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Son millones ya. En todo el planeta. En unas cuantas semanas, y solamente en una región aislada del mundo, se produjeron alrededor de 2 millones de desplazados. Todos ellos podrían calificar para pedir refugio en cualquiera de las pacificadas y garantizadas democracias occidentales.
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Lo que vale subrayar es el acotamiento no sólo normativo que se ha venido dando de forma paulatina a tal delicado derecho de todo ser humano. Hoy en día, el derecho al asilo político y al refugio humanitario es un derecho residual, un derecho que está quedando en los últimos lugares en la larga lista de los derechos humanos, ya de por sí pisoteados por doquier. Hay entonces un largo camino legislativo que ha introducido decenas de normativas encaminadas a restringir tal derecho. Un camino exitoso, ya que si bien las demandas de refugio y asilo han venido creciendo, se han reducido definitivamente los canales para interponer tales demandas. Pero lo que más urge subrayar es el hecho de que posiblemente entre las intenciones europeas no existe la clara voluntad de borrar tal derecho, sino únicamente de volverlo discrecional. Dicho en otra palabras, los gobiernos de la UE, en lugar de cancelar el derecho al refugio, quieren quitarle certeza y volverlo un derecho otorgado arbitrariamente por el gobierno en turno. El argumento muchas veces utilizado es que el aumento de demandas de asilo respondería, en realidad, a la voluntad de darle la vuelta a las cada vez más estrictas normas migratorias. Quizás sea cierto en parte –y si lo fuera, hay que considerarlo muy legítimo–. En realidad, tal aumento responde a un contexto globalizado en el que la guerra, la persecución y la violación de los derechos humanos se están volviendo cada vez más presentes. Hacer del derecho al asilo y al refugio un instrumento discrecional, absolutamente en manos de los gobiernos, y de los deseos políticos de los partidos en turno, es hoy el objetivo –casi alcanzado– en la vanguardista UE.
Lo que vale subrayar es el acotamiento no sólo normativo que se ha venido dando de forma paulatina a tal delicado derecho de todo ser humano. Hoy en día, el derecho al asilo político y al refugio humanitario es un derecho residual, un derecho que está quedando en los últimos lugares en la larga lista de los derechos humanos, ya de por sí pisoteados por doquier. Hay entonces un largo camino legislativo que ha introducido decenas de normativas encaminadas a restringir tal derecho. Un camino exitoso, ya que si bien las demandas de refugio y asilo han venido creciendo, se han reducido definitivamente los canales para interponer tales demandas. Pero lo que más urge subrayar es el hecho de que posiblemente entre las intenciones europeas no existe la clara voluntad de borrar tal derecho, sino únicamente de volverlo discrecional. Dicho en otra palabras, los gobiernos de la UE, en lugar de cancelar el derecho al refugio, quieren quitarle certeza y volverlo un derecho otorgado arbitrariamente por el gobierno en turno. El argumento muchas veces utilizado es que el aumento de demandas de asilo respondería, en realidad, a la voluntad de darle la vuelta a las cada vez más estrictas normas migratorias. Quizás sea cierto en parte –y si lo fuera, hay que considerarlo muy legítimo–. En realidad, tal aumento responde a un contexto globalizado en el que la guerra, la persecución y la violación de los derechos humanos se están volviendo cada vez más presentes. Hacer del derecho al asilo y al refugio un instrumento discrecional, absolutamente en manos de los gobiernos, y de los deseos políticos de los partidos en turno, es hoy el objetivo –casi alcanzado– en la vanguardista UE.Lo que vale subrayar es el acotamiento no sólo normativo que se ha venido dando de forma paulatina a tal delicado derecho de todo ser humano. Hoy en día, el derecho al asilo político y al refugio humanitario es un derecho residual, un derecho que está quedando en los últimos lugares en la larga lista de los derechos humanos, ya de por sí pisoteados por doquier. Hay entonces un largo camino legislativo que ha introducido decenas de normativas encaminadas a restringir tal derecho. Un camino exitoso, ya que si bien las demandas de refugio y asilo han venido creciendo, se han reducido definitivamente los canales para interponer tales demandas. Pero lo que más urge subrayar es el hecho de que posiblemente entre las intenciones europeas no existe la clara voluntad de borrar tal derecho, sino únicamente de volverlo discrecional. Dicho en otra palabras, los gobiernos de la UE, en lugar de cancelar el derecho al refugio, quieren quitarle certeza y volverlo un derecho otorgado arbitrariamente por el gobierno en turno. El argumento muchas veces utilizado es que el aumento de demandas de asilo respondería, en realidad, a la voluntad de darle la vuelta a las cada vez más estrictas normas migratorias. Quizás sea cierto en parte –y si lo fuera, hay que considerarlo muy legítimo–. En realidad, tal aumento responde a un contexto globalizado en el que la guerra, la persecución y la violación de los derechos humanos se están volviendo cada vez más presentes. Hacer del derecho al asilo y al refugio un instrumento discrecional, absolutamente en manos de los gobiernos, y de los deseos políticos de los partidos en turno, es hoy el objetivo –casi alcanzado– en la vanguardista UE.
