{mxc}No es por incordiar pero ¿alguien se acuerda de cómo quienes manejan la manija nos tranquilizaban a propósito de la crisis? Hay algún descarado que aun lo intenta. A principios de abril del 2008 la revista financiera Challenges publicaba en primera página una gran foto de un sonriente Ben Bernanke, con un texto que lo decía todo: “¡GRACIAS BEN!” Estos “expertos” daban por hecho que la “experticia” de Bernanke, su conocimiento de la crisis de 1929 (que fue el tema de su tesis de grado) le daban una infalibilidad Papal y el tipo te iba a arreglar el cagazo antes de la cuatro menos diez.
En el mismo número de la citada publicación, Patrick Arthus, gran gurú financiero y director de Estudios Económicos de Natixis aseguraba: “Lo peor ya pasó. Se terminó. Ben Bernanke puso los mercados en orden de marcha”.
Ante el hundimiento de las finanzas planetarias los grandes de este mundo osaban minimizar el fenómeno afirmando que se trataba solo de “una corrección” de los mercados que muy pronto llevaría al equilibrio. ¡Ah! El equilibrio. Walras no andaba lejos y Pareto marchaba detrás. Cabizbajo.
Era la época en la que algunos enteraíllos desarrollaron la teoría del “desacoplamiento” en virtud de la cual el tercer mundo no se contaminaría con una crisis cuyo virus no tenía pasaporte para llegar a los países rascas. Era la época en la que Andrés Velasco osaba declarar “Aquí no hay ni habrá ninguna crisis”, “Tenemos la economía blindada”, y otras sandeces que hoy hacen de él un “héroe nacional”.
Ahora el ministro afirma lo contrario: “Latinoamérica necesita millonario financiamiento para enfrentar la crisis”. Finalmente había crisis, a Velasco le tomo solo dos años y un coscorrón del FMI para darse cuenta. Entonces… ¿acoplados o ensamblados?
Antes de esta confesión hubo anuncios de tipo: “Se ve el fin del túnel”, “A fines del segundo semestre la vamos a romper”, “Estamos trrrabajando…”, “Somos el país mejor preparado…”
Pero los recientes datos relativos al desempleo en Europa, en los EEUU y en Chile, dan escalofríos. Ya ni siquiera Sarkozy, -esa ardilla hiperkinética que corre en la ruedita, sin avanzar-, pretende que la crisis terminó. Ni osa prever cuando pudiese terminar. ¿Qué dirá Michelle, que no hace mucho declaraba que ya veía los signos de la reactivación económica? ¿Habrá comprado gafas?
El G8, devenido G20, se reunió y anunció todas estas medidas, que se resumen en reconstruir las condiciones que le permitieron a los banqueros generar pérdidas por un total de 4 billones de dólares (cifra FMI), lo que equivale al 9% del PIB del mundo…
Las mismas condiciones que, según el Financial Times (08/03/2009), ocasionaron una pérdida de valores bursátiles que alcanza la coqueta cifra de U$ 50 billones o sea 110% del PIB mundial.
Fréderic Lordon -que de esto entiende un puñao-, explica que en el tema de la crisis hay que retener el deseo de apretarle el cuello a los banqueros y a los traders, y sugiere no quedarse en la superficie, sino buscar más profundamente las causas de la debacle: “Cuando las estructuras están instaladas, no hay que sorprenderse de que los actores que se encuentran inmersos en ellas se comporten como estas estructuras les determinan o les autorizan a comportarse”.
Y precisa: “Si incriminar la responsabilidad de los actores inmersos en las estructuras es perfectamente vano, muy pertinente es sin embargo la cuestión de la responsabilidad de aquellos que instalaron las estructuras, y de aquellos que obran para perennizarlas” (el subrayado es del autor).
En otras palabras, Lordon pretende que cuando se trata de responsabilidades no solo se debe mirar la responsabilidad de los “usuarios” de la estructura, sino también la responsabilidad de sus “arquitectos” y la de sus “guardianes”.
Esto es precisamente lo que vengo repitiendo desde 1990: si en el caso de Chile Augusto Pinochet, Jaime Guzmán, los chicago boys y su enjambre de esbirros pusieron el teatro y la obra, quienes hacen de tramoyas, de soplones, de actores, de vendedores de entradas, de promotores, de acomodadores, e incluso aplauden cuando levantan el cartelito “aplausos”, son los patriotas de la Concertación.
