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Agosto 18, 2026

El último cielo

Ya se sabe.
Detrás de un escritor existe una historia fascinante. No importa que sea dolorosa. Triste. Importa que sea sorprendente. Que esté fuera de lo común. De esa vida burócrata. Lineal. José Donoso me decía que, si nuestras vidas son similares a la de los demás, ¿con qué escritos llamaremos la atención?, él lo supo muy bien: llevó una vida alucinante, especial, apartándose no sólo de los esquemas familiares, sino de los mundillos sociales, literarios y establecidos. Ahí está su grandiosa obra.

Amante Eledín Parraguez, no escapa a esos parámetros enunciados: su vida, la que le tocó y que él mismo fue creando a lo largo de los años, es una novela.

Y ha sabido desarrollar, con persistencia y contra la adversidad. Desde ya, resulta asombroso que perteneciendo a una estirpe de escasos medios,  tenga estudios terminados en la Universidad de Chile y un post grado en educación en la Universidad de Pórtland, Estados Unidos.

Parte de su historia tan peculiar, quedó registrada en Historia del Verdadero Machuca, texto que inspiró la película de Andrés Wood, Machuca. Un asunto fascinante del cual no sabe mucho.

Autor de numerosos libros y poemarios, que arranca por los años ochenta,  acaba de entregar otro nuevo, “El último cielo”, novela, Bravo y Allende Editores, 2008.

La obra, relata la historia de un profesor que parte al extranjero y se ocupa de dejar sus pertenencias, entre ellas lo más preciados, sus libros, a cuidados de terceros: “Cuando se fue al extranjero para estudiar, su madre se encargó de sus libros, los más de quinientos que había reunido en sus cortos años de juventud, desde que se aficionó a comprarlos en las librerías de viejos”.

Como se ve, la novela no es más que la propia vida del autor. Y está bien. Lo hace, desde un punto de vista directo, sencillo, con una prosa que surge como si estuviera hablando, narrando oralmente los hechos a estudiantes imaginarios.


A medida que avanza el relato, aparecen hechos de la infancia, la fe que pone en práctica, su ejercicio docente y las complicaciones cotidianas de una persona con alto grado de sensibilidad.

El libro es una especie de guía de valores y sacrificios, que los maestros debieran conocer.

De manera lenta, nunca aburrida, el protagonista va entregando conceptos para alimentar el alma, con lecturas de numerosos escritores que han legado valiosos textos a la imaginación y la humanidad.

Por sobre todo, el libro describe los pasajes íntimos de la sala de clase, los episodios que viven los docentes, su relación con alumnos y la sociedad: la vocación de un profesor que  desarrolla su labor de manera extraordinaria.

También, el lector encontrará los mundos del alma del protagonista, que se enfrentan a los muros del  exterior, que lo detienen, acosan, culpan, cierran los caminos. La novela contiene rasgos sicológicos bien logrados.

Parraguez ha escrito una obra interesante, original, que hay que esperar tenga la difusión que realmente se merece. Ha logrado conjugar de manera óptima, su trabajo poético, bien acotado en otros libros, con su prosa.

Como es dable suponer en un artista, continúa cultivando y cultivándose en las letras y en la vida. Lo hace en silencio. De manera solitaria y sin esos escándalos mediáticos que todo distorsionan.

Como decía Pepe Donoso: hay que parir y parir. Lo demás, si llega, bien. La paz del deber cumplido debe estar en uno mismo.