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Agosto 18, 2026

La vida de los otros. ¿todos con Piñera?

Marco no acepta el acuerdo para tratar de impedir el triunfo de Piñera en la segunda vuelta, que es eso lo que ha propuesto Arrate. A Marco parece no asustarle el triunfo de la derecha, de los que gobernaron con Pinochet y mataron a su papá y a los compañeros de su papá. Parece darle lo mismo.

¿Hasta dónde quiere llegar Marco?
 
La Presidenta da a entender que su candidato no es Piñera pero no se juega en contra de Piñera, no llama a no votar por él.

Dice que va a votar por Frei pero no convoca a hacerlo. ¿No le asusta un triunfo de la derecha, de los que gobernaron con Pinochet? ¿No sabe que su estrategia actual no está dando resultados?

¿No le preocupa a la Presidenta tener que entregar el gobierno a los que siempre la ningunearon y están dispuestos a “cambiar” lo que ella ha hecho? ¿Qué responsabilidad histórica es esa?
 
Fernando Flores apoya sin remilgos a Piñera y se juega porque él llegue a la presidencia.

A Flores no le asusta un triunfo de la derecha o cree que él pesará más que la derecha en el gobierno de Piñera.

A Flores no le asusta, sino que le gusta, el triunfo de los que bombardearon La Moneda, liquidaron al Presidente Allende, mataron a sus amigos y compañeros y a él lo mandaron a Dawson.

A un jovencito nacido hace veinte o treinta años no se le puede exigir que recuerde esos hechos lamentables pero a gente como Flores, sí.
 
El senador Pizarro, jefe “territorial” (¿con quiénes hace campaña en el territorio si los partidos de la Concertación disolvieron su militancia?) de la campaña de Frei, confunde homosexual con pederasta y violador de niños, que es como confundir a los seres humanos comunes y corrientes con los degenerados, y ataca a la Iglesia a menos de un mes de las elecciones.

A Pizarro no le asusta un triunfo de la derecha. A él sólo le interesa, al parecer, su senaturía.
 
Los máximos dirigentes de los partidos de la Concertación prefirieron manejar a pocos militantes disciplinadamente en vez de abrir las puertas para desarrollar militancia, y eliminaron así, entre otras, toda posibilidad de competir políticamente, en la relación con la gente, con los grandes medios de comunicación, que pertenecen y pertenecerán a la derecha de turno mientras haya capitalismo.

A los dirigentes de la Concertación no les asusta un triunfo de la derecha que gobernó con Pinochet.

Camilo está preocupado de su senaturía, Pepe Auth de su posible y cada vez más lejana diputación y Juan Carlos Latorre de su campaña y de la de su distinguida esposa.

A ninguno de ellos les asusta verdaderamente un triunfo nacional de la derecha. Más aún, muchos de ellos, sacan la cuenta de “lo interesante” que sería ver cómo ésta desgobierna y prepararse para volver en cuatro años más, limpios (-creen-) de ataques por corrupciones e incapacidades.
 
No hace mucho connotados artistas que alguna vez estuvieron cerca del PC y de la izquierda de la Concertación aparecieron haciendo propaganda comercial a favor de las AFP, de las Isapres, de las farmacias coludidas. ¿Les volverán a pedir a la gente, en alguna franja presidencial, que voten por los que pueden ponerlas en capilla?
 
Y Roberto Ampuero, el nuevo intelectual de la derecha, ha proclamado su amor por Piñera después de haber proclamado en su vida, y más de una vez, su amor por el comunismo chileno, por el comunismo cubano y por el comunismo alemán cuando estos tres últimos estaban en el poder. El olfato de Ampuero es indiscutible. Su actual decisión nos notifica.
 
Para colocar las guindas de las tortas, los de Océanos Azules organizan asados para juntar fondos para Frei (¿quién va a creer que los pudientes que apoyan a Frei no tienen dinero para la campaña o que la ley electoral no existe para ir en su ayuda?¿ la iniciativa de Océanos Azules no vocea la debilidad de Frei?) y Eugenio Tironi explica, en radio, cómo se hace la franja televisiva y lo mucho que él sabe sobre eso, y nada dice, por supuesto, sobre qué debe hacerse con un publicista que, teniendo todo el apoyo de un gobierno que tiene el 70 % de apoyo, monitorea a un candidato que anda en alrededor de un 25  % de apoyo.
 
Está claro que, en  el fondo, a  todos ellos se les olvidó “el nosotros”, les está fallando la técnica y se les deslavó el pasado.
 
Parece ser que, como buenos deuteragonistas de un tiempo sin crítica y sin sueños, en el que nada importa la vida de los otros, cada uno de ellos mira su propio ombligo y se encomienda a su propio dios por su propia suerte.
 
¿Y el pueblo? ¿Y Chile?