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Agosto 18, 2026

Literatura: entre amigos y enemigos

¿Se ha dado cuenta que los libros ahora llevan un código de barras igual que tantos otros productos de consumo masivo? Se trata del código ISBN, un estándar internacional que se aplica en Chile desde el año 1986 y que le ha permitido a nuestra industria editorial tener una radiografía precisa de lo que se publica.

Y si bien el informe estadístico que acaba de presentar la Cámara del Libro hace un estudio comparativo sólo a partir del año del año 2000 en adelante, es muy relevante la información sobre la industria editorial hoy en Chile y, por favor, no piense que esto es sólo materia de interés de especialistas. Es importante que usted sepa qué pasa con sus amigos…sí, esos amigos que da la literatura, como Borges se refería a Stevenson y que de seguro usted tendrá los suyos. Y escuche bien: “En efecto, hay ciertos escritores por los que sentimos algo que no puede ser descrito sencillamente como admiración o interés sino que merece ser llamado amistad. Ni siquiera la tenemos por los más grandes, sino por los más nuestros. Nos identificamos con sus temas, con su humor, con el tono de su voz, con sus caprichos y hasta con sus debilidades y errores, que por tanto no nos resultan muy fáciles de disculpar. Preferimos su compañía a la de otros más grandes pero más ajenos. En sus páginas nos hallamos a gusto y sentimos ese calorcillo estimulante de reconocimiento mutuo que sólo se obtiene fuera de ahí bebiendo alcohol acompañado en algunas tabernas”. Y nos calzan justo las palabras del filósofo español Fernando Savater cuando en nuestro país  ha sido la literatura el género que por lejos más se edita.

Claro que a la chilena, es decir, libros que se caracterizan por una calidad denominada “rústica”, que aguanta tanto como para que más del 80 por ciento sea de este tipo, que muchas veces terminan desarmados, deshojados… y qué decir de las cantidades, cuando las tiradas en promedio no superan las 500 unidades. De aquí y que a usted no se le olvide: cuando en Chile un autor vende más de 100 mil ejemplares, se expone a las lenguas incandescentes de la hoguera de las vanidades,  por eso hay que desoírlas a la hora de juntarse con “esos amigos” de los que habla Savater.

Este estudio arroja que casi el 90 por ciento de la industria editorial se concentra en la Región Metropolitana , lo que es más que lamentable. Es como el emperador que se pasea orondo y envanecido por las calles de nuestra capital luciendo un aumento de casi un 5 por ciento de su producción editorial nacional, cuando en verdad va desnudo, mostrando su impudicia y egoísmo, dejando a millones de chilenos sin voz, sin la posibilidad de conocer la obra de sus autores locales debido a la centralización.

¿Buenas noticias? Claro, el que podamos tener un espejo cuyo reflejo no pasa por las explicaciones gubernamentales que a la postre uno no sabe cómo, terminan siempre justificándolo todo.

Las malas noticias vienen del seno de la industria editorial, de las asociaciones gremiales que no han logrado hacer del libro una causa común. La Cámara del Libro y la Asociación de Editores Independientes se han ido distanciando a tal punto, que ésta última había optado por restarse a participar en la Feria Internacional del Libro que organiza la primera, y que es la principal actividad en torno al libro que se realiza en Chile.

No se logra entender cómo ambas asociaciones no se ponen de acuerdo en darle la guerra al vergonzoso IVA, por qué no obligan al Estado a incentivar la industria editorial y, prefieren, en cambio, hostilizarse entre ellas, perdiendo de paso, los únicos inocentes, los lectores y sus amigos, los autores.