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Agosto 18, 2026

El Gobierno del Presidente Allende/ X

La necesidad  histórica de la Unidad Popular. Uno de los mitos con que se pretende desvirtuar la experiencia revolucionaria 70-73 es aquél que pretende hacernos creer que esta fue obra de un grupo de ilusos y delirantes soñadores que formulaban sus propuestas sin consideración alguna con la realidad. Los hechos demuestran precisamente lo contrario. La Unidad Popular representaba un giro ético de nuestra sociedad en el sentido de la libertad, la igualdad y la fraternidad, pero su proyecto político económico también fue una propuesta lúcida y seria.

Pero tenía una dificultad mayor, el proyecto de la Unidad Popular se confrontaba directamente con los intereses del imperio norteamericano y con los de la burguesía local. El tocar esos intereses es lo que provoca la furiosa  reacción norteamericna y oligárquica.

Un simple grupo de ilusos delirantes habría podido ser aventado sin mayores complicaciones. Para sacar del gobierno a un grupo de soñadores delirantes e irresponsables no se necesita una contrarrevolución.

La Unidad Popular llevó adelante un proyecto político de salida a la crisis del sistema de dominación capitalista de pendiente.

La política de la Unidad Popular abarcó casi todas las esferas de la vida nacional – excepto el ghetto militar – mostrando una manera distinta de  ver y enfrentar los desafíos de una sociedad moderna.

Nuestro atrasado país de la década del ’60, tenía una severa crisis en su desarrollo, cualquiera fuera el proyecto con que se saliera  de ésta -socialismo o liberalismo radicalizado- se necesitaba de ciertas premisas económicas. Desde el punto de vista de la economía es lo que Marx llama la acumulación originaria de capital.

Esta se debía orientar en una doble dirección por una parte se necesitaba de ingresos en dimensión suficiente para emprender cualquier modernización o inserción distinta en los mercados mundiales, fueran éstos socialistas o capitalistas.
Por otra parte se necesitaba integrar el conjunto de nuestra población y territorio al esfuerzo económico y social de una sociedad moderna.

A lo primero se podía hacer frente por la vía de la recuperación de nuestras riquezas nacionales y particularmente el cobre, en manos de empresas norteamericanas.

El principal escollo a un proceso de integración de nuestro territorio y del conjunto de nuestra población eran los extensos latifundios que copaban las mayores extensiones del campo chileno.

Nacionalización del cobre y reforma agraria eran los dos pivotes necesarios e imprescindibles para cualquier esfuerzo modernizador. Ambos fueron llevados adelante por la Unidad Popular. El Chile de hoy es impensable sin la nacionalización del cobre y la reforma agraria.

La revolución chilena asumió la tarea histórica de transformar al peón agrario, al gañán analfabeto, en un hombre consciente de su realidad y dotado de la capacidad para determinar el curso de los  asuntos públicos.

Se inició la transformación del mito chovinista vinculado a los meros ritos de la canción nacional a un patriotismo verdadero, fundado en la realidad de vida de cada uno de los chilenos, la incorporación de la mujer al proceso político y económico, los pobres a la universidad, los jóvenes a decidir sobre el futuro de su país.

La gran constructora de ciudadanos en el Chile del siglo XX, quien llevó más adelante los sueños de la Ilustración ha sido la izquierda chilena en general y la Unidad Popular en particular. El espíritu de Voltaire, Diderot, Montesquieu, Holbach, Helvetius, Robespierre y Rousseau estaba en los grandes mitines de la Unidad Popular, en la educación gratuita, incluida la universitaria, que ésta llevó a todos los lugares, en la difusíon masiva de las grandes obras del pensamiento universal, en la extensión de la democracia, en la emergencia de una poderosa sociedad civil expresada en miles de organizaciones sociales y sindicales.

Después de los mil días de la Unidad Popular los chilenos nunca volvimos a ser los mismos: habíamos vivido la experiencia de ser seres humanos plenos en derecho y dignidad.  

Se llevó tan alto el sentido de la dignidad humana que, por ejemplo,  en nuestros días es primera vez en nuestra historia que los crímenes cometidos por el sistema de dominación, a pesar de los años transcurridos,  no logran ser cubiertos con las suaves cenizas del olvido. El sistema siempre había “palomeado rotos”, el ’73 y los años siguientes se asesinaron ciudadanos, por eso es que el sistema con sus enormes fuerzas materiales aún no logra imponer la impunidad.

LA NACIONALIZACION DEL COBRE

Chile es el principal productor de cobre a nivel mundial. Cuando procedió a su nacionalización el 14 de julio de 1971, esto significó un enorme impacto en la economía y se transformó en pieza fundamental para la instalación  de cualquier proyecto político-económico futuro. Hasta el día de hoy se sienten los positivos efectos de la medida. El gobierno actual, e incluso la derecha se ufanan de los gigantescos ahorros del estado chileno, todos por igual olvidan al presidente y a los muchos chilenos que literalmente dieron su vida para que ello fuera posible.

La justicia histórica de la medida era tan evidente que la nacionalización del cobre fue aprobada por la unanimidad del Congreso pleno.

