Ellos son los responsables de su destino. Víctimas de su propia incapacidad para gobernarse. Han gozado de múltiples oportunidades y las han desaprovechado todas. Se les brindó apoyo económico, autonomía y han malgastado su credibilidad. No hay otro camino. Si los intentos han sido baldíos, no caben contemplaciones. No han entendido por las buenas, hay que actuar expeditivamente.
La guerra es inevitable y no debe generar resquemores. Los civiles caídos son parte de un drama menor, sin importancia. Los efectos colaterales, que en este caso, debemos recordar, son escudos humanos utilizados para proteger sus arsenales y sus dirigentes, o sea, no son víctimas casuales, son causales. Son ellos los que no respetan las reglas de la guerra, son unos cobardes, no tienen derecho a quejarse ni a demandar treguas, ni paz, ni protección internacional. Solo deben ser sumisos, si se muestran rebeldes, cabe aplicar la fuerza del más poderoso. En definitiva, se han ganado las papeletas para ser borrados del mapa. Si es necesario utilizar el bisturí, no debe dudarse. Siempre se salvara el cuerpo y se extirpará el mal. De esta forma se ha procedido desde tiempos inmemoriales con las poblaciones díscolas. No hay alternativas. Las experiencias históricas lo demuestran.
Este exterminio se enmascara como una acción humanitaria, un saber estar y hacer, casi como si de un protocolo de derechos humanos se tratase. La ecuación es simple: salvar a quienes se está asesinando, de ser gobernados por Hamas, para establecer un nuevo marco de referencia sin incertidumbre. Gaza debe transformase en tierra baldía sin resistencia y a ser posible sin población palestina. Una nueva colonización.
Desde la II guerra del golfo no asistíamos a un espectáculo tan bien planificado por los medios de disuasión e desinformación. La solución final se contempla como un acto soberano de defensa nacional, tanto como en su día el tercer reich contempló defender a los homosexuales, comunistas, gitanos, socialistas y judíos vía GESTAPO. En realidad ese y no otro era el motivo “humanitario” de conducirlos a los campos de concentración. Se trató de una mejor estancia mientras duraba la guerra. Una explicación ad hoc siempre útil para negar el holocausto y la solución final. Israel aprendió de sus maestros.
Creí haberlo visto todo, que el montaje de las armas de destrucción masiva sería la gota que colmara el vaso y abriría los ajos a los cándidos miembros de la comunidad internacional, pero la capacidad de asombro sigue invadiéndome el alma. En cada momento que se plantea el problema palestino con algo de sentido común, surge de forma maniquea el dedo acusador, defender sus derechos de soberanía es ser antisemita y anti-israelita. En definitiva, estas conmigo o contra mi. Ese es el mensaje utilizado para justificar el nuevo holocausto. No se trata de una lucha por proteger fronteras o evitar el lanzamiento de cohetes desde Gaza, con mayor o menor fuerza destructiva. Mientras no se lanzaron y durante más de medio siglo, por decir lo menos, también fueron considerados un problema de seguridad para occidente, Israel y sus aliados. Se les presentó al mundo como terroristas. Es decir, se les descalificó y deben vivir con ese san benito. Son carne de cañón, contra ellos se prueba la efectividad de las armas de diseño, las torturas y se amputa lo mejor de su juventud. Así, se lleva tiempo, aplicando la política del exterminio por cuenta gotas, con la complicidad de una gran parte de la comunidad internacional. A pocos importan sus refugiados y la diáspora.
Hoy la solución final ha dejado de pertenecer al ámbito de las acciones ser encubiertas. Ya ni les importa ni les interesa el derecho internacional. Se han quitado la careta, es una opción de desarrollo para la sobrevivencia de Israel. Lisa y llanamente, para existir como Estado debe, según sus actuales dirigentes, exterminar al pueblo palestino. Parece ser que nadie va impedir la sangría. Sus aliados también participan de la carnicería. Por este motivo que los maten no tienen dignidad. Les apliquen la solución final. Entreguen Gaza y Cisjordania a Israel, lo repartan entre los países árabes y dejen de dar la lata. El resto es hipocresía. Mientras tanto, Bush defiende el ataque de Israel y Obama guarda silencio.