Lo que vale subrayar es el acotamiento no sólo normativo que se ha venido dando de forma paulatina a tal delicado derecho de todo ser humano. Hoy en día, el derecho al asilo político y al refugio humanitario es un derecho residual, un derecho que está quedando en los últimos lugares en la larga lista de los derechos humanos, ya de por sí pisoteados por doquier. Hay entonces un largo camino legislativo que ha introducido decenas de normativas encaminadas a restringir tal derecho. Un camino exitoso, ya que si bien las demandas de refugio y asilo han venido creciendo, se han reducido definitivamente los canales para interponer tales demandas. Pero lo que más urge subrayar es el hecho de que posiblemente entre las intenciones europeas no existe la clara voluntad de borrar tal derecho, sino únicamente de volverlo discrecional. Dicho en otra palabras, los gobiernos de la UE, en lugar de cancelar el derecho al refugio, quieren quitarle certeza y volverlo un derecho otorgado arbitrariamente por el gobierno en turno. El argumento muchas veces utilizado es que el aumento de demandas de asilo respondería, en realidad, a la voluntad de darle la vuelta a las cada vez más estrictas normas migratorias. Quizás sea cierto en parte –y si lo fuera, hay que considerarlo muy legítimo–. En realidad, tal aumento responde a un contexto globalizado en el que la guerra, la persecución y la violación de los derechos humanos se están volviendo cada vez más presentes. Hacer del derecho al asilo y al refugio un instrumento discrecional, absolutamente en manos de los gobiernos, y de los deseos políticos de los partidos en turno, es hoy el objetivo –casi alcanzado– en la vanguardista UE.Lo que vale subrayar es el acotamiento no sólo normativo que se ha venido dando de forma paulatina a tal delicado derecho de todo ser humano. Hoy en día, el derecho al asilo político y al refugio humanitario es un derecho residual, un derecho que está quedando en los últimos lugares en la larga lista de los derechos humanos, ya de por sí pisoteados por doquier. Hay entonces un largo camino legislativo que ha introducido decenas de normativas encaminadas a restringir tal derecho. Un camino exitoso, ya que si bien las demandas de refugio y asilo han venido creciendo, se han reducido definitivamente los canales para interponer tales demandas. Pero lo que más urge subrayar es el hecho de que posiblemente entre las intenciones europeas no existe la clara voluntad de borrar tal derecho, sino únicamente de volverlo discrecional. Dicho en otra palabras, los gobiernos de la UE, en lugar de cancelar el derecho al refugio, quieren quitarle certeza y volverlo un derecho otorgado arbitrariamente por el gobierno en turno. El argumento muchas veces utilizado es que el aumento de demandas de asilo respondería, en realidad, a la voluntad de darle la vuelta a las cada vez más estrictas normas migratorias. Quizás sea cierto en parte –y si lo fuera, hay que considerarlo muy legítimo–. En realidad, tal aumento responde a un contexto globalizado en el que la guerra, la persecución y la violación de los derechos humanos se están volviendo cada vez más presentes. Hacer del derecho al asilo y al refugio un instrumento discrecional, absolutamente en manos de los gobiernos, y de los deseos políticos de los partidos en turno, es hoy el objetivo –casi alcanzado– en la vanguardista UE.
