Salvador Allende apoyado por un muy pequeño grupo de dirigentes entre los que se cuentan el senador Luis Quinteros Tricot y José Tohá se niegan a apoyar a Ibáñez. El oficialismo del partido les separa de las filas y Allende y sus compañeros forman junto a lo poco que puede aparecer del PC clandestino lo que llaman Frente del Pueblo, levantan una reivindicación estrambótica para los tiempos: la nacionalización del cobre. En el gobierno se comenta; les sobra candidato pero les faltan votos. Obtienen algo más del 4 % de los votos. La izquierda se ha echado a andar.
El PS oficial recibe por su apoyo cargos ministeriales. Se incorporan al gabinete Clodomiro Almeyda como ministro del Trabajo y Carlos Altamirano como subsecretario de Hacienda.
La colaboración durará poco. Se planteó un conflicto laboral en la empresa Sumar, el gobierno a través del ministro del Trabajo tomó partido por la empresa y el PS por los trabajadores. El presidente Ibañez sentencia: “ A estos turcos no los podemos tocar, apoyaron mucho en la campaña”. El socialismo resuelve la salida del gobierno y la renuncia de los militantes a los cargos gubernamentales, renuncian todos. Allende y sus compañeros se reincorporan a las filas partidarias.
Luego se forma el Frente de Acciòn Popular (FRAP) en el cual la línea de un frente de trabajadores diseñada por el Secretario General del PS, Raúl Ampuero.
En 1958 Salvador Allende, abanderado presidencial del FRAP, estuvo a punto de alcanzar la presidencia en Chile. Alessandri le venció por una diferencia de menos votos que aquellos con los cuales perdió el ’70. En ese momento tres son las puntas de lanza de la revolución latinoamericana: la izquierda chilena, el movimiento peronista argentino y las guerrillas cubanas.
El llamado gobierno de “los gerentes”, que encabeza el triunfante Alessandri, no realiza ningún cambio significativo, con lo cual la crisis se acentúa. Este gobierno de derechas carece de todo sentido histórico y sólo contribuirá la destrucción electoral de este sector político, el cual sólo volverá al gobierno a través de una cruenta contrarrevolución.
Se ensaya una parodia de Reforma Agraria, ahora impulsada por los americanos que pasa la historia, sin pena ni gloria, con el apodo de “reforma de macetero”.
Se producen algunas masacres de obreros y personas pobres que luchan por sus reivindicaciones. Las cantidades de muertos son aún pequeñas, sólo algunas decenas, no es todavía la derecha actuando a sus anchas. Los desheredados de la tierra no han desafiado aún y realmente al olimpo del poder. No es aún la hora del genocidio.
Se acerca la presidencial de 1964.
La derecha está desplomada, a tal punto que ni siquiera tiene un candidato presidencial propio. Algunos miran hacia el nacionalista Jorge Prat Echaurren, pero no se concreta nada sólido, otros apoyan al radical de derecha Julio Durán.
En el centro la Democracia Cristiana proclama a Eduardo Frei Montalva. Surge con fuerte apoyo de la Iglesia Católica.
La izquierda nucleada en el FRAP levanta la tercera candidatura presidencial de Salvador Allende.
Previo a la presidencial una elección parlamentaria por una vacante en Curicó enfrenta, como en un round de estudio, a los futuros contrincantes. Triunfa ampliamente el socialista Oscar Naranjo.
