia que, de tarde en tarde, afecta a algunos escasos de figuración pública.
Falto de ideas y de iniciativa, ahora propone que los cubanos que hicieron una huelga de hambre entre los cuales hay una víctima fatal y al resto de los que aceptaron irse a España, sean premiados con el premio Nobel de la Paz. En la conducta de los cubanos contrarios al socialismo, a quienes les fue demostrada su colusión del imperialismo norteamericano de quienes recibían financiamiento, el senador Walker ve “un acto heroico, un testimonio casi sobre humano”.
De tarde en tarde, durante los cincuenta y un años que tiene la Revolución Cubana, han aparecido agoreros que juran que de aquí a poco será restaurado el capitalismo en la isla. Con la misma frecuencia, aparecen walkeres de distintas nacionalidades que hacen esfuerzos por aparecer como los más anticubanos, furibundos defensores de la democracia, esforzados luchadores por los derechos humanos.
Sin haber aprendido ni la más mínima lección, los sujetos como Walker disparan contra Cuba y su revolución no importando para nada lo que dice la historia. Para esta gente enferma de desfachatez, lo importante es aparecer con ideas originales para destacarse en la fotografía y serles simpáticos a los que digitan contra Cuba cuanta operación criminal se les ocurre.
Para Walker no ha existido el desembarco de tropas mercenarias por playa Girón. No sabe que esos 1.189 invasores fueron canjeados al gobierno de USA por alimentos para niños y medicinas, el año 1961. No sabe de los intentos de la CIA por distribuir infecciones en el ganado y las plantaciones de la isla. No tiene noticias de los centenares de intentos por matar a los dirigentes de la revolución, ni de los atentados que en varias partes del mundo han significado la muerte de diplomáticos cubanos. Nadie le ha informado del atentado del vuelo CU 455 de Cubana de Aviación que mató a 73 personas, incluidos los jóvenes miembros del equipo de esgrima cubanos, el año 1976. Obviamente tampoco sabe que el criminal que puso esa bomba goza de la protección del gobierno de Estados Unidos.
Y por cierto, no sabe que los que han organizado y dirigido estas aberraciones, son los mismos que mantienen un bloqueo criminal por más de cincuenta años, y que violando incluso sus propias leyes, mantienen por siete años encarcelados a cinco patriotas, cuyo crimen fue advertir de los atentados terroristas que se intentaron cometer en territorio cubano.
Los postulantes de Walker al Premio Nobel de la Paz han sido parte de la maquinaria que estados Unidos ha mantenido durante medio siglo en contra de un país que ha decidido su forma de vivir. Una cosa es no estar de acuerdo con el socialismo, el que camine las calles de La Habana lo sabrá, y otra muy distinta es vivir a costa del dinero mercenario que distribuyen los estadounidenses para desestabilizar la revolución.
Para Walker esto no importa y se hace eco de las acusaciones sin fundamento de sus clientes. Jamás se le ha demostrado a Cuba las acusaciones que sus fanáticos enemigos le han querido endosar. No ha sido posible nunca mostrar un solo caso de tortura, de juicio al margen de las leyes, ni un caso de tortura, ni de desaparición, ni trato cruel o degradante.
Cuba se ha visto obligada a defenderse de las agresiones impulsadas por la mayor potencia económica y militar de la historia de la humanidad. Y lo ha hecho con el decoro de las ideas revolucionarias heredadas de Martí y con la valentía y heroísmo de sus hijos. Pasarán a la historia de la ignominia los walkeres de todos los tiempos que han intentado enlodar la limpia cara de la revolución. Limpia, no perfecta. Como toda obra humana, la revolución cubana ha hecho las cosas con los equívocos propios de esa naturaleza. Errores, nunca horrores.
La propuesta insólita de postular a un Premio Nobel a quienes traicionaron su patria, cosa curiosa, podría tener eco en quienes deciden según sus intereses y beneficios. No es casual que el último de los laureados sea el presidente Barak Obama que tiene en sus manos todas las guerras existentes, y la suma de todos los horrores en sus arsenales, los que podría detonar mañana con costos inimaginables en vidas humanas y sufrimientos.
Cuba y su revolución no necesita de postulaciones ni de premios Nobel. Cuba necesita ser ella y no lo que sus enemigos quieren que sea. No hace mucho Cuba fue elegida por aclamación para la vicepresidencia de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Que Walker (¿chozno de William?) explique tamaña aberración de la comunidad internacional.
