Elinett Wolff fue subsecretaria de Transportes, alcanzó relevancia mediática cuando se le acusó por los medios de prensa de haber transportado unas frambuesas de su propiedad en un auto fiscal. La acusación en si misma tenía escasa densidad inculpatoria, pues en ese criterio una funcionaria pública con auto fiscal por las mañanas debería ir a dejar sus hijos al colegio en un auto particular y luego volver a la casa y luego en el auto fiscal ir a su trabajo. La vida tiene cierta cordura y racionalidad.
Pero no fue así tampoco, toda vez que un sumario administrativo de su servicio estableció que los hechos invocados en la acusación mediática no eran efectivos. Pero la lincharon igual. Fue tal la presión de los medios que la señora Wolf renunció, actitud noble, no quería causarle problemas a su gobierno. Noble proceder pero que la dejo como culpable sin serlo.Se trató de un linchamiento mediático. Digo linchamiento, que es una palabra fuerte, porque la situación lo es. Un linchamiento lo lleva adelante una patota que desde una posición de fuerza las emprende en contra de una persona sin posibilidades de defenderse. Esto se hizo exitosamente contra la ingeniero Wolf, se le endilga una acusación, se tocan las campanas del escándalo y ya está.
Como la concertación de manera inexplicable tiene otorgada a la prensa del sistema una suerte de tutelaje ético cultural, armado el escándalo por la derecha su suerte estaba echada.
Hay un evidente e improcedente tutelaje periodístico pauteado por la derecha sobre las acciones del gobierno. Si El Mercurio, por ejemplo quiere tirar para arriba o para abajo, que es más probable, a un ministro de gobierno su sibilino lenguaje no dejara de causar efecto en las propias filas gubernamentales.
Quedó entonces la sra Wolf estigmatizada. Por mucho que hable o diga, o que el tiempo discrimine entre verdad y mentira, el daño está hecho.
Si eso se le puede hacer a una subsecretaria de un ministerio importante, qué se le puede hacer a un modesto militante antineoliberal de Pudahuel o La Pintana, qué queda para los pobres mapuches.
Pero no sólo la lincharon a la infortunada Wolf ahora pretenden continuar con la persecución. Instalado el estigma de la corrupción ahora se tocan las campanas del escándalo porque un alcalde la contrata. Nada se dice que el sumario la declaró inocente, verdades a medias, mentiras completas.
La Segunda tiró un top-secret sin decir nada sobre su absolución en el sumario, ¿es eso ético periodísticamente hablando? Creo que no.
La declaración pública de la injustamente acusada no fue publicada íntegramente en ninguna parte, salvo en este medio. Los que la acusaron tan injustamente tenían la obligación de hacerlo.
ROBERTO AVILA TOLEDO
Abogado