Sergio Barría, dirigente socialista y Secretario General de la Juventud Socialista por aquellos años, recuerda:
“El ‘Naranjazo’ fue un esfuerzo de la base social, fuimos a Curicó y dormíamos en la plaza, trabajábamos codo a codo con los comunistas. Luego de ello vino toda la agresión del imperialismo, nos compraron a compañeros como Baudilio Casanova, de los panificadores, y Humberto Santana, del sindicato marítimo de Punta Arenas, que se pasaron a la campaña de Frei. Esto venía de los americanos. “Es primera vez en la historia que se siente la presencia real del imperialismo en la campaña, trajeron a Juanita Castro, hermana de Fidel. No fueron casos aislados, fue la acción directa del imperialismo. En esa época se hicieron denuncias, pero todos los medios de prensa estaban con ellos, sólo teníamos El Siglo y Ultima Hora, y a medias Clarín. “Luego de la derrota se empezó a crear la base de lo que sería el MIR, lo cual era razonable para un joven con inquietudes políticas, ver ahí la presencia del imperialismo. Eran cientos los agentes de la CIA, entre los chilenos estaban Marcos Chamúdes, un traidor del Partido Comunista”. Se encienden las luces de alarma en el sistema. Julio Durán retira su candidatura presidencial (aunque su nombre continúa en la papeleta electoral). La derecha pasa a apoyar a Frei como una forma de atajar un gobierno socialista.La candidatura demócratacristiana recibe la ayuda de un aliado formidable. Son gigantescas las remesas de dólares que dicha postulación presidencial recibió de EE.UU. por distintas vías que iban desde la CIA hasta fundaciones de aspecto inocente.
Pero la CIA actuó también directamente en el proceso electoral orquestando una de las más grandes operaciones políticas conocidas en nuestro país y que pasarían a la posteridad como “campaña del terror”.
Se actuó sobre uno de los sentimientos más sensibles de ser humano: el miedo. Se utilizó toda la técnica y los recursos disponibles y se operó sin ninguna consideración ética. Cada paso fue meticulosamente estudiado sin el más mínimo respeto a la verdad.
Habitualmente el género más refractario al cambio, y particularmente en aquellos años por su falta de incorporación al trabajo industrial, era la mujer. Sobre ella se actuó en su punto más sensible: el amor a los hijos.
Se difundió de mil maneras, todas ellas estudiadas científicamente, que un gobierno de Allende en Chile significaría que todos los niños desde la más temprana edad serían arrebatados a sus padres, se les criaría en cuarteles militares en Cuba, para que luego a los 14 años, fusil al hombro, se les mandara a guerras feroces para sojuzgar a otros pueblos. De allí los que sobrevivieran volverían lisiados o enloquecidos por los horrores vividos. Se les enseñaría a odiar a sus padres, quienes una vez arrebatados sus retoños, ya no volverían a verlos.
La nueva juventud chilena solo obedecería al partido, odiaría a Dios y sus padres. Los propios hijos delatarían el sufrimiento de sus padres para que éstos fueran arrastrados a la sala de torturas o al paredón de fusilamiento.
Si alguien pretendiera oponerse sería aplastado por las oleadas de tanques soviéticos que ocuparían Chile. Se hicieron fotos trucadas con tanques soviéticos frente a La Moneda. Se difundió por cientos de miles una foto, en que actores profesionales hacen aparecer una escena donde un supuesto opositor al comunismo, de hinojos y con un crucifico en la mano, pide piedad ante un presunto oficial del ejército cubano, momentos antes de ser fusilado.
Todo esto se repartía en folletos, programas de radio, en cientos de miles de afiches pegados en todo Chile.
Desde un punto de vista político la elección del ’64 reflejó claramente el nuevo escenario político continental y nacional.
El viejo y centrista partido radical resultó pulverizado por el enfrentamiento cada vez más nítido entre capitalismo y socialismo. La derecha ya no pudo dar batalla por si misma y debió apostar al mal menor que era la Democracia Cristiana.
Esta última debe vestirse con los ropajes del adversario y así se proclama como “La revolución en libertad”. Frei promete por doquier una revolución sin sangre. Luego de la matanza de pobladores de Puerto Montt, Fidel Castro le responderá que hay sangre sin revolución. La consigna de la campaña demócratacristiana, que es la opción del sistema de dominación capitalista, expresa con nitidez la conciencia generalizada sobre la crisis, ella es “Todo tiene que cambiar”.
El FRAP da un paso táctico en falso. En vez de hacer más nítidas las contradicciones, en vez de radicalizar la lucha ideológica, rebaja su programa. El discurso revolucionario se diluye, la izquierda parece avergonzarse de sus propias ideas, las oculta para no asustar al electorado.
