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Agosto 18, 2026

La represión en Perú: historia del etnocidio en América latina

{mxc}El siglo XXI depara sorpresas insospechadas, los travestismos políticos pueden acabar con la dignidad y transformar, otrora antiimperialistas y nacionalistas, en defensores  de  las transnacionales. Es el caso de Alan García y su gobierno.  Sin grandes diferencias, los métodos para  consolidar el poder de estos conglomerados  guardan semejanza con los utilizados en el período post-independencia para solventar la reforma liberal.

Concesiones  para ferrocarriles, puentes, represas, carreteras. Dinero y corrupción para contentar la élite política y bases militares para reducir el peligro de golpes de Estado nacionalistas. Era la manera  de conseguir los objetivos: el control político, económico y militar de un país. El Estado peruano corrobora hoy estas estrategias ejercitando la represión sobre sus pueblos originarios. Si en el Siglo XIX, se lleva a cabo la expulsión de los territorios pertenecientes a los pueblos indígenas para satisfacer las ansias de acumulación de las oligarquías criollas y el imperialismo decimonónico, representado por Estados Unidos y Gran Bretaña, hoy se enajenan sus propiedades para beneficio de las transnacionales y las nuevas oligarquías.

Sin embargo, nunca fue una tarea fácil para las clases dominantes poner en práctica estas decisiones. Son ya quinientos años de resistencia. Pero la contrapartida ha sido utilizar los ejércitos como arma disuasoria. Las primeras campañas de las fuerzas armadas profesionales en Argentina, Chile, México, Perú, Colombia, Paraguay, entre otros países, tuvieron en frente a los Araucanos, Pehuenches, Quechuas, Aymará, Patagones, Chichimecas o Pampeños. Fueron  los primeros enemigos internos. Las matanzas han pasado a la historia. Las oligarquías se ufanaron  de tales estrategias para esquilmar las riquezas de sus pueblos originarios. Asimismo,  la escases de mano de obra, llevó a los pueblos indígenas a una explotación en condiciones de cuasi-esclavitud, causa coadyuvante de un exterminio lento pero continuo. El cuadro se generalizo en toda América latina. Brasil, México, Guatemala, vieron disminuir sus poblaciones aborígenes con la misma celeridad que lo habían hecho durante la conquista. A sus ideólogos y promotores no se les arrugó su conciencia al adjetivar dichas prácticas como una diatriba entre Acivilización o barbarie@. Hoy Alan García habla de la batalla por el progreso.

Ampliar el coto de las haciendas y hacer de sus dueños flamantes terratenientes fue  una y la misma cosa. Las leyes contra vagos y maleantes fueron el argumento para retener en los latifundios a la población indígena. Durante estos dos siglos de independencia se han establecido legislaciones draconianas contra  los derechos de los pueblos indígenas. So pretexto de ofrecerles un mundo mejor, se les obliga a  vender sus tierras, desplazarse o renegar de los derechos de propiedad en beneficio del libre mercado. Si son obedientes y sumisos, a cambio de ceder tierras, se les reubica en parcelas o transforma en cooperativistas, a cambio se les promete construir un dispensario de salud abierto  dos horas al día, una escuela sin medios, gozar de electricidad a precios de usura y comprar semillas transgenicas.  Toda una demostración de la discriminación étnica y del engaño. Se les considera pueblos sin futuro, superados por la historia. Sólo se admite su perfil folklórico para beneplácito de las empresas turísticas. Indios para la exportación.

En la actualidad, las oligarquías criollas, en connivencia con las transnacionales proyectan una segunda gran revolución. Consolidado el orden excluyente y  la reforma del Estado en sus aspectos básicos: privatización,  descentralización, desregulación,  flexibilidad del mercado laboral, ahora se dan a la tarea de  apoderarse de las  selvas semi-tropicales, las aguas, el subsuelo, etc. Son los nuevos megaproyectos donde participan empresas  de energía, farmacológicas, automotrices, de alimentación, constructoras. Es la unión del capitalismo transnacional y los cipayos para adueñarse de los últimos reductos del planeta sin explotar. Todo esta diseñado, desde las formas de gobierno, al gobernanza,  hasta las redes para capitalizar  la inversión. Un nuevo imperialismo se dibuja en las entrañas de América latina.  La democracia representativa se reduce a un cascarón vacío. El control sobre la población obliga a constreñir los derechos políticos a su mínima expresión: el voto. No cabe la diferencia, la dignidad, la justicia social, menos aún los pueblos indígenas, acusados de ser los responsables del subdesarrollo. 

Lo sucedido en Perú no es una excepción, se repite con intensidad variable  en otros países. En México, por ejemplo,  no podemos soslayar la resistencia del EZLN por salvaguardar la selva lacandona y  las formas de autonomía en las Juntas de Buen Gobierno y los caracoles. En Chile la represión sobre la población Mapuche, aplicando las leyes antiterroristas de la dictadura, tiene como objetivo desplazar la población mas al sur y construir represas. Los gobiernos socialdemócratas de la concertación no dudan en mantener encarcelados  a más de quinientos mapuches y asesinar a dirigentes en Asupuestos2 enfrentamientos con  las fuerzas de orden. En Colombia se les dispara bajo el pretexto de  la doctrina de la seguridad democrática.  De esta manera se  restablece el orden. Acusados de terroristas y antipatriotas, se les aplican leyes ad-hoc para exonerar a quienes disparan y asesinan practicando el etnocidio. En estos caso, como suele ocurrir, el sentimiento de impunidad cubre los hechos al interpretarse las acciones de las fuerzas armadas como actos perpetrados en  legítima defensa.

Alan García y su gobierno están convencidos de no haber cometido crímenes de lesa humanidad, ni etnocidio. Por el contrario, están seguro que actúan dentro de la legalidad vigente al hacer cumplir la ley, evitando  un atentado contra la propiedad privada y los derechos de las transnacionales. Su nombre no debemos olvidarlo, entra de lleno en la historia de la ignominia y la traición  contra los pueblos indígenas cometida por los socialdemócratas en nombre del progreso.