El Presidente Allende con ocasión de celebrarse el primer aniversario del Día de la Dignidad Nacional, hablando en el mineral de Cobre Andina, señalaba:

“El Día de la Dignidad Nacional es el día en que Chile rompe con el pasado y con el presente. El día en que Chile es dueño de su principal riqueza, el día en que todos los chilenos toman conciencia de que el cobre es de Chile.

“No puede haber ningún chileno que ignore que más del 74 % de las divisas (vale decir de la moneda extranjera, en este caso el dólar) lo produce el cobre, y el 26 % del presupuesto fiscal se financia con el cobre.

“Con razón ha entrado en la conciencia de los chilenos la frase “el cobre es el sueldo de Chile”. Efectivamente lo es”.

Su significación era -y lo sigue siendo- enorme a pesar de que el gobierno de Allende debió recibir ingresos del cobre de mucha menor envergadura que el gobierno de Frei Montalvo por una baja del precio del metal. A esta baja contribuyó de manera dolosa el imperio norteamericano a través de una serie de maniobras en el mercado mundial.

Para llegar a la nacionalización del cobre se debió recorrer un largo camino y tocar intereses muy poderosos, que fueron determinantes en el derrocamiento de la Unidad Popular.

Esta colisión de intereses era inevitable.

La primera vez que se habló de nacionalizar el cobre fue durante la campaña presidencial de Salvador Allende en 1952 como abanderado del Frente del Pueblo. La propuesta cayó como un rayo en un día claro, el sistema observó a las proponentes con desdén, pequeñas eran las fuerzas que agrupaba el frente del pueblo electoralmente sólo significaron un 4 % de los votos.

Chile vivió y vive (pues hay un proceso de desnacionalizaciòn del cobre en marcha) un verdadero saqueo de sus riquezas naturales. En el mensaje del proyecto de reforma constitucional que  permitió nacionalizar el cobre el Presidente Allende señaló:

“La inversión norteamericana en el cobre significó en su origen un aporte de capital foráneo de sólo 3,5 millones de dólares. Todo el resto ha salido de la misma operación. Idéntica situación se produjo en el hierro y el salitre. Las cuatro grandes empresas que han explotado en Chile estas riquezas han obtenido de ellas, en los últimos 60 años, ingresos por la suma de 10.800 millones, podemos concluir que en poco más de medio siglo, estos monopolios norteamericanos sacaron de Chile valor equivalente a  todo lo creado por sus ciudadanos en industrias, caminos, puertos, viviendas, escuelas, hospitales, comercios, a lo largo de todas su historia. Aquí esta la razón de nuestro subdesarrollo”.

La situación era tan manifiestamente abusiva que el gobierno de Frei surgido de los miedos de los latifundistas, las campañas sucias de la CIA y cierta voluntad transformadora de algunos sectores cristianos no pudo obviar el tema.

Para resolver un problema nacional y adoptar medidas  que antes que nada eran patrióticas, inventó la llamada “chilenización del cobre”. Una empresa histórica se transformó en parodia, los intereses que debían, por razón y derecho, ser tocados resultarían beneficiados con ingresos y utilidades más groseros aún. Se arremetió en contra de los saqueadores de Chile con un fajo de dólares en la mano.

No se efectuó un acto soberano de recuperar lo propio. Se inició una operación comercial consistente en comprar el 51% de las acciones de las empresas norteamericanas que saqueaban nuestro territorio. Los precios pagados  fueron cuantiosos como describe Belarmino Elgueta:

“Por el 51% de las sociedades mixtas formadas con sus subsidiarias Chile Exploration Co. y Andes Mining Copper Xo, la transnacional Anaconda recibió pagarés del gobierno chileno por 197 millones de dólares, en circunstancias que el valor libro de esas empresas era de sólo 181 millones de dólares, es decir por el 51% de las acciones se les pagó más que el valor total de las inversiones. A la Kennecott Cooper Co. se le pagó por el 51% de las acciones de su subsidiaria Braden Copper Co. un total de 180 millones de dólares, aunque todo el valor libro de toda la empresa era inferior a esa cifra. En este caso el gobierno avaló, además, un crédito de 125 millones de dólares y le entregó a la subsidiaria la administración de la nueva empresa mixta, a pesar de ser la socia minoritaria.

“El gobierno de Frei Montalva convino asimismo con la Anaconda una opción para adquirir el otro 49% de las acciones, cuyo precio se determinaría en relación a las utilidades que obtuviera la compañía en los dos años anteriores a la compra, lo que significaría el pago de una suma muy elevada por ese saldo.

“…Los convenios comprendían además, los denominados “planes de inversión”, dirigidos a incrementar la producción, cuyo financiamiento significó compromiso de deudas para las empresas mixtas con instituciones internacionales por 704 millones de dólares, garantizados con aval del Estado” (a 32 años de la nacionalización del cobre B. E.Punto Final 548 julio de 2003).