Lo que vale subrayar es el acotamiento no sólo normativo que se ha venido dando de forma paulatina a tal delicado derecho de todo ser humano. Hoy en día, el derecho al asilo político y al refugio humanitario es un derecho residual, un derecho que está quedando en los últimos lugares en la larga lista de los derechos humanos, ya de por sí pisoteados por doquier. Hay entonces un largo camino legislativo que ha introducido decenas de normativas encaminadas a restringir tal derecho. Un camino exitoso, ya que si bien las demandas de refugio y asilo han venido creciendo, se han reducido definitivamente los canales para interponer tales demandas. Pero lo que más urge subrayar es el hecho de que posiblemente entre las intenciones europeas no existe la clara voluntad de borrar tal derecho, sino únicamente de volverlo discrecional. Dicho en otra palabras, los gobiernos de la UE, en lugar de cancelar el derecho al refugio, quieren quitarle certeza y volverlo un derecho otorgado arbitrariamente por el gobierno en turno. El argumento muchas veces utilizado es que el aumento de demandas de asilo respondería, en realidad, a la voluntad de darle la vuelta a las cada vez más estrictas normas migratorias. Quizás sea cierto en parte –y si lo fuera, hay que considerarlo muy legítimo–. En realidad, tal aumento responde a un contexto globalizado en el que la guerra, la persecución y la violación de los derechos humanos se están volviendo cada vez más presentes. Hacer del derecho al asilo y al refugio un instrumento discrecional, absolutamente en manos de los gobiernos, y de los deseos políticos de los partidos en turno, es hoy el objetivo –casi alcanzado– en la vanguardista UE.
Lo que vale subrayar es el acotamiento no sólo normativo que se ha venido dando de forma paulatina a tal delicado derecho de todo ser humano. Hoy en día, el derecho al asilo político y al refugio humanitario es un derecho residual, un derecho que está quedando en los últimos lugares en la larga lista de los derechos humanos, ya de por sí pisoteados por doquier. Hay entonces un largo camino legislativo que ha introducido decenas de normativas encaminadas a restringir tal derecho. Un camino exitoso, ya que si bien las demandas de refugio y asilo han venido creciendo, se han reducido definitivamente los canales para interponer tales demandas. Pero lo que más urge subrayar es el hecho de que posiblemente entre las intenciones europeas no existe la clara voluntad de borrar tal derecho, sino únicamente de volverlo discrecional. Dicho en otra palabras, los gobiernos de la UE, en lugar de cancelar el derecho al refugio, quieren quitarle certeza y volverlo un derecho otorgado arbitrariamente por el gobierno en turno. El argumento muchas veces utilizado es que el aumento de demandas de asilo respondería, en realidad, a la voluntad de darle la vuelta a las cada vez más estrictas normas migratorias. Quizás sea cierto en parte –y si lo fuera, hay que considerarlo muy legítimo–. En realidad, tal aumento responde a un contexto globalizado en el que la guerra, la persecución y la violación de los derechos humanos se están volviendo cada vez más presentes. Hacer del derecho al asilo y al refugio un instrumento discrecional, absolutamente en manos de los gobiernos, y de los deseos políticos de los partidos en turno, es hoy el objetivo –casi alcanzado– en la vanguardista UE.Lo que vale subrayar es el acotamiento no sólo normativo que se ha venido dando de forma paulatina a tal delicado derecho de todo ser humano. Hoy en día, el derecho al asilo político y al refugio humanitario es un derecho residual, un derecho que está quedando en los últimos lugares en la larga lista de los derechos humanos, ya de por sí pisoteados por doquier. Hay entonces un largo camino legislativo que ha introducido decenas de normativas encaminadas a restringir tal derecho. Un camino exitoso, ya que si bien las demandas de refugio y asilo han venido creciendo, se han reducido definitivamente los canales para interponer tales demandas. Pero lo que más urge subrayar es el hecho de que posiblemente entre las intenciones europeas no existe la clara voluntad de borrar tal derecho, sino únicamente de volverlo discrecional. Dicho en otra palabras, los gobiernos de la UE, en lugar de cancelar el derecho al refugio, quieren quitarle certeza y volverlo un derecho otorgado arbitrariamente por el gobierno en turno. El argumento muchas veces utilizado es que el aumento de demandas de asilo respondería, en realidad, a la voluntad de darle la vuelta a las cada vez más estrictas normas migratorias. Quizás sea cierto en parte –y si lo fuera, hay que considerarlo muy legítimo–. En realidad, tal aumento responde a un contexto globalizado en el que la guerra, la persecución y la violación de los derechos humanos se están volviendo cada vez más presentes. Hacer del derecho al asilo y al refugio un instrumento discrecional, absolutamente en manos de los gobiernos, y de los deseos políticos de los partidos en turno, es hoy el objetivo –casi alcanzado– en la vanguardista UE.