Por una multiplicidad de factores, de los cuales se nos muestran como principales, 1.- La capacidad del sistema para presentar un frente único 2.- La poderosa colaboración política y material del imperio norteamericano 3.- La falta de solidez ideológica de la izquierda, resulta un contundente triunfo de Eduardo Frei Montalva.
El gobierno de Frei reprime con crudeza inusitada, para esos años, al movimiento popular y particularmente al Partido Socialista.
La política de chilenización del cobre llevada adelante por Frei, es una parodia cargada de hipocresía, que consiste en comprar parte de las acciones de las transnacionales que explotan nuestro cobre, esto produce jugosas utilidades para las empresas “afectadas”. Un remedo de nacionalización. Se castiga a los saqueadores de Chile con un fajo de dólares.
Pero el salvador del sistema debe navegar entre dos aguas. Por una parte debe responder a quienes lo pusieron y lo sustentan en el poder y por otra no puede sustraerse al curso de la historia. Y quienes lo pusieron en el poder son dos actores de intereses contradictorios: de una parte el imperio norteamericano y la oligarquía nativa y de la otra sectores pobres del campo y la ciudad, lo que la ideología demócratacristiana llama eufemísticamente; marginalidad.
En materia agraria y aún cuando sea un paso incompleto, el gobierno lleva adelante un proceso de cambio en la tenencia de la tierra y de sindicalización campesina de claro corte progresista.
El campesinado chileno se encontraba en una situación de analfabetismo, pobreza, explotación y atropellos permanentes a su dignidad. En el año 1938 el PS aceptó la conformación de un Frente Popular con el PC y el PR bajo la hegemonía burguesa del segundo, el acuerdo que culminó en el gobierno fue posible gracias a que se dejó fuera del programa la reforma agraria y la sindicalización campesina.
Desde el punto de vista de los principios, de la misión histórica de la izquierda chilena esto fue un error, pues se privó por decenios de la clase campesina y toleró que siguiera sometida al más cruel avasallamiento.
Los campesinos no tenían derecho a sindicalizarse. La ley de sindicalización campesina echó a andar una clase entera. La clase en sí derivó en clase para sí en un período muy breve.
El aspecto progresista del comportamiento político de Frei se explica perfectamente a la luz de lo que la filosofía de la historia de Hegel sostiene en el sentido de que cualquiera sean las circunstancias personales por las que se actúa en la vida política, las “astucias de la razón” terminan arrastrando a los actores en el sentido del plan no escrito de la historia. La sociedad chilena se movía en el sentido de la libertad y a ello no se podía sustraer ni siquiera un gobierno surgido bajo amparo americano.
Lo que se agotaba era un modelo de acumulación capitalista dependiente. Si había un estancamiento en los grandes procesos de acumulación global del capitalismo mundial, en un país pequeño periférico y atrasado la situación no la podía resolverla un gobierno a medias, atado por sus compromisos con los americanos de un lado y por su representación social dicotómica de otro, como lo fue el de Frei.
Así se llega con una crisis agravada a la elección presidencial de 1970. Todo el mundo está consciente de que hay una crisis del modelo de desarrollo. Quien más claramente tiene un proyecto de salida, quien ya no siente vergüenza ni oculta su programa es la izquierda.