Hablando en la Plaza de la Constitución de Santiago, el 21 de diciembre de 1970, a pocas semanas de haber asumido la primera magistratura, el Presidente Allende explica al país la necesidad de nacionalizar el cobre y su situación actual:

“Vean ustedes algunos antecedentes: valor no retornado, es decir, que no volvió a Chile en la gran minería. Antes de 1930 no hay control. No existía la posibilidad de una estadística veraz. Entre 1930 y 1969 han salido de las fronteras de la patria 3.700 millones de dólares, que han ido a engrosar la gran fortaleza de las empresas que, en escala internacional, controlan los yacimientos cupríferos en los cinco continentes. En 1969 no retornaron 166 millones de dólares. Quiero destacar que 3.700 millones de dólares es el 40% de la riqueza total de Chile, del esfuerzo acumulado durante 400 años por todos los chilenos… Chile sabe también que en total, más o menos en esos mismos años, además de por el cobre, por el hierro, el salitre, la electricidad y los teléfonos, han salido de Chile algo así como 9.600 millones de dólares, lo que representa el valor total de la riqueza de Chile. Otro Chile ha salido por irresponsabilidad o complicidad de las castas gobernantes, por sobre las fronteras de la patria, mientras el hombre del pueblo se debatía entre el hambre, la incultura y la ignorancia. Por eso haremos que el cobre sea chileno, como etapa inicial de nuestras riquezas.

“Quiero que el pueblo sepa que las utilidades netas en Chuquicamata, Salvador y El Teniente, entre 1965 y 1970 alcanzaron a 650 millones de dólares, es decir un promedio de 110 millones por año. Ciento diez millones de dólares bastan, por ejemplo, para construir tres fundiciones y tres refinerías electrolíticas con capacidad de 100 mil toneladas cada una. Por ejemplo, esos 110 millones bastarían para alimentar 250 mil familias durante cerca de 15 meses…

“Quiero que sepa el pueblo, que las inversiones en la gran minería y en la Andina después de 1965, según el plan de expansión, significó o significaría la inversión de 690 millones de dólares, para incrementar la producción en 412 mil toneladas al año. De éstos ya se han invertido 140 millones, pero Chile debe 530, es decir la expansión de las explotaciones mineras se ha hecho endeudando al país.

“Quiero que el pueblo sepa que El Teniente, vale decir la Kennecott antes de los pactos era propietaria del 100% de las acciones del mineral llamado El Teniente y las utilidades retiradas representaban un 17,4 %, las utilidades repito. Después del pacto, habiendo entregado el 51% de las acciones, siendo propietaria del 49% ha tenido tres veces más utilidades  que cuando controlaba el 100 % de El Teniente.

“Quiero que sepan lo ocurrido en escala mundial con la Anaconda. Utilidades netas consolidadas por esta empresa, en 1969, la Anaconda obtuvo a escala mundial utilidades por 99 millones de dólares. De esas, 79 millones, vale decir el 80 % las obtuvo en Chile”.

LA UNIDAD POPULAR Y LA DEMOCRACIA CRISTIANA

Una de las tesis más recurridas para tratar de explicar la derrota de la revolución chilena el año 73 es aquella que sostiene que el gobierno popular fue incapaz de llegar a un entendimiento con la Democracia Cristiana lo cual lo habría dejado en situación de minoría nacional que sería, a su vez, el supuesto necesario de cualquier golpe militar contra revolucionario. Esta incapacidad habría estado determinada por el extremismo  de algunos componentes de la Unidad Popular, particularmente el PS y por la  política del MIR.

Estas tesis, de que sin la Democracia Cristiana nada era posible y que el entendimiento no fue posible por culpa de la izquierda,  se promueve desde diversos sectores y con fines diversos.

La sostienen algunos dirigentes del Partido Comunista de aquellos años (Corvalán/Millas/Teitelboim), la explicación les resulta bastante cómoda y conveniente. Por una parte reafirmaría su teoría que dado el carácter democrático burgués en la primera etapa de la revolución chilena sólo podía llevarse adelante con el concurso de fuerzas democrático burguesas representadas por la DC.  Sin ese entendimiento cualquier esfuerzo en defensa del gobierno estaría condenado al fracaso. Así las responsabilidades históricas y personales se diluyen. El que un Partido Comunista llegue en el día decisivo de la revolución chilena en condiciones orgánicas y políticas tales que le impiden disparar un solo tiro en defensa de ésta, queda de esta manera en el limbo.

Hay otras lecturas que consideran el fenómeno en un cuadro de mayor complejidad y realidad, así Gladys Marín ha señalado sobre las responsabilidades en el Golpe:

-¿Culparía al PS del quiebre y del golpe?

“No, ni tampoco a Altamirano. Se cometieron errores graves  y cada cual asume su responsabilidad. Hubo extremismo verbal en un sector del PS

-Altamirano, la gente del MIR también- pero ¿culparlo a ellos del Golpe? ¡Jamás!, porque a pesar de los errores y excesos cometidos, que significaron quitarnos apoyo en sectores de la población que jamás iban a ser afectados por las medidas del gobierno popular, las razones del Golpe son otras. Las razones se empiezan a preparar desde los EE.UU., cuando Allende gana, y desde antes, porque también está clarito cuál es la intervención norteamericana en la política chilena, financiando a partidos políticos y medios de comunicación (entrevista de televisión, (Megavisión, 21 de septiembre del 2003)”.

