La hipocresía y la impostura son cotidianas en la política pero arrecian en tiempos de elecciones. Todo se vale para ganar la adhesión de los incautos y desacreditar al contendiente. De allí que en las últimas semanas los dirigentes políticos y los partidos hayan asumido posiciones tan caprichosas, por ejemplo, respecto del viaje de la Presidenta Bachelet a Cuba como, ahora, sobre la elección de un pinochetista como presidente de la Cámara Alta.
Los mismos políticos de derecha que años atrás visitaron la Isla , conversaron largamente con Fidel Castro y se fotografiaron con los próceres de la Revolución , en el verano rasgaron vestiduras por el viaje presidencial y fustigaron al Gobierno por no incluir una reunión con los cubanos disidentes. Con los cuales ellos tampoco estuvieron cuando fueron invitados a La Habana. De pronto los que se vincularon hasta los tuétanos con la dictadura Militar y sus graves violaciones a los derechos humanos les exigían a nuestras autoridades abogar por el respeto de los derechos conculcados en Cuba. Magnífico doble estándar que les sirvió para desacreditar una gira presidencial y, de paso, lograr hasta que el oficialista Partido Demócrata Cristiano se deslindara de este viaje para comulgar con las “ruedas de carreta” de la derecha.
De esta forma es que ahora una buena cantidad de dirigentes oficialistas se abochorna con la asunción del senador Jovino Novoa como presidente del Senado. Escandaloso le parece al Presidente de Partido Socialista y a otros que un alto funcionario de Pinochet se convierta en la segunda autoridad del Estado, ahora, después de 20 años de connivencia en el Congreso Nacional no sólo con éste sino con decenas de parlamentarios de tomo y lomo comprometidos con el Golpe Militar. Así como con lo que vino y las impunidades ya consagradas.
Muy raro nos parecen estas destempladas descalificaciones si se asume que toda la legalidad vigente, que explica que el pinochetismo haya seguido cogobernando en nuestras instituciones, tiene base en la sacralización consolidada en los últimos gobiernos. ¿Por qué escandalizarse con Novoa si antes no se escandalizaron con la presencia en el Parlamento de figuras todavía más emblemáticas de la Dictadura como el fatídico Sergio Fernández, ministro del Interior y Contralor del régimen militar. ¿Cómo escandalizarse de éste y otras efectivas y bochornosas situaciones si el propio Patricio Aylwin acaba de rendirle honores a Onofre Jarpa como uno de los grandes reconstructores de la democracia? El mismo personaje que sacó 18 mil efectivos militares a la calle para ensangrentar una manifestación disidente. ¿Por qué podría ser legítimo pertenecer al Congreso Nacional e ilegitimo ocupar su testera? ¿Es que acaso en algunas de las leyes secretas se establece la existencia de legisladores de primera, segunda o tercera?
¿Con qué cara se puede fustigar a los adversarios cuando aún pertenecen a los partidos de Allende y de Frei rabiosos izquierdistas del pasado hoy reciclados en entusiastas y activos neoliberales y libremercadistas? ¿Cómo se explica plena participación de estos antiguos jacobinos en el Directorio del Banco de Chile, o en el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones ideológicamente en las antípodas de la utopía socialista y la Revolución en Libertad?
Claro, ¿cómo no sonrojarse ante el mundo que pinochetista de tomo y lomo presida el Senado? Pero no es culpa de todo ello quienes aceptaron las reglas del juego que nos legara la dictadura en su terrible afán de volver a La Moneda , recibir las abultadas dietas parlamentarias y disponer de las cajas grandes y chicas del erario nacional?
¿Es la culpa del chancho o de los que le dieron el afrecho?
¿Es la culpa del chancho o de los que le dieron el afrecho?
