Después de muchos años, he vuelto a disfrutar de la magnífica producción televisiva de la BBC, Yo, Claudio, lo que me lleva a parafrasear el inicio de la novela histórica de Robert Graves del mismo nombre, en la que aquélla está basada. Así, en nuestra versión criolla, podría leerse:
“Yo, Sergio Hermógenes Pérez de Arce Feliú Justiniano y esto y lo otro y lo de más allá, tambien conocido como HPdA, el Blindado Pérez de Arce, Hermógenes el Troglodita, el guasón del diario de Agustín, el Leviatán de los marxistas leninistas (tanto de unos como de otros, como decía mi recordado general), un compulsivo y permanente blogista clandestino (con diversos alias al efecto) en el blog mercurial (que, en mérito a mi señero aporte, diario y constante, debiera denominarse, El Diario de Hermógenes), uno de los más antiguos exonerados polìticos y del bando triunfante en 1973 (por haber perdido mi breve diputación de unos pocos meses tras la gesta salvadora de mi bien amado general, quien, al igual que mi amo Agustín, tuvo a bien proporcionarme pega durante toda su administración), también connotado especialista en la Caravana de la Muerte, así como en la verdad escondida detras de esa y tantas otras fábulas denigratorias de los salvadores de nuestra querida patria, elaboradas por los perros rabiosos marxistas y aceptadas a rajatabla por la abrumadora mayoría de mis crédulos connacionales, lavados de cerebros por aquéllos, así como también por débiles y sesgados tribunales, que tercamente rehusan hacer suya la palmaria verdad procesal de total inocencia de nuestros valientes soldados, así como la plena validez y legitimidad jurídica de instituciones como la amnistía y la prescripción, que yo, en mi calidad de jurista, les he planteado por años en mis columnas mercuriales de los días miércoles, dirigidas a mi feligresía -en la que, desgraciadamente, también abundan los lavados de cerebros-, sin que, hasta el momento, ningún juez ni tribunal se haya dignado enmendar el rumbo hacia la sana doctrina por mí invocada…”.
