La palabra percepción dicha en una encuesta define el tipo de medición que se hace, está referida a algo emotivo y no a la realidad que el lector supone que se está midiendo. Vale decir, por ejemplo, en el manoseado tema de la inseguridad, no se pregunta al encuestado cuantas veces lo han asaltado a él o a sus cercanos, se pregunta en cambio si cree que en las próximas semanas lo van a asaltar a él o a sus cercanos.
De modo que este tipo de encuestas es engañoso de la primera cifra a la última, aunque se tomen la molestia de hablar de percepción, ya que lo que mide realmente es el impacto emotivo que sufre el encuestado por la realidad que le muestran los medios de comunicación que generalmente es alterada exagerándola, minimizándola o derechamente ignorándola, y en consecuencia las conclusiones, que inmediatamente exponen, están referidas a esa realidad subyacente que se da por auténtica siendo en rigor supuesta.
Así ocurre cuando se pregunta quién cree Ud. que va a ser elegido presidente y no por quién va a votar Ud. La divulgación de este dato específico sirve más bien a los publicistas políticos, para ver si el horno está para bollos, o para inducir o pronunciar una tendencia.
Ayer vi por la tele al vocero de la UDI de su centro de estudios políticos conocido como LyD, que como, con la mirada ansiosa y voz persuasiva, daba a conocer que el 41% de los trabajadores temía que con la crisis perderían el empleo actual. He aquí el punto de partida para una reflexión: flexibilización laboral.
Para nadie es un misterio que la Derecha tiene la obsesión de flexibilizar aún más de lo que actualmente es la legislación laboral, han dicho claramente estar en contra del salario mínimo y de cualquier vestigio de conquista histórica que va quedando de los trabajadores.
Ellos y otros que comparten su obsesión pero en cambio la ocultan, quisieran tal vez que el contrato de trabajo se rigiera por el Derecho Civil o Comercial. Cada vez que ven una oportunidad de actualizar sus deseos, lo hacen de manera sistemática, usando todos los medios de comunicación y persuasión que disponen.
Como desde siempre han tenido la película clara, como saben que ellos son los genuinos defensores de los ricos – su legión escogida -, deben necesariamente dar la pauta en cada oportunidad que lo amerite, así, la crisis económica global que ha empezado a desarrollarse y que promete miles de despidos también en nuestras tierras, es inequívocamente la oportunidad, el momento propicio para reducir costos vía salarios.
Por lo demás, el desempleo que siempre ha sido alto, es una continua amenaza sobre los montos que se pagan a los trabajadores. Jamás los sostenedores del orden burgués estarán por reducir cabalmente esas tasas, puesto que es ese precisamente el regulador de sus generalmente altos ingresos.
De manera que estas “nuevas realidades” no son más que pretextos para optimizar resultados, tal como ha sido sucesivamente la “lamentable pero necesaria” práctica de contaminar el medio ambiente, puesto que lo que es “urgente” es dar trabajo, o lo más descarado, comparar el bienestar de un “puñado de indígenas” con el beneficio de “ciudades enteras” o “del país”. Todo lo anterior, ciertamente, pronunciado con voz grave.
Si el país es realmente de todos, entonces busquemos acuerdos entre todos para ver soluciones. Si se quiere que los trabajadores renuncien a sus derechos, o bien sean expropiados de ellos mediante una ley, entonces que vengan las indemnizaciones o las compensaciones. Y si estas no satisfacen a los afectados, entonces seamos realistas, no esperemos que las víctimas del despojo se van a quedar de brazos cruzados.
Seamos realistas y no pragmáticos como lo ha anunciado la nueva ministra del Trabajo: si quiere sacrificios, entonces que primero tenga claro qué compensaciones puede ofrecer de parte de los empresarios. Si el estado de Chile tiene intenciones y medios para subsidiar, que ese subsidio se considere también para la “oferta” de trabajo. Si todos los chilenos van al auxilio de las empresas, entonces que se exija participación en sus sociedades de acuerdo al aporte que se suscriba.
Y lo último, para terminar bien el año, ya que no es cómodo negociar con una pistola en el pecho como tampoco en cualquier otra suerte de inferioridad de condiciones, empecemos por sincerarnos en un gran pacto social que considere una democracia plena en que estén resguardados los derechos de los trabajadores sin necesidad de padrinos, sin necesidad de gobiernos que son volubles y también volátiles. Una democracia plena cuyos representantes sean elegidos de acuerdo a un sistema proporcional que considere la voluntad de todos los electores, especialmente la voluntad genuina y pura de los trabajadores.
