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Agosto 18, 2026

Un país precario

Se esmeraron en crear una nación especial. Amplio e irreductible libremercado, neoliberal en su esencia filosófica, competitiva al grado de que el principal enemigo es nuestro compañero, el que trabaja, estudia o permanece a nuestro lado.  Cada cual se arregla como puede. Nada de andar buscando privilegios o beneficios especiales, porque si no estás muy atento, te mueres de hambre.

Así, hemos llegado a un nivel de descomposición que sólo un terremoto puede descubrir.

El Estado, pequeño e inútil, quedó en evidencia. Los organismos públicos que, según la Constitución, deben velar por el bien común de todos los habitantes de la nación, no tienen una pala para remover los escombros e intentar rescatar una vida.

La carencia de medios alternativos de comunicación fue patética a la hora de su necesidad.

La enorme tecnología comunicacional con que (supuestamente) contamos, se desmorona precisamente cuando es más necesaria.

Carreteras y puentes recién construidos, bajo cálculos computacionales indiscutibles, no resisten y terminan transformados en escombros.

Edificios que parten en dos y dejan ver, ante un observador lego, materiales baratos y de fácil destrucción que no responden al precio cobrado a la hora de su venta.

Ante todo esto, la autoridad se muestra impotente.

Observaban el devenir de la tragedia sin saber qué hacer, y lo peor, sin comprender la razón de que, siendo elementos imprescindibles para enfrentar emergencias, a ningún genio se le haya ocurrido tener en los escritorios de los mandos regionales un simple teléfono satelital.

En tanto la población, ahíta de exitismo, enferma de necesidades por la publicidad que tanto el Estado como el mercantilismo le han insuflado en el alma, aprovecha la oportunidad y sustrae bienes ajenos que no le significarán ninguna utilidad en la supervivencia futura.

La precaria distribución de la riqueza será fundamental para elaborar las políticas futuras.

No habrá solución mientras el 1% de la población tenga su bolsillo repleto con cerca del 50% de la riqueza nacional.

Quisiéramos proponer múltiples ideas para reformular la actitud de la Administración, no sólo en tiempos de crisis sino de manera permanente, pero lo haremos a través de los medios legales a los que tenemos acceso.

Entretanto, debemos sacarnos de la mente la idea de que somos un país grande, desarrollado y poderoso.

La publicidad sólo nos sirve para la conversación del café.

La realidad ha quedado demostrada, está a la vista en la herida abierta por las fuerzas naturales.

JLP

 

Juan Luis Paredes <paredesjl1@hotmail.com>