En las primeras páginas del Programa de Gobierno de la Unidad Popular se lee una clara exposición de la naturaleza de la crisis y de los caminos de su solución:
“
Chile vive una crisis profunda que se manifiesta en el estancamiento económico y social, en la pobreza generalizada y en las postergaciones de todo orden que sufren los obreros, campesinos y demás capas explotadas, así como en las crecientes dificultades que enfrentan empleados, profesionales, empresarios pequeños y medianos y en las mínimas oportunidades de que disponen la mujer y la juventud. “…Lo que ha fracasado en Chile es un sistema que no corresponde a las necesidades de nuestro tiempo. Chile es un país capitalista, dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, que no pueden resolver los problemas fundamentales del país, los que se derivan precisamente de sus privilegios de clase a los que jamás renunciarán voluntariamente. “Más aún, como consecuencia misma del desarrollo del capitalismo mundial, la entrega de la burguesía monopolista nacional al imperialismo aumenta progresivamente, se acentúa cada vez más en su dependencia su papel de socio menor del capital extranjero. “…En Chile las recetas reformistas y desarrollistas que impulsó la Alianza para el Progreso e hizo suyas el gobierno de Frei no han logrado alterar nada importante. En lo fundamental ha sido un nuevo gobierno de la burguesía al servicio del capitalismo nacional y extranjero, cuyos débiles intentos de cambio social naufragaron sin pena ni gloria entre el estancamiento económico, la carestía y la represión violenta contra el pueblo. Con esto se ha demostrado, una vez más, que el reformismo es incapaz de resolver los problemas del pueblo. “El desarrollo del capitalismo monopolista niega la ampliación de la democracia y exacerba la violencia antipopular. “Las formas brutales de la violencia del Estado actual, tales como las acciones del Grupo Móvil, el apaleo de campesinos y estudiantes, las matanzas de pobladores y mineros, son inseparables de otras no menos brutales que afectan a todos los chilenos. “Porque violencia es que junto a quienes poseen viviendas de lujo, una parte importante de la población habite en viviendas insalubres y otros no dispongan siquiera de un sitio; violencia es que mientras algunos botan la comida, otros no tengan cómo alimentarse. “La explotación imperialista de las economías atrasadas se efectúa de muchas maneras: a través de las inversiones en la minería (cobre, hierro, etc.) y en la actividad industrial, bancaria y comercial mediante el control tecnológico que nos obliga a pagar altísimas sumas en equipos, licencias y patentes, de los préstamos norteamericanos en condiciones usurarias que nos imponen gastar en Estados Unidos y con la obligación adicional de transportar en barcos norteamericanos los productos comprados, etc. “Los monopolios norteamericanos, con la complicidad de los gobiernos burgueses, han logrado apoderarse de casi todo nuestro cobre, hierro y salitre. “Controlan el comercio exterior y dictan la política económica por intermedio del Fondo Monetario Internacional y otros organismos. Dominan importantes ramas industriales y de servicios; gozan de estatutos de privilegio, mientras imponen la devaluación monetaria, la reducción de salarios y sueldos y distorsionan la actividad agrícola por la vía de los excedentes agropecuarios. Intervienen también en la educación, la cultura y los medios de comunicación. Valiéndose de convenios militares y políticos tratan de penetrar las FF. AA. “Las clases dominantes, cómplices de esta situación e incapaces de valerse por ellas mismas, han intensificado en los últimos 10 años el endeudamiento de Chile con el extranjero. Dijeron que los préstamos y compromisos con los banqueros internacionales podrían producir un mayor desarrollo económico. Pero lo único que lograron es que hoy día Chile tenga el récord de ser uno de los países más endeudados de la tierra en proporción a sus habitantes. “A los dueños del capital les interesa ganar siempre más dinero y no satisfacer las necesidades del pueblo chileno. “El alza del costo de la vida es un infierno en los hogares del pueblo y, en especial, para la dueña de casa. En los últimos 10 años, según datos oficiales, el costo de la vida ha subido casi en un mil por ciento. “…Un alto número de chilenos está mal alimentado. Según estadísticas oficiales, el 50 % de los menores de 15 años de edad está desnutrido. Esto demuestra que la economía en general y el sistema agrícola en particular, son incapaces