Esperando un próspero año nuevo para los lectores, periodistas colaboradores, columnistas, y director de este amistoso medio de comunicación, se despide, atentamente. René Dintrans.
erredintrans@yahoo.es.
Así ocurre cuando se pregunta quién cree Ud. que va a ser elegido presidente y no por quién va a votar Ud. La divulgación de este dato específico sirve más bien a los publicistas políticos, para ver si el horno está para bollos, o para inducir o pronunciar una tendencia.
Ayer vi por la tele al vocero de la UDI de su centro de estudios políticos conocido como LyD, que como, con la mirada ansiosa y voz persuasiva, daba a conocer que el 41% de los trabajadores temía que con la crisis perderían el empleo actual. He aquí el punto de partida para una reflexión: flexibilización laboral.
Para nadie es un misterio que la Derecha tiene la obsesión de flexibilizar aún más de lo que actualmente es la legislación laboral, han dicho claramente estar en contra del salario mínimo y de cualquier vestigio de conquista histórica que va quedando de los trabajadores.
Ellos y otros que comparten su obsesión pero en cambio la ocultan, quisieran tal vez que el contrato de trabajo se rigiera por el Derecho Civil o Comercial. Cada vez que ven una oportunidad de actualizar sus deseos, lo hacen de manera sistemática, usando todos los medios de comunicación y persuasión que disponen.
Como desde siempre han tenido la película clara, como saben que ellos son los genuinos defensores de los ricos – su legión escogida -, deben necesariamente dar la pauta en cada oportunidad que lo amerite, así, la crisis económica global que ha empezado a desarrollarse y que promete miles de despidos también en nuestras tierras, es inequívocamente la oportunidad, el momento propicio para reducir costos vía salarios.
Por lo demás, el desempleo que siempre ha sido alto, es una continua amenaza sobre los montos que se pagan a los trabajadores. Jamás los sostenedores del orden burgués estarán por reducir cabalmente esas tasas, puesto que es ese precisamente el regulador de sus generalmente altos ingresos.
De manera que estas “nuevas realidades” no son más que pretextos para optimizar resultados, tal como ha sido sucesivamente la “lamentable pero necesaria” práctica de contaminar el medio ambiente, puesto que lo que es “urgente” es dar trabajo, o lo más descarado, comparar el bienestar de un “puñado de indígenas” con el beneficio de “ciudades enteras” o “del país”. Todo lo anterior, ciertamente, pronunciado con voz grave.
Si el país es realmente de todos, entonces busquemos acuerdos entre todos para ver soluciones. Si se quiere que los trabajadores renuncien a sus derechos, o bien sean expropiados de ellos mediante una ley, entonces que vengan las indemnizaciones o las compensaciones. Y si estas no satisfacen a los afectados, entonces seamos realistas, no esperemos que las víctimas del despojo se van a quedar de brazos cruzados.
Seamos realistas y no pragmáticos como lo ha anunciado la nueva ministra del Trabajo: si quiere sacrificios, entonces que primero tenga claro qué compensaciones puede ofrecer de parte de los empresarios. Si el estado de Chile tiene intenciones y medios para subsidiar, que ese subsidio se considere también para la “oferta” de trabajo. Si todos los chilenos van al auxilio de las empresas, entonces que se exija participación en sus sociedades de acuerdo al aporte que se suscriba.
Y lo último, para terminar bien el año, ya que no es cómodo negociar con una pistola en el pecho como tampoco en cualquier otra suerte de inferioridad de condiciones, empecemos por sincerarnos en un gran pacto social que considere una democracia plena en que estén resguardados los derechos de los trabajadores sin necesidad de padrinos, sin necesidad de gobiernos que son volubles y también volátiles. Una democracia plena cuyos representantes sean elegidos de acuerdo a un sistema proporcional que considere la voluntad de todos los electores, especialmente la voluntad genuina y pura de los trabajadores.
Esperando un próspero año nuevo para los lectores, periodistas colaboradores, columnistas, y director de este amistoso medio de comunicación, se despide, atentamente. René Dintrans.
erredintrans@yahoo.es.
