google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Candidaturas: el éxodo de los socialistas

La reciente renuncia de Jorge Arrate a sus 46 años de militancia en el Partido Socialista  se suma a la que realizó en el mes de noviembre el senador Alejandro Navarro. Dos personajes que en diversos períodos de la historia republicaba de Chile asumieron grandes desafíos y tareas al interior de su colectividad como asimismo en el mundo social y político.

En consecuencia, nadie podría desconocer el rol que ambas personalidades han jugado en los últimos treinta años de la vida política del país. Por lo mismo sería interesante preguntarse por las posibles causas y las razones que han generado, lo que parece ser, un lento y sostenido éxodo de los socialistas.

Los fenómenos de emigración y de fundación de partidos son propios de toda sociedad democrática y de todo sistema de partidos que busca responder y representar los cambios, los intereses y las aspiraciones de los miembros de una comunidad que en su composición refleja con nitidez su diversidad, pluralismo y vocación democrática.

La emigración desde los partidos

En algunos círculos políticos y académicos existe la convicción respecto de que el éxodo de figuras políticas históricas de los partidos no es un fenómeno casual y que éste tiene sus reales fundamentos tanto en la crisis de representatividad que afecta a la actividad política como a las características del régimen político chileno y de su sistema de partidos.

La historia republicana del Chile del siglo XX muestra diversos procesos político – sociales en los cuales militantes destacados emigraron desde los partidos en los que se socializaron políticamente para luego fundar nuevos instrumentos de lucha social y política que respondieran a las exigencias de las nuevas circunstancias históricas del país. Es destacable el hecho que la mayoría de las emigraciones se han producido para fundar expresiones políticas y orgánicas más cercanas a posturas liberales, progresistas, populares y libertarias.

Un ejemplo de ello fue la emigración de militantes desde el Partido Conservador, proceso  que permitió en el año 1957 dar origen a la Democracia Cristiana y producto de nuevos éxodos desde este último partido surgieron luego en 1969 el MAPU y en 1971 la Izquierda Cristiana. Migraciones desde el Partido Demócrata generó las condiciones para que en el año 1922 se fundara el Partido Comunista y en 1933 expresiones orgánicas menores, con militantes provenientes de partidos de raíz popular y laica dio origen al Partido Socialista. 

En la derecha el éxodo de militantes se ha caracterizado por ser menos dinámico y traumático para los partidos en comparación con los del centro y la izquierda. Más bien, a partir del año 1985 la derecha chilena inició un proceso de rearticulación y de creciente estructuración orgánica que le ha dado una nueva fisonomía y en donde las emigraciones han obedecido más bien a disputas personales más que a la necesidad de crear nuevos referentes políticos y sociales para enfrentar las coyunturas políticas del país. Es más, la salida de militantes de un partido de derecha suele culminar con su incorporación a otro del mismo sector. Así se puede apreciar en el caso de militantes que han abandonado Renovación Nacional y que después de un tiempo aparecen inscritos en la Unión Demócrata Independiente.  

El éxodo de personalidades políticas desde los partidos de la Concertación responde más bien a problemas estructurales y no sólo a dificultades coyunturales. En varias  oportunidades ha sido señalado que la institucionalidad democrática, que el modelo de crecimiento y de desarrollo económico, que el sistema de representación política y que la forma de hacer la política han llegado hasta un punto en que no es posible avanzar más y que definitivamente se han agotado.

Las posibles causas y razones

La transición democrática iniciada formalmente en el año 1990 y la institucionalidad política heredada de la dictadura militar, en términos generales, han facilitado el desarrollo simultáneo de tres fenómenos sociopolíticos. 1) El “disciplinamiento político” de las elites partidarias y de los partidos con presencia gubernamental y con representación parlamentaria en contraposición a las aspiraciones ciudadanas por profundizar la democracia. 2) El distanciamiento de los partidos políticos respecto de las personas y la desafección de los ciudadanos respecto de la actividad política. 3) El desdibujamiento de los proyectos políticos y programáticos de los partidos y la escasez de debates y discusiones sobre los grandes temas nacionales que marquen las diferencias y las alternativas.          
 