de alimentar a los chilenos, pese a que Chile podría sustentar ahora mismo una población de 30 millones de personas, el triple de la población actual. “Por el contrario, debemos importar cada año centenares de miles de dólares en alimentos de origen agropecuario. “El latifundio es el gran culpable de los problemas alimentarios de todos los chilenos y responsable de la situación de atraso y miseria que caracteriza al campo chileno. Los índices de mortalidad infantil y adulta, de analfabetismo, de falta de viviendas, de insalubridad son, en las zonas rurales, marcadamente superiores a las de las ciudades. Estos problemas no los ha resuelto la insuficiente Reforma Agraria del gobierno demócratacristiano. “El crecimiento de nuestra economía es mínimo. En los últimos lustros hemos crecido, en promedio, apenas a razón de un 2 % anual por persona; y desde 1967 no hemos crecido, más bien hemos retrocedido, según las cifras del propio gobierno (ODEPLAN). “La única alternativa verdaderamente popular y, por lo tanto, la tarea fundamental que el gobierno del pueblo tiene ante sí, es terminar con el dominio de los imperialistas, de los monopolios, de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del socialismo en Chile”. Este programa claro, rotundo y sin ambigüedades consigue que una coalición que tiene como eje a dos partidos marxistas llegue al gobierno.Durante la elección presidencial la derecha representada por el anciano empresario Jorge Alessandri Rodríguez hizo un gigantesco despliegue económico y puso todas su fuerza política en tensión. Actuaban con la determinación que da la desesperación. Su situación como sistema de dominación se había hecho crítica. Había elegido a Frei el ’64 y éste, no pudiendo evitar la corriente incontenible de la historia había llevado adelante la Reforma Agraria. Con un gobierno revolucionario en serio las cosas se les pondrían aún peores.
Desplegaron de nuevo una campaña del terror contra la candidatura de Allende. Pero el electorado estaba ya vacunado contra sus truculentos contenidos. La cantidad de propaganda puesta en las calles fue gigantesca, miles de activistas a sueldo fueron desplegados por todo el país. Se pagaba en efectivo por asistir a concentraciones, se organizaban comilonas por doquier, los empresarios amenazaban a sus trabajadores con el cierre de las industrias, elementos del lumpen especialmente contratados destruían la propaganda allendista, las empleadas domésticas ora eran engatuzadas o amenazadas por sus patrones.
La Democracia Cristiana desplegó todos los recursos disponibles desde su posición de partido de gobierno. A lo cual debía sumarse la honestidad y formidable oratoria de su candidato Radomiro Tomic. Su programa de gobierno tenía grandes coincidencias con el de Allende. Era el sistema de dominación capitalista el que estaba en bancarrota política.
La CIA desarrolló lo que se llamó operación “ruina” contra Allende, es decir, enormes recursos y numerosas operaciones destinadas a destruir la candidatura popular. En aquellos meses los americanos entraron a Chile decenas de agentes. Incluso en una ocasión bajo el pretexto de una banda musical de la Armada pretendieron entrar una gran cantidad de agentes CIA lo cual fue motivo de polémica pública por aquellos días.
El MIR por su parte que expresaba la más importante organización de ultraizquierda toma distancia de las elecciones estigmatizándolas primero como circo electoral, luego morigeró su discurso al señalar:
“El hecho de diferir en los métodos no los convierte en nuestros enemigos. Sólo hace evidente que marchamos por caminos diferentes” (MIR, una historia. Pág. 91, Carlos Sandoval. Sociedad editorial Trabajadores. Santiago Chile 1990).
Con todo, el MIR suspendió sus expropiaciones, prestó alguna colaboración en la modesta escolta del abanderado presidencial y dejó en libertad de acción a sus militantes en torno a votar o no por Allende. Cuando éste asumió, una de sus primeras medidas fue conceder indulto a todos los miristas y otros revolucionarios, presos o prófugos.
Allende triunfó porque el pueblo así lo quiso. Fue su fuerza formidable lo que hizo inocuos los planes de la CIA y derrotó los enormes recursos del imperio y la oligarquía nativa.
Fue la voluntad del pueblo la que llevó a Allende al gobierno. Esa voluntad ingenua y generosa de la campaña del ’70 pudo transformarse en furia revolucionaria invencible si se hubiera tenido más confianza en ese pueblo, si se hubiera dispuesto defender el proceso con los que eran sus auténticos gestores.