Hay quienes hacen esta lectura autocrítica y autoinculpatoria en torno a la falta de entendimiento con la DC, sin mayores fundamentos históricos, pero con evidentes intereses en la hora presente. Si la alianza con la Democracia Cristiana es la única que da estabilidad al país, entonces esa es la única posibilidad de alianzas. Como esta colectividad no aceptará ni siquiera una mirada hacia una sociedad más igualitaria, pues la alianza y el presente político se hacen eternos. El programa socialista debe subordinarse a la Democracia Cristiana, o mejor diluirse, no existir.

Pero la realidad es que estas tesis están equivocadas y así  se puede sostener que:

1.- El Presidente Allende hizo esfuerzos por llegar a un entendimiento con la DC. Pero éstos estaban condenados al fracaso dada la naturaleza de la representación social de la DC y de la Unidad Popular. La DC rechazó este entendimiento en espera de que un golpe militar llevara el poder a sus manos y alejara el peligro revolucionario.

2.- Las revoluciones y las contrarrevoluciones no necesitan de mayorías electorales para triunfar.

3.- La Unidad Popular era una fuerza poderosa y en crecimiento electoral y social que podía triunfar sin rebajar su programa.

4.- Cualquier entendimiento con la DC estaba determinado porque la UP dejara de lado su programa revolucionario. La DC no era autónoma pues tras de sí operaba de manera determinante el imperio norteamericano.

5.- La DC y la Unidad Popular tenían muy distinto origen, antagónicas representaciones sociales y fines absolutamente contradictorios en la sociedad. De tal manera que cualquier entendimiento sólo podía hacerse sobre la base de que una fuerza se subordinara a la otra.

6.- La Democracia Cristiana surge en el marco de la guerra fría a través de entendimientos entre el imperio norteamericano y el Vaticano tendientes a crear una fuerza política que resultara atractiva a los sectores populares, particularmente ligados a la ideología de la Iglesia Católica, y que impidiera el “avance del comunismo”.

Se trata entonces de una fórmula política destinada a darle sustento al sistema de dominación capitalista. El discurso freísta habla de reformas, de cambios,  pero el contenido esencial de ese oropel discursivo es evitar los cambios estructurales reales en la sociedad.

En Italia esta fórmula resultó exitosa durante muchos años hasta que la DC italiana cayó como un castillo de naipes bajo el peso de los escándalos de corrupción.

En Chile el año 1957 se funda  la Democracia Cristiana en la que confluyen la Falange Nacional, escisión de la juventud conservadora de los años ’30 y vertientes provenientes del agrario laborismo, corriente populista que había apoyado al ex dictador  Carlos Ibáñez en su segundo gobierno

Los vínculos de la Democracia Cristiana chilena con el imperio norteamericano son permanentes en la década del ’60 y hasta 1973, que es el período histórico que hemos investigado. Según señalan los propios documentos emanados de EE.UU. a lo menos la mitad del financiamiento de la campaña de Eduardo Frei corrió por cuenta del país del norte. Paralelamente la CIA desarrolló la llamada campaña del terror, escalada de falsedades desatada en contra de la candidatura de Allende y que resultó determinante en el triunfo de Frei. Esa relación político-financiera incluía preparación de cuadros políticos, dinero para comprar sedes y financiamiento de campañas electorales, como hemos visto en detalle en el capítulo correspondiente.

Un partido con tamaños vínculos con el imperio más poderoso que ha existido en la humanidad, carecía de autonomía política para contradecir a quien le financia

La “chilenización” del cobre bajo el gobierno de Frei, más que una recuperación de nuestras riquezas naturales, fue una mascarada para engañar su propio electorado y que terminó transformándose en un pingüe negocio para las empresas norteamericanas.

Con todo, la DC albergaba contradicciones, con fuerzas progresistas en su interior, con cierta representación popular, que no puede ser pasiva, que influye en su conducta política. La DC lleva adelante una efectiva reforma agraria, esto le enfrenta a quienes desde la derecha le apoyaron en las elecciones del ’64. Pero esta contradicción es más aparente que real. En efecto la reforma agraria, es decir la reestructuración del capital y el trabajo en el agro, era poner fin a relaciones de producción semifeudales, no es una reforma de carácter socialista, sino una reforma de carácter capitalista. Lo que la DC hizo fue poner a la altura de los tiempos los factores económicos en el campo.

Fue sin duda una medida progresista, que le ganó las peores odiosidades de la derecha oligárquica y reaccionaria de ese país, pero era una reforma que se promovía desde el imperio. La DC llevó adelante la reforma agraria y con ello cambió la vida de miles de chilenos, que recuperarán ahora su dignidad como personas. El peonaje se transformó en ciudadano.

Es cierto que sería la Unidad Popular, que desde un punto de vista cuantitativo llevó la reforma agraria a cuatro veces más extensiones de terrenos que la DC, la que llevaría el proceso hasta el final, pero fue ésta última la que le dio inicio. Y se trató no sólo de un cambio de posesión en la tierra, sino también en las relaciones de producción, la aparición de los sindicatos y cooperativas campesinas cambió el imaginario colectivo en el agro chileno.

