Sin embargo, no olvido las palabras de Carlo de Benedetti, uno de la barones del empresariado italiano, quien dividió a sus colegas entre los con mentalidad de edad de piedra, que se felicitan por el fin del comunismo y el debilitamiento de los sindicatos porque la gallina pondrá más huevos de oro, y los inteligentes, que se preocupan de la salud de la gallina. Ni de un artículo de Klaus Schwab, el organizador del Foro Económico Mundial, en que afirma que el capitalismo no puede ser una locomotora desbocada que destruye todo a su paso.
A pesar de esas advertencias, el año recién pasado desapareció el dinorepublicadom americanum. Durante los 14 meses previos al colapso, las autoridades monetarias de Washington, encabezada por un pez gordo de Wall Street y un profesor de economía especializado en depresiones, lucharon en contra de una crisis financieras con las medidas habituales, baja de los tipos de interés, financiamiento de absorciones de bancos, inyecciones de liquidez a las instituciones financieras, etc.
Finalmente, el 15 de septiembre de 2008, al quebrar Lehman Brothers, el capitalismo financiero norteamericano mató a la ponedora de los huevos de oro, con el agravante de que sólo nos legó dinero virtual, en el sentido que le da la física a ese adjetivo: “que tiene existencia aparente y no real”. Y provocó una crisis sistémica en la economía mundial, gracias a la globalización, aunque con menos efectos en la mundo en desarrollo, en especial en Asia. Según las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional, febrero de 2009, las tasas de crecimiento económico para los años 2009 y 2010 serán las siguientes:
Mundo 0,5 3,0
China
India 5,1 6,5
Oriente Medio 3.9 4.7
África 3.4 4.9
Asean 5 2,7 4,1
Brasil 1,8 3,5
AL y Caribe 1.1 3,0
Economías avanzadas -2,0 1,1
Ante esta crisis, la reina Isabel II preguntó en una ceremonia en la famosa London School of Economics “¿Por qué nadie ha sido capaz de anticipar la que se nos ha venido encima?”, con la consiguiente conmoción mediática porque los monarcas británicos no expresan opiniones.
Martin Wolf, un veterano del Fondo Monetario Internacional, y destacado columnista del Financial Times, respondió: “una crisis bancaria y una depresión tan graves no habrían sido logradas por políticos o funcionarios públicos normales, requirió la participación de los economistas”. Con todo, hubo algunas luces rojas que fueron desechadas, en especial de abogados que eran supervisores, e incluso de economistas disidentes, aunque pueden contarse con los dedos de la mano. El más conocido es Roubini, quien, cuando se cumplió su profecía, pasó de ser un chiflado a un destacado gurú.
La raíz del problema es que, por primera vez en la historia, hubo un enorme mercado sin autoridad (Estado en la era moderna): el financiero globalizado, cuyo centro es Wall Street, una de cuyas partes es el más gigantesco paraíso fiscal, para quienes no son norteamericanos o residentes en los Estados Unidos (su similitud con Suiza es pura coincidencia).
Como dijo el primer ministro chino Wen Jiabao, su país enfrenta la crisis económica con menos problemas que otros, porque combina una economía de mercado con la guía gubernamental. Y citó, como respaldo, dos obras de Adam Smith, “La Riqueza de las Naciones”, que trata de la mano invisible del mercado, y la “Teoría de los Sentimientos Morales”, acerca de la mano visible de la autoridad para lograr la equidad social y el desarrollo armonioso. A lo que se suma que las teorías racionales, como pretendían serlo la planificación centralizada y el libre mercado, están siempre limitadas, como lo indicó Keynes, por nuestros “espíritus animales”.
Esa anomalía produjo varios desequilibrios mundiales, entre los que destacan tres, como lo señala Roberto Mangabeira Unger, el ministro de Asuntos Estratégicos de Brasil (sus trabajos se pueden consultar en
www.robertounger.net), quien fuera uno de los más jóvenes profesores de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard.El más notorio es el divorcio entre las finanzas y la producción, con el agravante de que las primeras se multiplicaron indiferentes de la segunda durante el bum de los últimos años, pero se transformaron, como lo indica Soros, en armas financieras de destrucción masiva de la economía real, al entrar en acción cuando estalló la burbuja.
Los nuevos alquimistas, brillantes jóvenes doctores en matemáticas, informática y economía, contratados por Wall Street, creyeron haber encontrado la piedra filosofal. Emitieron dinero al transformar obligaciones no transables en transables, las hipotecas es un gran ejemplo, mediante la comercialización de títulos de deuda con respaldo de esas obligaciones y de sus seguros. o derivados a secas. El mercado OTC en EE.UU., es decir, fuera de bolsa, transacciones de valores al portador, como los billetes, y cuyo principal insumo fueron los derivados, llegó a tener un valor de 600 billones de dólares a principios de 2008, es decir, diez veces la economía mundial y 40 la norteamericana de 2007.
A ello se suma la insostenible relación entre países deficitarios en comercio y ahorro, comenzando por EE.UU., y los con superávit en ambos rubros, empezando por China. Sin embargo, a pesar de la insistencia que esa relación es bilateral, el G 2 la llaman, fue el mundo entero el que financió EE.UU., no sólo Asia, entre otros Chile, ya que la relación entre el superávit de Asia Pacífico y el déficit norteamericano es de 1 a 7,6. La diferencia, 6,6, fue financiada por el resto.
Por último, es indispensable vincular la recuperación con la redistribución del ingreso. El consumismo norteamericano, que se incrementó desmesuradamente durante esta gran farra, fue acompañada de una redistribución regresiva del ingreso, que fue aparentemente contrarrestada por la supervalorización de viviendas y carteras bursátiles, que permitió un endeudamiento masivo, o sea, una democratización falsa, postiza y precaria del crédito, para usar palabras de Unger, que con la crisis se esfumó.
Por supuesto que hay que regular y supervisar los mercados financieros mundiales y las políticas fiscales y monetarias deben ser expansivas. Sin embargo, para que la crisis no se repita hay que cambiar los modelos imperantes y, en este momento histórico, se debate si es multipolar o sin polos, equilibrar la globalización.
Por lo demás, siempre ha sido así. El proyecto de Obama es una demostración de ello. Y también lo es el chino para enfrentar la crisis, cuya deuda pública aumentará a un 20% del PIB, y que concentrará la inversión en el desarrollo de una infraestructura física moderna entre sus regiones, que ahora solo existe en la zona costeras; en bienes públicos, como seguros sociales, y en el desarrollo de un mercado interno.
Tal vez por todo ello, el símbolo ideográfico en chino mandarín (la escritura no es fonética sino representativa de ideas) es el mismo para wei (crisis) y ji (oportunidades).
En resumen, después de la desaparición de los dinosaurios ideológicos, parece que comienza a renacer el homo sapiens.