La ausencia de debates, de intercambio de ideas, de construcción de propuestas y de discusión política seria y ampliamente participativa al interior de los partidos, cuestión que aparece con más fuerza a partir de 1997, ha generado un sostenido proceso de vaciamiento y de debilitamiento de las identidades partidarias y de los proyectos políticos históricos.

En el caso particular de los partidos de la Concertación, con el gobierno de Ricardo Lagos comienza a cristalizar la idea de que la discusión sobre las grandes ideas políticas y los proyectos partidarios para el país deben desarrollarse en los centros de estudios ligados a los partidos y no propiamente en éstos. Los que han adscrito a tal planteamiento han terminado hipotecando todo posible desarrollo de un sistema de partidos políticos fuerte, moderno, participativo, eficiente, innovador y vinculado en forma permanente con los intereses de los  ciudadanos, de la sociedad civil y de sus organizaciones.

Por otro lado, la desvinculación de los partidos respecto de la ciudadanía y de sus organizaciones ha contribuido a consolidar la crisis de representatividad que afecta a la sociedad chilena, y al mismo tiempo, ha facilitado el surgimiento de militantes y de dirigentes partidarios que con sus discursos y prácticas excluyen, marginan, sancionan o expulsan la disidencia, apelando erróneamente a la estabilidad, a la responsabilidad política frente al gobierno y un concepto de lealtad que si no se relaciona adecuadamente con principios y valores superiores tiende más bien a convertirse en un argumento propio de una retórica antojadiza e interesada. Tales comportamientos responden más a la tesis del “gatopardismo” y al del “circulo de hierro de las elites” más que a la necesidad de responder al mandato ciudadano y de asegurar un adecuado ejercicio del poder.      

Dentro de las lógicas señaladas, no aparece entonces del todo descabellado pensar que algunos de los actores del sistema político chileno han llegado a ser implacables para identificar, focalizar y enfrentar a la disidencia con el fin de acallarla, cooptarla, excluirla o simplemente eliminarla por la vía de la descalificación, de la expulsión o de la emigración.
Al parecer éstas han sido las razones más profundas y relevantes que ayudarían a explicar el éxodo de Alejandro Navarro y de Jorge Arrate desde las filas del partido de la presidenta Bachelet.  Independiente de lo señalado, tampoco es posible desconocer que hayan existido otras motivaciones en los personajes políticos que han abandonaron en forma voluntaria el PS en los últimos meses. 

Trayectorias y candidaturas

La historia de Alejandro Navarro en el PS y en la política no es baladí. En sus más de 20 años de militancia, primero en la Juventud Socialista y luego en el partido, asumió roles significativos en la reconstitución de la JS y también del movimiento juvenil universitario, en la década de los ochenta. Luego asume responsabilidades gubernamentales en el gobierno del Presidente Aylwin y con posterioridad en el parlamento, siendo diputado y luego senador En sus años de militancia socialista luchó con fuerza y vehemencia por la recuperación de la autonomía universitaria, por la democracia en Chile y por democratizar la institucionalidad del país, para hacerla auténticamente democrática. 

En sus 46 años de militancia Jorge Arraté realizó aportes importantes a la renovación, unidad y desarrollo del PS. Luego de la división producida en el año 1979, asume la tarea de iniciar un proceso de renovación del socialismos chileno, sin perder su identidad, pero dando cuenta de los cambios y de los avances producidos en la sociedad chilena y en el contexto mundial. Junto a otros promueve diversas iniciativas para aglutinar a las distintas expresiones orgánicas de socialismo que surgieron tras la división, asume procesos de autocríticas respecto de la derrota política de 1973 y se esfuerza por recomponer el ideario socialista para enfrentar a la dictadura y luego el proceso de transición hacia la democracia. La unidad plena de los socialistas concentra gran parte de sus energías, cuestión que consigue en 1989 cuando junto a Clodomiro Almeyda firman la unidad de los socialistas y dan inicio al proceso de recomposición del socialismo chileno. Una vez que la Concertación llega a La Moneda, Arrate asume diversas responsabilidades y tareas tanto gubernamentales como diplomáticas.  

