|
Encontradas reacciones en contra y en favor de un presidente que tiene nueve meses en gestación. Los asombros, en todos sentidos, por el otorgamiento del Nobel de la Paz al presidente estadunidense ocurren acaso porque se trata de la principal figura referente de la política internacional de nuestros días.
|
Más que un reconocimiento, se le ha echado encima una mayor responsabilidad. No se le ha coronado con laureles: se le ha aumentado su obligación con el mundo; es así como el propio Obama ha entendido el Nobel de la Paz.
Pero, más allá de los propósitos, algunos medios han hecho algunos recuentos de hechos que pueden ser anotados en el haber de Obama. El País recuerda que ha iniciado el despeje de Guantánamo, donde aún había centenares de presos, no procesados ni juzgados ni condenados, y aunque admite que no podrá cumplir su promesa de cerrar el campo de la infamia en enero de 2010, por razones políticas (ambos partidos están divididos respecto de la Ley Helms-Burton), el principio del fin de esa ignominia parece una realidad; en diciembre expira el tratado START con Rusia para la limitación de armas nucleares; la sensible mejora de relaciones con Moscú es enteramente obra de Obama y permite algún optimismo; la retirada de Irak es un hecho: dejará el país sin tropas de combate, y quizá de ninguna clase, para finales de 2011; la negociación sobre el programa nuclear iraní comenzó el pasado primero de octubre y lo abrupto de la situación no le negará a Obama la posibilidad de combinar con éxito generosidad y firmeza. En nueve meses ha hecho no poco y es de esperarse que en cuatro años haga mucho más. Nadie puede asegurar que resolverá la situación de Pakistán y Afganistán, o la de Palestina e Israel. Es claro que las cosas no dependen exclusivamente de su voluntad. Hay muchos actores en el escenario. El premio se otorga por lo que se alcanza, no por lo que no se alcanza. Si así no fuera, Koffi Annan no habría sido galardonado.Fortalecer a Obama en sus propósitos de intentar un mundo multipolar y no llegar a todas partes con el revólver en la mano, como hacía Bush e innumerables presidentes de Estados Unidos, sino con un discurso de conciliación y un propósito de alcanzar acuerdos civilizados entre partes en conflicto es altamente loable, porque se agrega fuerza a quien más fuerza tiene para intentar crear otro mundo.
Fortalecer a Obama en sus propósitos de intentar un mundo multipolar y no llegar a todas partes con el revólver en la mano, como hacía Bush e innumerables presidentes de Estados Unidos, sino con un discurso de conciliación y un propósito de alcanzar acuerdos civilizados entre partes en conflicto es altamente loable, porque se agrega fuerza a quien más fuerza tiene para intentar crear otro mundo.
Fortalecer a Obama en sus propósitos de intentar un mundo multipolar y no llegar a todas partes con el revólver en la mano, como hacía Bush e innumerables presidentes de Estados Unidos, sino con un discurso de conciliación y un propósito de alcanzar acuerdos civilizados entre partes en conflicto es altamente loable, porque se agrega fuerza a quien más fuerza tiene para intentar crear otro mundo.
