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Agosto 19, 2026

Mediación escolar

Hemos observado cómo los últimos acontecimientos noticiosos, nos  muestran esta horrenda realidad que viven los niños/as en sus lugares de estudio, que debieran ser espacios privilegiados de protección y cuidado para su formación como seres humanos sanos y felices.  

En lugar de ello, los adultos les hemos ofrecido una sociedad que ellos imitan, llena de humillación y violencia, que transgrede sus más íntimos derechos, convirtiendo a estos sujetos de derecho, en seres encogidos por el dolor y la necesidad de protección, ante feroces ataques de sus pares.
 
 Cotidianamente en nuestros establecimientos escolares se producen conflictos de menor o mayor gravedad, tales como las burlas, ridiculizaciones, descalificaciones, marginación, indiferencia, abuso de poder, etc., originados en la poca tolerancia al  tener creencias e intereses diferentes o bien poseer características físicas especiales.
 
Sin perjuicio de que las discrepancias son inherentes a la condición humana, es necesario poner atención a la forma cómo se están enfrentando éstas en nuestra comunidad educativa, ya que cuando los conflictos no son abordados a tiempo o son resueltos por la vía del poder, imponiéndose el más fuerte sobre el más débil, se generan agresiones y abusos, produciendo daños irreversibles.
 
 
Manifestaciones como el Bullying, en que el abuso que ejerce una persona o grupo sobre otra,  puede ser de tipo físico, psicológico o sexual. Los agresores son  verdaderos matones para sus víctimas, las que son objeto de ridículo y humillación. Otras formas de agresión comunes en el ámbito escolar son: el juego rudo, la discriminación y/o marginación de un alumno o  alumna por sus características físicas, condición social, étnica,  orientación sexual, la violencia cibernética. Y otra vía de agresión ocupada hoy por muchos niños y/o jóvenes es internet, medio en que postean utilizando comentarios agresivos, fotos humillantes,  sin consideración a sus víctimas que son sus propios compañeros.
 
La existencia de estas graves manifestaciones de violencia presente en los sistemas educativos, amerita la necesidad de incorporar la mediación escolar a la educación chilena, a través de la propuesta de un modelo de intervención, cuyo eje central sea la educación restaurativa. Ésta, entiende que el conflicto tiene tres caras y una de ellas es la sociedad que debe responsabilizarse en el proceso de impartir justicia, que no sólo pertenece a la víctima,  al victimario, o autoridad escolar como ente regulador, sino  a toda la comunidad escolar, situando a estos actores en un equilibrio de poderes y obligaciones respecto a la falta, sus orígenes  y  consecuencias.
 
La justicia restaurativa, su reparación, la recuperación del ofensor, al reconocer el daño causado, manifestar su arrepentimiento, recibir el perdón voluntario de la víctima, producir una reconciliación y reconstitución de lazos con la víctima y la comunidad.
 
La mediación restaurativa permite la protección de la víctima y su participación directa, contemplando la coincidencia de sus necesidades de curación con el proceso de reparación del daño material, social, moral que debe ofrecer el ofensor, mediante un proceso educativo y socializante; en que la víctima explique su angustia, siendo acogida por el infractor en su afectación personal, quién asume más responsabilidad y se enfrenta  a lo dañino de su acción. La dimensión de la relación humana, primero ausente en la percepción del culpable, se pone en total evidencia. En el otro extremo de la relación, se reestructura la imagen del culpable, el odio y el temor difuso tienden a desaparecer.
 
La sanción a su vez tendrá un sentido, no sólo de castigo o represalia, sino de relación directa con la lesión a un bien jurídico que el conjunto social ha estimado relevante y que quiere proteger.
 

Por: Isabel González, abogada y Directora del Centro de Mediación de la Universidad Central de Chile.