La breve reseña histórica que se muestra de Alejandro Navarro y de Jorge Arrate en el PS, en el gobierno y en el parlamento, también pueden ayudar a dimensionar adecuadamente las causas y las razones que llevaron a que abandonaran el partido. Ambos asumieron, en distintas circunstancias y oportunidades, tareas de reconstrucción de la orgánica socialista, también impulsaron procesos de unidad política y social al interior del PS y de la sociedad civil, contribuyeron a la construcción de alternativas políticas para derrotar a la dictadura, hicieron aportes para la elaboración de programas de gobierno con una clara impronta progresista y asumieron tareas y desafíos para materializar en acciones concretas las aspiraciones de los sectores populares y progresistas del país, en los cuatro gobiernos concertacionistas que han conducido a Chile desde 1990.

Ambas personalidades políticas han sido testigos activos de los avances producidos en el país, de las limitaciones existentes en la institucionalidad política y de los temas que han quedado pendientes de los cuatro programas de gobierno ofrecidos por la Concertación a Chile y que refieren básicamente a aspectos que benefician a sectores populares y progresistas y que implican cambiar sustantivamente el modelo heredado de la dictadura.

Interrogantes e incertidumbres

Junto con las aspiraciones personales de convertirse en precandidatos socialistas para las elecciones de 2009 y ante la imposibilidad de conseguir los apoyo internos Navarro y Arrate deciden buscarlos fuera de PS. Ahora bien, ¿hasta dónde tal decisión constituye sólo  un acto simbólico que aspira a reafirmar una identidad socialista debilitada ante la militancia y la ciudadanía; un acto de voluntarismo extremo que busca generar condiciones que permitan enfrentar el agotamiento del modelo e instalar con más fuerza el discurso que propone cambiarlo por otro más democrático y progresista o simplemente tal decisión responde a la aspiración concreta de aglutinar fuerzas para construir una nueva mayoría que ofrezca una opción distinta a Chile, diferente a que ofrece la Alianza y la Concertación? 

Más allá de las reales posibilidades de Navarro y de Arrate de convertirse en candidatos presidenciales, el PS no ha reparado en algo que pese a la aparente confusión que despierta en algunos puede también transformarse en un valioso capital político futuro. Hasta antes de la proclamación de Eduardo Frei, al interior del partido de Salvador Allende llegaron a existir cuatro posibles alternativas de precandidaturas a llevar a las primarias: José Miguel Insulza, Jorge Arrate, Alejandro Navarro, Marco Enríquez Ominami.

Debido a la forma en que el PS proclamó al senador Eduardo Frei como candidato a la presidencia, el diputado Marco Enríquez Ominami anunció que no descartaba la posibilidad de emigrar también del partido. Llama la atención la nueva modalidad que ha comenzado a instalarse en el PS para zanjar sus legítimas diferencias y disputas internas. Hasta antes de 1989 los conflictos al interior del partido socialista eran resueltos mediante quiebres o divisiones partidarias. En todo caso, resulta curioso constatar también que durante el gobierno de una socialista genéticamente pura haya comenzado a gestarse el fenómeno del éxodo político para resolver las disputas y los conflictos internos del PS.  

El éxodo de los socialistas con aspiraciones presidenciales, la declinación de José Miguel Insulza para representar al mundo socialista de la Concertación en las primarias y la reciente proclamación de Eduardo Frei, ha dejado al PS sin candidato propio y con la gran incertidumbre de no tener claridad acerca de cómo construir una propuesta programática progresista que influya en la elaboración del programa de gobierno que presentará Frei a Chile. Surge para los socialistas la duda razonable acerca de cómo garantizar, por un lado, que tal programa acoja y refleje algo de la impronta de los socialistas, y por otro, que a la vez asegure el éxito de las políticas de redistribución y de justicia social impulsadas por la presidenta Bachelet. Para los socialistas ambos elementos constituyen el sello distintito de un gobierno que sienten que con la Presidenta la Concertación ha estado más cerca de las personas y del proyecto histórico de los socialistas.

Al parecer para los socialistas la suerte ya está lanzada. Ahora sólo queda negociar con inteligencia para influir exitosamente en la elaboración del programa de gobierno, lograr una lista parlamentaria generosa, incorporarse a las estructura de campaña en espacios relevantes y tratar de evitar futuras renuncias de su militancia hacia otras candidaturas.

Patricio Bustos Pizarro
Santiago, enero de 2009