Con todo, la administración democratacristiana estuvo signada por la corrupción  y su orientación represiva.

En la segunda mitad de 1969, cuando el gobierno de Frei ya estaba en la recta final, el PS realizó un pleno nacional, luego de lo cual se realizó un acto de masas en la plaza Tropezón, de Santiago. Como se sabe, Aniceto Rodríguez, a la sazón Secretario General que representaba los sectores más conciliadores del PS en aquellos años, haciendo uso de la palabra en dicho acto señaló:

“La mayor parte de los caídos, por desgracia, pertenecen a la matrícula combatiente del partido. Ellos son los héroes anónimos de la clase obrera y del Partido Socialista. Vaya para ellos, el homenaje emocionado de nuestro partido, para los mártires caídos en el gobierno de ‘la revolución en libertad’. Socialista es el primer campesino asesinado por este gobierno en el fundo ‘Los cristales’, de Curicó. Socialistas fueron no pocos mineros y pobladores masacrados en El Salvador y Pampa Irigoin, la pampa de la muerte, de Puerto Montt. Los presos y procesados por la Ley de Seguridad Interior del estado, han sido y son militantes del Partido Socialista. El líder estudiantil y vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Concepción, hasta hoy injustamente preso, camarada Manuel Rodríguez, digno exponente de la juventud rebelde, es militante de la heroica Juventud Socialista… Los únicos parlamentarios despojados del limpio fuero que les entregó el pueblo son mandatarios socialistas: Carlos Altamirano, Joel Marambio y Luis Espinoza, fueron o han sido procesados por la justicia de clase de este país, integrada en su gran mayoría por jueces reaccionarios y demócratacristianos… Para cada uno de los perseguidos, procesados o encarcelados, la palabra de aliento y la solidaridad del pleno nacional del partido. Para cada uno de los muertos caídos en la lucha social, el mensaje emocionado de sus camaradas socialistas, para hacerse cada vez más resueltos en la guerra sin cuartel en contra de toda forma de dominación reaccionaria e imperialista…

“Tenemos el legítimo derecho a resistir la opresión cuando se violan claras garantías constitucionales, cuando nuestros militantes son perseguidos, cuando la policía allana, detiene y tortura sin límite alguno, montando sainetes políticos para justificar la escalada represiva. La historia está llena de ejemplos de cómo los pueblos han resistido con legítimos títulos la opresión dominante. Los socialistas de Chile no seremos una excepción. Camaradas, puedo responder al señor Frei y  a su gobierno que la campaña de intimidación no nos ha hecho ni nos hará mella. No nos van a amedrentar con presos más o presos menos. Esta mañana el partido reclama su derecho a resisitir la opresión legalizada, por todas las formas, por todos lo medios y con todas sus energías posible…” (Historia del Partido Socialista de Chile. Pág. 333, J.C. Jobet).

La administración Frei reprimió sin contemplaciones al movimiento social. Por aquellos años cobraron celebridad el Grupo Móvil de Carabineros y los “guatones de la PP” (Policía Política), de Investigaciones. Fueron dramas muy profundos en la sociedad chilena, tan es así que la UP llevaba en su programa la disolución del Grupo Móvil (actual Fuerzas Especiales). Es claro en todo caso que las torturas y crímenes de aquel tiempo son cosas de aficionados con lo que luego haría la dictadura militar.

El 8 de noviembre de 1973 Eduardo Frei mandó una carta a Mariano Rumor, justificando el golpe militar en la que señala:
“Por último, llegado este partido al gobierno que tuve el honor de presidir, dirigió al país dentro del más pleno respeto a las normas democráticas. Ningún partido político sufrió, no digamos persecución, sino ni la más leve molestia, al igual que en cualquier democracia europea”.

Estamos en presencia de una ruda negación de la realidad.

La carta democristiana impulsada por EE.UU. a Chile “para detener el comunismo” -bajo el slogan de Revolución en Libertad-, se cubrió de sangre y represión a poco andar. Ello permitió al líder cubano, Fidel Castro, señalar que la administración Frei había prometido revolución sin sangre, pero al final había dado sangre sin revolución.

Paralelamente a estos dramáticos hechos, el imperio norteamericano entrenaba a cientos de oficiales del Ejército chileno en la Escuela de las Américas de Panamá. Es decir si la demagogia no resultaba, llegaría la hora de la picana, los campos de concentración, los escuadrones de la muerte. Esta “asistencia” militar se hacía con la grata complacencia del gobierno demócratacristiano.

Es cierto que desde el punto de vista político los programas de la Unidad Popular y el que representó Radomiro Tomic eran discursivamente similares. Es cierto también que el candidato DC fue un hombre de indudable honestidad política que tenía una visión progresista de la realidad. Pero lo que había hecho la DC en la práctica durante su gobierno, hacía impracticable un entendimiento. De igual manera la similitud programática cambiaba el contenido al considerar la representación social y cultural de la UP y de la DC.

