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Agosto 18, 2026

La estrategia cubana apunta al fin del embargo

La Habana notificó oficialmente a Washington que está lista para iniciar un diálogo bilateral, mientras ratifica que no volverá a la OEA, aunque celebra el término de su exclusión de ese organismo. Esta dualidad apunta a capitalizar su seguidilla de  triunfos diplomáticos no sólo respecto de Latinoamérica y Europa, sino también de la administración de Obama, a quien Fidel Castro suele elogiar. Hablamos de estos temas con José Miguel Insulza.

El proceso iniciado para que Cuba pueda volver a la OEA continúa plagado de contradicciones. Desde luego, el gobierno de Raúl Castro ratificó el lunes lo que ha dicho siempre: que no volverá a una organización controlada “todavía” por Estados Unidos e “incompatible” con los intereses latinoamericanos. Pero apenas se levantó  por unanimidad la exclusión que había regido por 47 años, La Habana, junto con denostar contra “el ministerio de colonias yanqui, lleno de una historia tenebrosa y entreguista”, saludó, de todos modos, ”el valor político, el simbolismo y la rebeldía que entraña” este “desagravio, rectificación histórica y condena implícita al oprobioso pasado” en un día que será –agregó el propio Fidel Castro- “recordado por futuras generaciones”.

Esta dualidad expresa una cuidadosa estrategia del régimen cubano para capitalizar los triunfos diplomáticos que viene cosechando desde el último año, no sólo a nivel de América Latina y Europa, sino en relación a la administración del Presidente Barack Obama. Esta ha percibido que no puede soslayar el problema cubano si quiere, de verdad, iniciar una nueva era en las relaciones hemisféricas.

El secretario general de la OEA nos refirió desde Washington, en una extensa entrevista que sostuvimos con él el viernes, que Hillary Clinton llegó a la reunión ministerial de Honduras con una evidente voluntad de llegar a un acuerdo. Fue ella –nos aseguró José Miguel Insulza- “quien propuso la resolución que, tomando las propuestas de algunos países y corregida mediante ajustes y arreglos, fue posteriormente aprobada por consenso”.

Si nos atenemos a los hechos, al inicio de la asamblea ya estaba desvanecida la pretensión de algunos participantes de “sólo anunciar que se derogaría la medida tomada en 1962, sin realizarla todavía, hasta que Cuba cumpliera con algunas condiciones”. La ofensiva de los países del Alba, con Venezuela a la cabeza, iba más lejos. Querían “derogarla con un análisis muy crítico de lo ocurrido –en una especie de reivindicación histórica”. Las frases entrecomilladas pertenecen al Secretario General Insulza, no así las referencias a países, porque él no quiso nombrarlos. Tampoco a aquellos que “querían limitarse a derogar la resolución”, que fue la postura que se impuso. Pero se sabe que Brasil, con su canciller Amorín, jugó un papel destacado para lograr el consenso.

Está claro, a estas alturas, que la pelota quedó en la cancha bilateral, aunque ella, de hecho, ya estaba allí antes de iniciarse la reunión de la OEA en San Pedro Sula. El domingo 31 de mayo, el gobierno cubano envió al estadounidense una nota diplomática aceptando entablar oficialmente un diálogo sobre materias que atañen  a ambas partes, la inmigración, el narcotráfico e inversiones, entre otras.

José Miguel Insulza nos dijo que por ahora, el organismo que dirige “no va a tomar acciones en los próximos días, para no interferir. La resolución de la OEA ayudó a mejorar el clima. Pero ahora es asunto de ellos tanto lo que pase dentro de Cuba como la subsistencia de una legislación estadounidense muy fuerte que limita la agenda, como la famosa ley Helms-Burton”. Se trata de la normativa vigente que impone el bloqueo a Cuba y sobre la cual existe también consenso –fuera de EEUU- sobre la necesidad de derogarla, no sólo por ser “anacrónica, pedazo de chatarra de la guerra fría” -al igual que la exclusión de ese país-, sino por aplicar un embargo inhumano, que causa sufrimiento a todo un pueblo.

Insulza sostiene que “lo peor para favorecer la democracia y un clima libertario son las exclusiones, aislamientos, embargos,  intervenciones y agresiones”. A eso hay que agregar que si el régimen de Obama las estima “ineficaces”, como parece ser el caso, tendrá que dar su propia batalla interna en contra de las fuerzas conservadoras y anticastristas que aún las defienden.   

hugomery@terra.cl