Quien impulsó la iniciativa fue el senador socialista Jaime Naranjo, la que surgió tras la muerte de la periodista, ocurrida en enero del 2008. Un proyecto que fue patrocinado por senadores democratacristianos y aprobado por unanimidad en el senado. La derecha, sin embargo, restó su apoyo, lo que no constituye ninguna sorpresa. Muy por el contrario, para cualquier observador de la realidad chilena de los últimos veinte años la sorpresa la constituye el hecho de la aprobación de este tipo de iniciativa orientada a mantener la memoria histórica.
Los libros ” Los Zarpazos del Puma”, ” Una herida abierta”, Tiempos de días claros”, André de La Victoria”, ” Quemados Vivos”, Bucarest 187″ constituyen una parte de la reciente memoria histórica chilena. Por tanto, según ha señalado Naranjo, “es muy importante que el gobierno haya acogido nuestra propuesta y que además fortalezca la entrega de estos libros en las bibliotecas de escuelas y liceos como también lo solicitamos”. Quienes presentamos este proyecto, dijo, “considerábamos que deberían ser lectura obligatoria para nuestros jóvenes en las escuelas y liceos de manera de generar en ellos una cultura de respeto y promoción de los Derechos Humanos”.
Los libros no forman ni formarán parte del currículum obligatorio de los colegios. Queda a criterio del profesor la selección de los títulos en el caso de la enseñanza pública y del director o, finalmente, de los dueños del establecimiento, en el caso de la enseñanza particular y particular subvencionada. El estado no tiene, en estos casos, potestad para obligar a la lectura de los textos.
Pero estarán allí, al alcance. Entre los clásicos de la literatura chilena, hispanoamericana y universal.
La próxima entrega de los libros de Patricia Verdugo no es el único intento de la Concertación para llevar los Derechos Humanos a las aulas. Tras la publicación del informe Rettig en 1991 (que incluyó los crímenes y desapariciones durante la dictadura), la Concertación destinó numerosos ejemplares del documento a las bibliotecas municipales. Los libros, aun cuando en muchas siguen allí, no son consultados por los estudiantes. ¿Por qué? Simplemente, comenta Nicolás Gómez, sociólogo experto en educación del Fasic (Fundación de Ayuda Social de Iglesias Cristianas) porque estos temas no tienen una relación directa con los programas de estudios. “No calzan, no se integran con los planes de estudios, en tanto los profesores tienen un entrenamiento y una obligación orientada a cumplir con las pruebas nacionales. Cuando se trabaja así, bajo esta orientación, se deja de lado lo que no ayuda a alcanzar estas metas”.
El acercamiento a estos temas –dice Gómez- no sólo debe estar guiado por el profesor, sino por el grupo que hace el aprendizaje. Muchas veces es estimulado por los mismos alumnos, explica, con preguntas que relacionan los temas con su realidad inmediata. “Es relevante que el grupo se acerque a estas informaciones e interrogue al profesor. Esto existe en el sistema educacional, pero enmarcado en un plan de trabajo. Es un esfuerzo valioso del Estado, pero se enfrenta con este problema, que es práctico. De cierta forma, es un tema extracurricular”.
Pero hay interés por estas materias, dice Goméz, tanto de los profesores, alumnos y apoderados. “Los profesores sí tienen demanda por esto y ellos también demandan estas materias. Porque los problemas que ellos enfrentan son precisamente por no tocar estas materias, problemas que tienen que ver con la convivencia ciudadana. Cuando ellos tienen que abordar el proceso del desapego de los alumnos con respecto a su formación, que se expresa con indicadores ya sea del PREALC, de la UNESCO, en términos de deserción escolar, uno de los caminos para enfrentar este problema es rescatar la memoria histórica más directa, la que está en los mismos estudiantes, en sus familias”.
Pese a todos los problemas que tiene la enseñanza, es la escuela la principal institución encargada de liderar el proceso de encuentro, de reconciliación entre los chilenos. Y así lo considera Verdugo: “Desde la escuela se debe iniciar un proceso de cambio cultural sobre la base del respeto de los Derechos Humanos, que se diga que nuestra vida futura depende del otro, del éxito del otro, que soy interdependiente, que tengo que lograr un proyecto de educación compartido. Debemos ponernos de acuerdo con otros que piensan distinto a mí. Y los que pensamos distinto, que tengamos un acuerdo aunque sea mínimo, que es lo que yo llamo el currículum sustantivo de respeto irrestricto a los Derechos Humanos. Si lográramos eso daríamos una señal potente para nuestros niños y jóvenes que van a vivir y convivir en una sociedad tan distinta como la que tenemos hoy en día”.
PAUL WALDER
paulwalder@yahoo.es
Artículo publicado en Terra Magazine. Reproducido en Clarín con autorización de Terra y de su autor