Muchos dirigentes de izquierda no han vivido la pobreza. Su aproximación al drama es generosa, pero conceptual. Por ello no siempre pueden calibrar la determinación que el pueblo pobre y oprimido puede tener cuando ve una posibilidad cierta de salir de tal condición. Cuando se ve el atisbo de una vida mejor.
De aquel período Francisco Bucat, ex miembro del CC del PS, recuerda:
“El programa de Allende y el de Tomic eran muy concordantes, la nacionalización del cobre, profundizar la reforma agraria y la participación del pueblo. Desde el punto de vista del programa la derecha estaba reducida a un 30 %. La juventud era clave en la campaña y eso permitió sobre la marcha, con pocos recursos, una campaña con contenido, a diferencia de hoy, que son con jingles y cosas huecas, vacías, sin contenido, sin propuesta, no hay definiciones, a diferencia de nosotros que estábamos por transformar profundamente la sociedad, éramos empujados por esa magia del cambio, como si fuera un hecho natural y de ahí la potencia de la propuesta de Salvador Allende, que más allá de un cambio presidencial de un sexenio, era cambiar la vida, estábamos jugándonos nuestro propio futuro. Se apreciaba dignidad, entrega, honestidad, solidaridad. Yo era estudiante del Comercial 3. “Las brigadas muralistas eran muy organizadas, no sólo era el nombre de Allende, era un tema, un derecho, de los mineros, las mujeres, los obreros, la cultura, llegaban ser verdaderas obras de arte. “Por primera vez se ve a la joven mujer en las campañas. Algunas tenían serios problemas en su casa, tenían una batalla político ideológica en su casa. “Yo lo viví con mi hermana y la hermana de mi polola que era un pajarito y se metió en una brigada. Estos jóvenes participaron después en los grandes trabajos voluntarios. Después de la campaña fuimos activistas, se formaron muchas parejas”. El espectacular triunfo de la Unidad Popular despertó las expectativas del mundo entero. Socialismo y democracia caminaban de la mano. Se enfilaba rumbo a la nueva sociedad en plena libertad.La experiencia chilena resultaba más peligrosa para el capitalismo mundial que la Revolución Cubana, ésta generaba un ejemplo de dimensión tercermundista. El ejemplo chileno de alianza socialista-comunista y camino electoral podía emprenderse incluso en Europa.
Luego del triunfo del 4 de septiembre se desataron varias conspiraciones para impedir el ascenso de Allende. Incluso el mayor Marshall urdió un complot para asesinar a Allende, ello obligó a formar una pequeña escolta que daría origen al GAP (Grupo de Amigos Personales).
La más conocida y sangrienta conspiración fue la que encabezó el general Roberto Viaux que terminó con el asesinato del Comandante en Jefe del Ejército, René Schneider.
Los integrantes de la banda de Viaux que contaba en sus filas con una serie de jóvenes provenientes de la oligarquía terrateniente chilena y de elementos del lumpen, serían condenados a penas irrisorias por la justicia chilena y luego indultados por la dictadura militar. Sólo Viaux debería cumplir íntegra su pena de extrañamiento en Paraguay, pues Pinochet no quería que nadie le hiciera sombra en Chile.
La CIA mantuvo contacto permanente con el grupo de Viaux, les suministró armas y dinero en grandes cantidades, incluso después del desbande producido por el fracaso del complot.
Esta banda se comunicaba con el almirante Hugo Tirado Barros y el general de la guarnición militar de Santiago, Camilo Valenzuela, quienes llevaban adelante otros planes golpistas por su cuenta.
El 4 de noviembre de 1970 el Congreso Pleno ratificaba el triunfo del ciudadano Salvador Allende Gossens. Desde las tribunas el diputado Mario Palestro gritó: “¡Viva Chile, mierda!”. El largo camino recorrido por Francisco Bilbao, Santiago Arcos, Luis Emilio Recabarren y Marmaduke Grove, entre otros, entraba en un momento decisivo. No era una alternancia más, era un pueblo al gobierno. Era una revolución, y en éstas se triunfa o se muere si son verdaderas.