Falto de ideas y de iniciativa, ahora propone que los cubanos que hicieron una huelga de hambre entre los cuales hay una víctima fatal y al resto de los que aceptaron irse a España, sean premiados con el premio Nobel de la Paz. En la conducta de los cubanos contrarios al socialismo, a quienes les fue demostrada su colusión del imperialismo norteamericano de quienes recibían financiamiento, el senador Walker ve “un acto heroico, un testimonio casi sobre humano”.
De tarde en tarde, durante los cincuenta y un años que tiene la Revolución Cubana, han aparecido agoreros que juran que de aquí a poco será restaurado el capitalismo en la isla. Con la misma frecuencia, aparecen walkeres de distintas nacionalidades que hacen esfuerzos por aparecer como los más anticubanos, furibundos defensores de la democracia, esforzados luchadores por los derechos humanos.
Sin haber aprendido ni la más mínima lección, los sujetos como Walker disparan contra Cuba y su revolución no importando para nada lo que dice la historia. Para esta gente enferma de desfachatez, lo importante es aparecer con ideas originales para destacarse en la fotografía y serles simpáticos a los que digitan contra Cuba cuanta operación criminal se les ocurre.
Para Walker no ha existido el desembarco de tropas mercenarias por playa Girón. No sabe que esos 1.189 invasores fueron canjeados al gobierno de USA por alimentos para niños y medicinas, el año 1961. No sabe de los intentos de la CIA por distribuir infecciones en el ganado y las plantaciones de la isla. No tiene noticias de los centenares de intentos por matar a los dirigentes de la revolución, ni de los atentados que en varias partes del mundo han significado la muerte de diplomáticos cubanos. Nadie le ha informado del atentado del vuelo CU 455 de Cubana de Aviación que mató a 73 personas, incluidos los jóvenes miembros del equipo de esgrima cubanos, el año 1976. Obviamente tampoco sabe que el criminal que puso esa bomba goza de la protección del gobierno de Estados Unidos.
Y por cierto, no sabe que los que han organizado y dirigido estas aberraciones, son los mismos que mantienen un bloqueo criminal por más de cincuenta años, y que violando incluso sus propias leyes, mantienen por siete años encarcelados a cinco patriotas, cuyo crimen fue advertir de los atentados terroristas que se intentaron cometer en territorio cubano.
Los postulantes de Walker al Premio Nobel de la Paz han sido parte de la maquinaria que estados Unidos ha mantenido durante medio siglo en contra de un país que ha decidido su forma de vivir. Una cosa es no estar de acuerdo con el socialismo, el que camine las calles de La Habana lo sabrá, y otra muy distinta es vivir a costa del dinero mercenario que distribuyen los estadounidenses para desestabilizar la revolución.
Para Walker esto no importa y se hace eco de las acusaciones sin fundamento de sus clientes. Jamás se le ha demostrado a Cuba las acusaciones que sus fanáticos enemigos le han querido endosar. No ha sido posible nunca mostrar un solo caso de tortura, de juicio al margen de las leyes, ni un caso de tortura, ni de desaparición, ni trato cruel o degradante.
Cuba se ha visto obligada a defenderse de las agresiones impulsadas por la mayor potencia económica y militar de la historia de la humanidad. Y lo ha hecho con el decoro de las ideas revolucionarias heredadas de Martí y con la valentía y heroísmo de sus hijos. Pasarán a la historia de la ignominia los walkeres de todos los tiempos que han intentado enlodar la limpia cara de la revolución. Limpia, no perfecta. Como toda obra humana, la revolución cubana ha hecho las cosas con los equívocos propios de esa naturaleza. Errores, nunca horrores.
La propuesta insólita de postular a un Premio Nobel a quienes traicionaron su patria, cosa curiosa, podría tener eco en quienes deciden según sus intereses y beneficios. No es casual que el último de los laureados sea el presidente Barak Obama que tiene en sus manos todas las guerras existentes, y la suma de todos los horrores en sus arsenales, los que podría detonar mañana con costos inimaginables en vidas humanas y sufrimientos.
Cuba y su revolución no necesita de postulaciones ni de premios Nobel. Cuba necesita ser ella y no lo que sus enemigos quieren que sea. No hace mucho Cuba fue elegida por aclamación para la vicepresidencia de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Que Walker (¿chozno de William?) explique tamaña aberración de la comunidad internacional.