Las finanzas mundiales solo pueden enmendarse con medidas radicales que consisten en sacarlas de las manos de la horda de irresponsables e incompetentes que usufructuaron de la estructura que construyeron los adalides de la desregulación y de la libre competencia.
Y en sacar a estos últimos de las posiciones de poder que les permiten ser los guardianes del templo del pillaje, del saqueo, del robo y la explotación.
Dicho en la jerga que se habla en Chile: hay que desvincularles.
Ante el hundimiento de las finanzas planetarias los grandes de este mundo osaban minimizar el fenómeno afirmando que se trataba solo de “una corrección” de los mercados que muy pronto llevaría al equilibrio. ¡Ah! El equilibrio. Walras no andaba lejos y Pareto marchaba detrás. Cabizbajo.
Era la época en la que algunos enteraíllos desarrollaron la teoría del “desacoplamiento” en virtud de la cual el tercer mundo no se contaminaría con una crisis cuyo virus no tenía pasaporte para llegar a los países rascas. Era la época en la que Andrés Velasco osaba declarar “Aquí no hay ni habrá ninguna crisis”, “Tenemos la economía blindada”, y otras sandeces que hoy hacen de él un “héroe nacional”.
Ahora el ministro afirma lo contrario: “Latinoamérica necesita millonario financiamiento para enfrentar la crisis”. Finalmente había crisis, a Velasco le tomo solo dos años y un coscorrón del FMI para darse cuenta. Entonces… ¿acoplados o ensamblados?
Antes de esta confesión hubo anuncios de tipo: “Se ve el fin del túnel”, “A fines del segundo semestre la vamos a romper”, “Estamos trrrabajando…”, “Somos el país mejor preparado…”
Pero los recientes datos relativos al desempleo en Europa, en los EEUU y en Chile, dan escalofríos. Ya ni siquiera Sarkozy, -esa ardilla hiperkinética que corre en la ruedita, sin avanzar-, pretende que la crisis terminó. Ni osa prever cuando pudiese terminar. ¿Qué dirá Michelle, que no hace mucho declaraba que ya veía los signos de la reactivación económica? ¿Habrá comprado gafas?
El G8, devenido G20, se reunió y anunció todas estas medidas, que se resumen en reconstruir las condiciones que le permitieron a los banqueros generar pérdidas por un total de 4 billones de dólares (cifra FMI), lo que equivale al 9% del PIB del mundo…
Las mismas condiciones que, según el Financial Times (08/03/2009), ocasionaron una pérdida de valores bursátiles que alcanza la coqueta cifra de U$ 50 billones o sea 110% del PIB mundial.
Fréderic Lordon -que de esto entiende un puñao-, explica que en el tema de la crisis hay que retener el deseo de apretarle el cuello a los banqueros y a los traders, y sugiere no quedarse en la superficie, sino buscar más profundamente las causas de la debacle: “Cuando las estructuras están instaladas, no hay que sorprenderse de que los actores que se encuentran inmersos en ellas se comporten como estas estructuras les determinan o les autorizan a comportarse”.
Y precisa: “Si incriminar la responsabilidad de los actores inmersos en las estructuras es perfectamente vano, muy pertinente es sin embargo la cuestión de la responsabilidad de aquellos que instalaron las estructuras, y de aquellos que obran para perennizarlas” (el subrayado es del autor).
En otras palabras, Lordon pretende que cuando se trata de responsabilidades no solo se debe mirar la responsabilidad de los “usuarios” de la estructura, sino también la responsabilidad de sus “arquitectos” y la de sus “guardianes”.
Esto es precisamente lo que vengo repitiendo desde 1990: si en el caso de Chile Augusto Pinochet, Jaime Guzmán, los chicago boys y su enjambre de esbirros pusieron el teatro y la obra, quienes hacen de tramoyas, de soplones, de actores, de vendedores de entradas, de promotores, de acomodadores, e incluso aplauden cuando levantan el cartelito “aplausos”, son los patriotas de la Concertación.
Las finanzas mundiales solo pueden enmendarse con medidas radicales que consisten en sacarlas de las manos de la horda de irresponsables e incompetentes que usufructuaron de la estructura que construyeron los adalides de la desregulación y de la libre competencia.
Y en sacar a estos últimos de las posiciones de poder que les permiten ser los guardianes del templo del pillaje, del saqueo, del robo y la explotación.
Dicho en la jerga que se habla en Chile: hay que desvincularles.
