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Agosto 18, 2026

La doble falta de Pizarro

La primera falta del senador Pizarro al homologar sacerdotes pervertidos que se encuentran en relevante número dentro de los estamentos de la Iglesia Católica con ciudadanos homosexuales que constituyen un número significativo de la población es una ofensa gratuita disparada sobre la comunidad gay. 

Pizarro confunde la condición homosexual con la condición de pervertido, de vicioso.
 
De paso, vuelve ofender a los homosexuales estigmatizándolos dentro de una religión que tiene reservado para sus sacerdotes y monjas la represión de la propia sexualidad. Es como estigmatizar a los homosexuales con cualquier grupo de la sociedad en que se encontraran en número superior a la media y que además ese grupo tuviera una característica negativa.
 
Se han conocido datos de la Iglesia Católica en Brasil y USA en que así es el caso, la orientación homosexual del clero local es significativamente superior al promedio de la población que se ha fijado en un 10%.
 
La manía controladora de la Iglesia católica sobrepasa el campo de sus feligreses y de sus fans. La historia de Chile y la universal está inmersa en ese negativo efecto del catolicismo.
 
Es inaceptable que los obispos se sigan metiendo en nuestras vidas, lo digo en mi condición de ateo. Nada tengo que ver con curas, ni con sus dogmas. Menos con sus costumbres.
 
No porque estemos en tiempos de elecciones vamos a quedarnos callados. La impertinencia de Goic debiera ser refrendada enérgicamente por los candidatos presidenciales, sobretodo porque han sido aludidos directamente.
 
Los curas pretenden meter su cola en el texto de la propaganda política. Eso es verdaderamente inaceptable. Un programa político va dirigido a toda la ciudadanía, no a los feligreses católicos.
 
Si la Iglesia cree tener ascendencia en su grey, que los orienten en sus prédicas dominicales, pero que no pretendan intervenir en las políticas públicas ni en el discurso político.
 
Pienso que la jerarquía católica ha traspasado todo los límites de lo que la sensatez aconseja. Estamos tan acostumbrados a su desatinado accionar, que seguimos aceptando como corderos sus mandatos sin siquiera chistar.
 
Intervienen de lo más general a lo más particular. Se opusieron a la ley de divorcio, a la enseñanza de educación sexual, a la píldora del día después, con la misma energía con que descalificaban el uso del condón en las relaciones sexuales, detalle ese en que opinaban de algo que de suyo no conocen o no debieran conocer de acuerdo a lo que se sabe de sus castas normas.
 
Nadie quiere hacer olitas, no es políticamente correcto atacar a la Iglesia , ella tiene el control sobre algún electorado que puede dar vuelta una elección. Ese es el chantaje, y ese es el oportunismo de los candidatos que debieran reaccionar por respeto a la dignidad del cargo que están pretendiendo.
 
No se trata de reaccionar furiosamente como lo hizo el senador Pizarro, ahí están sus efectos colaterales al confundir las cosas. Se trata simplemente de poner en su lugar “con todo respeto y en suave tono” al vocero de los obispos, se trata de mantener permanentemente una actitud de distancia con ellos puesto que ellos permanentemente están tratando de controlar e intervenir a toda a la población.
 
Cuando tiene validez la voz de la Iglesia en la sociedad , es cuando la voz del pueblo ha desaparecido. Así fue en el pasado reciente – la voz de los que no tienen voz – y así es en el presente, en que el pueblo ha sido diezmado, ahogado, reemplazado por el oportunismo y la traición.
 
S.S.S Felipe Salvatierra