El Frente Popular se llevó adelante teniendo como eje un partido del sistema, como era el Partido Radical. De dicha experiencia -de la que tomó distancia Allende renunciando a su cargo de ministro de Salud- la izquierda salió dividida, corrompida y desprestigiada. Esa experiencia de colaboración de clases fue una lección histórica que caló hondo en muchos que hicieron la experiencia de una alianza policlasista con liderazgo burgués.

Cuando Allende triunfa en las elecciones presidenciales del ’70 una de las alternativas fue lo que se llamaba el “gambito Frei”, a cuyo éxito la CIA destinó cientos de miles de dólares. Este consistía en que el Congreso Pleno eligiera a Alessandri, quien luego renunciaría y ahí Frei saldría elegido nuevamente. Eso estuvo en los esquemas conspirativos, no podemos hoy asegurar si Frei participó o no. Pero es necesario tener a la vista lo señalado por el general Carlos Prats en sus memorias:

“El jueves 24 de septiembre, Schneider reúne a los generales y los informa de su conversación con el Presidente [Eduardo Frei Montalva], en los mismos términos en que me la contó a mí. Todos los generales afirman que no han emitido opinión alguna que justifique los rumores que llegaron a los oídos del Presidente.

“El viernes 25 de septiembre me ocurre lo más insólito que podía esperar de ese tenso juego de muñequeo a que se nos sometía.

“A las 9.30 un destacado demócratacristiano me plantea en actitud nerviosamente complacida, que ante la ‘intransigencia de Schneider para detener a la Unidad Popular, el Presidente Frei estaba dispuesto a que yo encabezara un movimiento que lo derrocara y lo enviara al extranjero’. Esto, porque había que impedir a toda costa el acceso de los comunistas al gobierno, que soportarían dos años a Allende y después tomarían el control total’.

“Enseguida desarrolla su plan: había que ‘apoderarse de noche de La Moneda, enviar a Frei al extranjero, cerrar el Congreso, suspender la vigencia de los partidos políticos, utilizar en cargos claves a gente de confianza que ellos podrían señalar y, normalizada la situación, llamar de nuevo a elecciones.

“Yo escuchaba hipnotizado al caballero de arquitectura de la época victoriana, con una especie de presentimiento de que ésta no era una intervención fortuita en mi vida, por lo que no tenía ninguna probabilidad de eludir ofenderlo.

“Antes de separarnos me pide el favor de que espere 24 horas antes de informar a Ossa y a Schneider. Le respondo que por deferencia a su persona, le daré ese plazo.

“Más tarde pido al ministro Ossa que me reciba y le doy cuenta textual de mi conversación, del viernes 25, con el importante personero de su partido. Se manifiesta muy sorprendido con mi información, que yo le pido transmita con todos sus detalles al Presidente Frei. Con un gesto entre desganado y cortés, me dice que no le dé importancia a los nerviosismos de la gente de su partido”.

[Carlos Prats González: MEMORIAS Testimonio de un Soldado, 2ª Edición, agosto 1985, Pehuén Editores, Santiago de Chile, págs. 173-175.]

El general Prats no da el nombre del dirigente demócratacristiano, pero debe ser sin duda un hombre importante en la DC para ser recibido por el número 2 del Ejército en momentos tan tensos. Prats, quien escribe sus memorias en el exilio poco antes de ser asesinado por la dictadura militar, no puede ignorar que develar el nombre del dirigente DC no tiene sentido político en ese momento, de esa manera se explica que lo encubra bajo la figura literaria del “caballero de figura victoriana”.

El desgano con que un ministro de Defensa, como lo era Ossa Pretot, recibe la información de que un dirigente de su partido estaba promoviendo un golpe militar que involucraba el secuestro simulado del propio Presidente y que en estas intrigas se señalara contar con la anuencia de éste, es en extremo sugerente. Ossa Pretot no se escandaliza, no pide detalles ni adopta medidas, como diríamos hoy, opta por bajarle el perfil a algo tan grave como la promoción de un golpe de Estado. ¿Por qué?

En aquellos días Andrés Zaldivar, ministro de Hacienda, dio un discurso al país pintando la situación económica con las más catastróficas proyecciones, ello dio lugar a una violenta corrida bancaria. La Unidad Popular criticó con dureza tamaño acto de desestabilización que caía sobre un gobierno que aún ni siquiera asumía.

La DC le exigió garantías constitucionales al presidente Allende, ellos que recibían el dinero a raudales del imperio norteamericano, que permitían que cientos de oficiales se entrenaran en las más brutales prácticas de la Escuela de las Américas de Panamá, que defendían en el congreso la operación Unitas. Una colectividad que había gobernado el país dejando una estela de represión, encarcelamientos, torturas y asesinatos. Ellos exigían garantías democráticas.

Cuando el gobierno popular asumió, no las emprendieron de inmediato en su contra. Había que esperar, encontrar justificaciones. De paso resolver contradicciones internas, el programa de Radomiro Tomic que tenía sustanciales coincidencias con el de Allende concitaba apoyo interno sin lugar a dudas, esos sectores progresistas debían ser neutralizados.

