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Agosto 18, 2026

La gripe no es porcina ni mexicana, es nortemericana

Entre la censura informativa a la gripe de 1918 y las campanadas a rebato de hoy surge la suspicacia: ¿la razón política de entonces se corresponde con algún interés económico actual? En el balance final serán los propios afectados quienes evaluarán lo hecho a nivel nacional y global.     

Estados Unidos pasó a encabezar la lista de países con  más casos de gripe porcina, superando a México, aunque no en número de muertes. Canadá quedó en tercer lugar, por lo que la epidemia actual puede comenzar a llamarse gripe norteamericana, en referencia a esos tres países. Se alejó así el temor de las autoridades de la gran nación hispanoparlante de que el A H1N1 quedase como registrada como la gripe mexicana, lo que históricamente puede traducirse en mala fama para un país orgulloso de sí.

 Estos apelativos a veces encierran injusticias. El mayor holocausto médico de la historia fue la gripe española  de 1918-19 y el mal no se originó en la península ibérica, sino en los Estados Unidos. La denominación ni siquiera se debió a que en España se produjo la mayor parte de los 50 millones de muertes que hubo entonces en todo el mundo. Lo que ocurrió fue que todos los países ejercieron  una fuerte censura de prensa sobre la propagación del mal, menos España. Tal censura se vio favorecida por lo incipiente que era todavía el poder de los medios de comunicación,  aunque algunos magnates de la prensa como William Randolph Hearst (”el ciudadano Kane”) se ufanaran de provocar una guerra como la hispano-estadounidense por la “independencia” de Cuba.
 
El bloqueo informativo sobre la epidemia de 1918 se justificó políticamente por el desplazamiento de tropas por la Primera Guerra Mundial, que fue justamente una de las razones de que el brote alcanzara dimensiones de pandemia. Muchas mentes suspicaces se preguntan hoy qué razones económicas hubo pora el fenómeno inverso: el gran despliegue comunicacional que llegó a producir alarma y paranoia en muchos puntos del globo. Algunos apuntan a los intereses de la agroindustria de hacerse de los pobres criadores de cerdos en las zonas rurales de México y otros a los de los laboratorios, para vender antivirales y vacunas, y crear una específica para el nuevo mal.
 
Pero las teorías conspirativas afiebradas se estrellan contra una verdad milenaria: la humanidad ha sufrido desde el inicio de los siglos plagas y pestes y éstas han sido más letales mientras menos preparada ha estado para enfrentarlas. Las bacterias mutan y el sistema inmunológico del hombre será sorprendido siempre por una nueva cepa: así ha sido en el último medio siglo con la gripe asiática de 1957 y todas las hongkonesas, aviares y porcinas que se han desarrollado desde entonces, sin contar la peste rosa del VIH, que más parece una maldición bíblica..
 
El problema no sólo atañe a la ciencia y la medicina. También es político, en la medida que los gobiernos deben ejercer acciones públicas eficaces para combatir brotes y epidemias susceptibles o no de convertirse en pandemias. Hoy organismos mundiales y regionales como la OMS y la Organización Panamericana de la Salud  llevan el recuento de la información y debaten en su seno cuán  adecuadas son las respuestas, incluyendo las de los medios de comunicación.
 
 El secretario general de la ONU  lamentó  la excesiva cobertura, pero funcionarios especializados retrucaron que ésta no fue contraproducente, como lo prueba el solo hecho de que el 87% de los mexicanos conoció las medidas preventivas implementadas por el gobierno y el 84% pensaba que se había entregado información clara y suficiente.    
 
Pero el problema  no es nacional, sino global y la Organización Mundial de la Salud y su similar regional evaluarán las respuestas particulares para concluir si hubo una respuesta global efectiva. Se  piensa que hasta ahora algunas de las respuestas nacionales han sido deficientes.
 
Pero el balance total lo harán los propios afectados por las campanadas que se tocaron a rebato y evaluará a esas mismas organizaciones internacionales, para determinar si valía la pena tanta ansiedad desatada.
 
hugomery@terra.cl