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Agosto 18, 2026

El binominal y la falta de competencia

Lo primero que se puede afirmar del binominal, es que se trata de un sistema electoral anómalo, sin paralelo en ninguna democracia del planeta y sólo utilizado anteriormente por la -hace tiempo desaparecida- dictadura comunista del general Jaruzelski en Polonia. La verdad es que no estamos ante un auténtico sistema electoral, ya que el binominal representa un artilugio raro, inventado para tonar anodina la voluntad soberana expresada en el sufragio universal.

En efecto, el binominal está diseñado para subrepresentar a la primera mayoría y sobrerepresentar a la segunda fuerza, con lo que se busca otorgar un cupo a cada lado del espectro político, transformando así los resultados electorales en un empate permanente, que impide el gobierno de la mayoría, en virtud del poder de veto que adquiere la minoría (33%=66). Este efecto contramayoritario se torna aún más antidemocrático e impresentable si agregamos a ello el quorum de super mayoría que se exige para la reforma de cualquier materia relevante de las que la dictadura dejó amarradas en leyes orgánicas constitucionales y de quorum calificado.

En virtud de lo señalado, el binominal, más que un sistema electoral, constituye un fraude electoral y, como tal, no admite reformas ni perfeccionamientos, sino sólo su eliminación y reemplazo.

Por otra parte, discrepo en cuanto a la necesidad de limitar la reelección de los parlamentarios, ya que ello sólo ocultaría la causa de que se produzcan eternizaciones en el Congreso, la que reside en la falta de competencia que provoca nuestro fraudulento sistema binominal. Éste hace que las elecciones no sean tales, sino sólo la “ratificación” de designaciones partidarias previas, las que se concretizan en la obtención de un cupo para la Alianza y otro para la Concertación, i.e., el cuoteo más escandaloso de que se tenga antecedente en nuestra historia y que se expresa en este aliancertacionismo del que vivimos prisioneros desde 1990 y que tanto agrada a nuestros apernados representantes.

Finalmente, creo que el candidato que plantee derechamente y sin ambages el cambio de la actual institucionalidad, espuria e ilegitima, con la aprobación de una nueva Constitución, que consagre finalmente la democracia plena que aún no alcanzamos, obtendrá un plus de apoyo irremontable en la próxima elección presidencial, en la que no rige el binominal.