La excusa apareció. La Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP), un grupo de ideología difusa  y militancia muy pequeña, de presencia inexistente en la clase trabajadora, infiltrado e instigado por la CIA, como hemos visto, ajustició al ex ministro del Interior de Frei, responsable político confeso de la matanza de 11 pobladores, incluida una bebé de 9 meses, en Puerto Montt.

Frei, quien se encontraba en Europa, tomó el vuelo más pronto para llegar a Santiago a atizar la discordia. A inculpar sin fundamento alguno al gobierno popular.

Todo el mundo sabía que dicha organización (VOP) nada tenía que con la Unidad Popular. Sin embargo la excusa para pasar a una oposición feroz y golpista en contra de Allende no fue desmontada.

Creer que la actitud de la DC hacia el gobierno está determinada por el ajusticiamiento de Pérez Zujovic es desconocer o no considerar los sólidos vínculos de la DC con el imperio norteamericano, desconocer que su representatividad social está dada por su función como sostenedora del sistema.

Así, por ejemplo, en una lucha fratricida jóvenes comunistas dieron muerte al militante del MIR Arnoldo Ríos, en Concepción. Sin embargo y a pesar de la gravedad extrema del hecho, ambas organizaciones llegaron a un entendimiento que impidió que la situación se agravara.

La muerte de Edmundo Pérez Zujovic sólo fue un pretexto para actuar sobre la sensibilidad de la militancia DC y fortalecer al sector golpista de dicho partido.

Otros dicen que el no apoyo de la UP, determinado por la firme actitud del PS, a un DC en una elección complementaria por Valparaíso, habría roto la posibilidad de un acuerdo. Esto es más ingenuo aún.

En días recientes y con ocasión del rechazo de Andrés Zaldívar a concurrir a un acto recordatorio de homenaje al Presidente Salvador Allende, el ex diputado y dirigente histórico del socialismo chileno (miembro del Comité Central del PS en el ’73) Víctor Barberis, escribió:

“Las iras del cielo socialista se abaten contra Andrés Zaldívar.

“Yo creo que es uno de los extraños gestos de coherencia que hemos visto en más de dos lustros de Concertación. Revela consecuencia “de clase”. ¿Por qué ha de rendirle homenaje la DC al caudillo de un proceso obrero y revolucionario absolutamente antagónico a sus fundamentos ideológico políticos?

“El proceso iniciado el ’70 fue un proyecto de transmutación radical del capitalismo en su teoría y praxis y frente al cual la Democracia Cristiana no actuó con maldad ni con bondad. Esas categorías para juzgarlos no son nuestras: son las del moralismo espiritualista que cree en una ética por encima de los hombres e independiente de los contextos históricos. El reformismo pequeño burgués democratacristiano, ‘balón de oxigeno’ del imperio, no contaba ya con credibilidad en la masa y la taumaturgia de Frei padre se había agotado junto con su gobierno. Entonces se sumó decididamente a la contrarrevolución: a la resistencia despiadada contra la embestida que amenazaba seriamente al capitalismo. Así como la India proporcionaba a Su Majestad los regimientos cipayos, la DC le situó a Onofre Jarpa las tropas callejeras que requería en las calles y sin las cuales no habría podido salir de Las Condes y Providencia (estudiantes, profesionales, técnicos, intelectuales e ‘intelectualas’ con ascendiente en la opinión pública). A una derecha derrotada electoralmente, ‘en su tinta’, desmoralizada y aislada, el apoyo le vino de perillas y la alianza fue presentada como ‘nacional’ (aunque de ello no tenía nada, salvo que las ollas supuestamente vacías,  eran efectivamente de marca Mademsa). La DC fue pues absolutamente leal a sus principios; ella jamás, ni menos hoy, se ha planteado como objetivo estratégico la sustitución del capitalismo, sino su reproducción ampliada en escenarios sociales menos confrontacionales y más tecnificados desde el punto de vista de la producción. Los únicos democratacristianos disidentes con esos puntos de vista ya no lo eran y militan hoy en nuestras filas”.

La descripción de Barberis es cruda, pero es la realidad. Suena dura en un país como el nuestro, con cultura política de lo gris, de los  ‘si bien es cierto, no es menos cierto’, de las verdades a medias y de la hipocresía. Pero, Barberis describe correctamente el fenómeno en sus rasgos esenciales.

Cuando se forma la CODE (Confederación Democrática), entre la DC y el Partido Nacional, con Patria y Libertad actuando entre bambalinas, el objetivo estratégico de dicho pacto electoral era propinar una contundente derrota a la Unidad Popular en marzo del ’73 que les permitiera, con dos tercios de los votos, defenestrar a Allende de la Presidencia. Ese era el objetivo fundamental de dicha fórmula electoral. Así lo decían públicamente. Era el golpismo por vías institucionales.

Cuando esto fracasa la oposición se desliza al campo abierto del golpismo. Entre los puntales de la conspiración militar se encontraban los generales Oscar Bonilla y Sergio Arellano Stark (como se sabe Pinochet fue un oportunista de última hora) de conocida orientación filo demócratacristiana. No digo, pues no podría demostrarlo, que la DC fuera parte de la conspiración, afirmo que hay un espíritu golpista en la política demócratacristiana de esos días.

