Ni la existencia del sistema binominal, concebido ex profeso para escamotear la configuración de una representación parlamentaria que sea real expresión del juego de mayorías y minorías que se manifiesta en toda elección ciudadana, ni la persistente negativa de la minoría que mediante ese expediente adquiere poder de veto frente a cualquier iniciativa de cambio del marco institucional vigente parecen bastar para persuadir al astuto periodista sobre la escasa, por no decir nula, legitimidad de las supuestas credenciales democráticas del sistema político chileno.
Tampoco parecen decirle nada el altísimo porcentaje de la población en edad de sufragar, y muy particularmente de jóvenes, que se resiste a ser parte de este mecanismo electoral precisamente por ser lo que el periodista se empeña en ocultar: una mascarada seudodemocrática que sólo busca legitimar un sistema político putrefacto, únicamente funcional a los oscuros intereses de los poderes fácticos que hoy controlan el país.
Democracia significa gobierno del pueblo, vale decir, que no hay más soberanía que la del pueblo mismo y que por lo tanto es preciso respetar, sin más restricciones que las del resguardo de los propios derechos ciudadanos, la voluntad de las mayorías. Y eso supone la existencia de un sistema político que permita que se generen decisiones que se hallen en real sintonía con los intereses y aspiraciones mayoritarias de la nación. Eso es, precisamente, lo que no acontece en el caso del Chile actual.
Una persona de reales convicciones democráticas no puede, por tanto, hacer una apología del actual sistema político chileno. Por el contrario, debería esforzarse por que podamos desembarazarnos de él mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente de la que pueda surgir un nuevo sistema político efectivamente a tono con la voluntad popular. Y debería esforzarse mientras tanto por lograr que los grandes problemas que afectan al país sean discutidos públicamente y puedan ser resueltos por la propia ciudadanía mediante consulta directa, es decir por la vía de plebiscitos.
Jorge Gonzalorena
10 de junio de 2009