Nuestra economía se vio estrangulada por la acción desestabilizadora de la CIA mediante el acaparamiento de artículos esenciales (hacer aullar la economía ordenó Richard Nixon), la DC no apoya sanciones legales para el acaparamiento y la especulación. Se saboteaba de día claro la economía y sin embargo las sanciones legales eran irrisorias. La DC se hacía parte en los hechos de las acciones desestabilizadoras.

Las movilizaciones estudiantiles de secundarios que llevó adelante la DC en contra de la Escuela Nacional Unificada, causó grandes alteraciones del orden público. Sabían que faltaban a la verdad cuando le imputaban afanes totalitarios al gobierno, pero igual sacaban a los muchachos de secundaria a la calle. Nunca habría conseguido lo mismo con unos cuantos hijitos de papá de los liceos particulares.

El 29 de junio de 1973 los fascistas intentan el asalto armado al poder. La rebelión de un regimiento de tanques apoyado por Patria y Libertad intenta hacerse del palacio presidencial. Derrotados, por la noche los fascistas, mercenarios del imperio, se asilan en la embajada de Ecuador. El gobierno pide facultades para decretar el Estado de Sitio, la Democracia Cristiana niega sus votos, y este país y nuestra democracia que han visto correr la sangre por las calles no pueden defenderse jurídicamente de tamaño atentado.

El 23 de agosto de 1973 el Presidente Allende se dirige mediante carta pública a Patricio Aylwin, Presidente de la DC. Ella comienza así:

“La trascendencia que para la seguridad y el progreso de los chilenos tiene un urgente entendimiento entre la mayoría democrática del país, que ponga bajo el control de la razón las corrientes profundas que de modo cada vez más alarmante amenazan con arrastrar a nuestra comunidad hacia una catástrofe social, interpretando el sentimiento de la gran mayoría de compatriotas, me llevó a convocar pública y solemnemente al Partido Demócratacristiano a entablar un diálogo con el gobierno que permitiera ordenar el proceso de cambios y continuarlo”.

La misiva termina señalando:

“No deseo dramatizar, pero tengo el deber de recordarle las trascendentes responsabilidades que usted y yo tenemos en los difíciles instantes que vive el país y las proyecciones históricas de nuestras decisiones. Por ello y por el interés superior de Chile, debemos continuar el diálogo y lo invito formalmente para que prosigamos nuestras conversaciones. Cordialmente”.
 
El Presidente Allende recibe un portazo en la cara. Deslizándose ya por el tobogán del golpismo la DC quiere imponer condiciones de rendición: un gabinete sólo compuesto por militares y que ellos sean los que fijen las políticas sectoriales. Se le llamó con acierto un “golpe blanco”.

La DC no podía ignorar los peligros de una asonada militar. Radomiro Tomic, en declaraciones recogidas por el diario El Siglo de  1 de noviembre de 1972, es decir casi un año antes del Golpe, alerta:

“Digámoslo brutalmente: si los acontecimientos llegaran a forzar la ruptura institucional, no habrá en Chile ¡ni podría haber!, ni Constitución, ni libertades democráticas, ni Congreso Nacional, ni elecciones, ni acusaciones constitucionales, ni fiscalización parlamentaria, ni diarios, ni radios, ni televisión libres para informar, ni tomas ni retomas, ni algaradas en la calle para denostar al gobierno ni para apoyarlo, ni organización sindical independiente, ni huelgas ni conquistas sociales consagradas por las leyes”.

El análisis de Tomic tiene la certeza de una profecía.

¿Por qué la DC desestima el diálogo, ¿por qué abandona las conversaciones que muchos creen puede salvar la democracia?

Peter Kornbluh, director del National Security Archive, que es  uno de los principales impulsores de la desclasificación de archivos secretos de EE.UU. que revelan la acción norteamericana en Chile, en entrevista para la periodista Loreto Daza, del diario derechista chileno La Tercera, formula una hipótesis:

“En Washington la CIA y el Departamento de Estado estaban preocupados de que los militares, bajo el comando del general Prats, no estaban listos para un golpe. La CIA creía que eran necesarias dos condiciones para un golpe exitoso: la salida de Prats y que la DC abandonara las negociaciones con la UP. Considerando los miles de dólares que la CIA le dio a la DC, es muy probable que ello influenciara la decisión del partido de abandonar las negociaciones en julio y comenzar a apoyar a los golpistas”.

Luego del 11 de septiembre, más de una docena de dirigentes democratacristiano, entre los que estaban Bernardo Leighton, Renán Fuentealba, Belisario Velasco, Radomiro Tomic, Jaime Castillo Velasco y Claudio Huepe, en una actitud que los honra sacaron una declaración condenatoria del Golpe. Ese gesto simbólico que ya no podía detener la carnicería, fue consultado a cerca de medio centenar de otros dirigentes. La mayoría se negó, otros llamaron luego pidiendo que les borraran.